lunes, 4 de enero de 2016

Las peripecias del Maestro Inocente Carreño

En el libro "De Babor a Estribor. Reseñas de la navegación en Venezuela" (Fundación Museo del Transporte, Caracas. Alfredo Schael, Fabián Capecchi, editor Ramón Rivero Núñez) se publica un fragmento biógrafico del Maestro Inocente Carreño. Las peripecias de la navegación entre su Margarita Naval y La Guaira cuando resolvió encontrar nuevos horizontes ahondando en su vocación por la música donde ha alcanzado la gloria que tantos admiramos y celebramos. He aquí lo publicado: "Inocente Carreño y latempestad rumbo a Caracas
A la comprensión de un tramo de nuestra historia nacional contribuye la inserción del texto que transcribimos a continuación. Figuró en una crónica de su vida suscrita por la figura notable de la música venezolona que es el maestro Inocente Carreño (Porlamar, estado Nueva Esparta, el 28 de diciembre de 1919). 
¿Cómo llega a Caracas el muchacho que siente la necesidad de hallar nuevos aires y espacios para realizarse? ¿Cuánto se diferencia un viaje entre Margarita y tierra firme de aquel entonces al presente? Esta lectura amena, hermosa, bien escrita por el muy noble Inocente, compositor, maestro de notable actuación en el Orfeón Lamas y en la Orquesta Sinfónica Venezuela. Aquella travesía de 1932 se origina y transcurre como sigue:
“La llegada de mi hermano Francisco a Margarita fue motivo de inmenso júbilo el hogar. Y la alegría subió de punto -en lo que a mí se refiere-, cuando nos anuncio solemnemente que debíamos prepararnos pues el propósito de su visita no era oro que el de llevarnos con el a su regreso a Caracas. El entusiasmo que tal noticia me produjo me puso en esta casi febril, lo que hizo pensar a mi abuela que eso era sintonía indudable de alguna misteriosa enfermedad que me amenazaba. Menos que mi hermano le hizo ver que todo se debía a la excitación que se había apoderado de mí por la inminente partida a la capital.
Y era que el intuía desde mucho tiempo atrás, que mi mayor anhelo era viajar a Caracas, aunque nunca lo hubieras manifestado claramente a ningún miembro de la familia.
Esto lo puede comprobar unos días después de su arribo a la Isla, cuando en una reunión que sostuvimos, me expreso que él se sentía feliz de que yo pudiera ir a vivir a Caracas, ciudad con la cual, él estaba seguro, yo había soñado muchas veces.
Yo le confesé por mi parte, que todo lo que el suponía era verdad, porque presentía que allí había de encontrar la posibilidad de dedicarme por entero al estudio de la música, por la cual sentía verdadera vocación.
Mi hermano acogió con simpatía mi confesión y me prometió que en cuanto llagáramos a la capital, continuaría mis estudios de primaria y me haría inscribir en la Escuela de Música y así vería realizado mis deseos.
Antes de partir, se cumplió con el requisito de solicitar la boleta de retiro de la Escuela Federal Mariño donde cursaba 4º grado. El director, Leonardo Quijada Rojas, después de los tramites de rigor, muy amablemente me deseo mucha suerte en mí nuevo domicilio.
Mi abuela mientras tanto, ante la cercanía del viaje, hizo que se me tomara una foto al lado de la casa, en la en la que luzco bastante crecido para mis doce años y pico, con mi trompeta en posición de ataque, camisa y pantalones blancos, medias del mismo color casi hasta las rodillas y zapatos de dos tonos -blancos y negro-. Es una foto bastante fiel, si se piensa que fue tomada al aire libre por un artista ambulante. 
Juntos conmigo también se dispusieron a partir, mi abuela, mis tíos AnaJoaquina y Regino y naturalmente, mi hermano. El traslado lo íbamos a hacer en la baladra Flor de María propiedad de Manuel Fermín. Era un barco de vela como de 5 o 6 toneladas con fama de liviano y muy segura, pues esa travesía ya la había realizado en múltiples ocasiones. 
Debo decir que yo jamás me había embarcado para un viaje por mar, pues ni siquiera la isla de Coche conocía. Así que no tenía la menor idea, ni de las incomodidades que se sufrían ni de los peligros que nunca veces había que enfrentar. Por el contrario, no cabía en mi de gozo, y aunque por momentos se me ensombrecía el ánimo al pensar que todo aquello que había conformado mi existencia, dentro de poco quedaría como escondido tras una espesa cortina, de nuevo volvía a tomar impulso el incontenible sentimiento de gozosa felicidad que estremecía todo mi ser
Y en la mañana de un día de noviembre de 1932, luego del traslado de nuestras escasas pertenencias a ala Flor de María, cuando ya todo estuvo dispuesto para zarpar, levó anclas e izó sus velas y en pocos momentos inicio su ruta con destino al puerto de La Guaira. Y a medida que la balandra se alejaba y se internaba mar adentro, el Muelle, el Faro, el Marconi, el Morro, el Farallón, Punda, Guaraguao y Bellavista se fueron tornando cada vez más pequeños borrosos, hasta que al cruzar Punta Mosquiteros, se ocultaron definitivamente de nuestra visión. De pronto fueron las altas serranías de Macanao cubiertas por espesas nubes las que surgieron nítidamente ante mis asombrados ojos. Fue ya casi finalizando la tarde, con el sol hundiéndose en el horizonte, cuando la silueta brumosa de la Isla se fue perdiendo en la lejanía y las sombras de la noche fueron cubriendo lentamente la inmensidad del mar.
En contraste, el cielo exhibió de súbito su límpido lienzo azul perforado por miles de estrellas, semejantes a un enjambre de cocuyos, cintilaban sin cesar. Y entre ellas, la más esplendorosa de todas: la estrella polar haciendo guiños y mostrándonos el rumbo. A los tres días hubo necesidad de atracar en Barcelona para aprovisionarnos de agua. Al reanudar la travesía al día siguiente, imprevista calma chicha que se prolongó por varias horas, hacía ondular perezosamente las velas del barco que por mantenerse al pairo, daba la impresión de estar clavado en el medio del mar.
Al fin el viento empezó a soplar y gradualmente la embarcación reinició su andar, deslizándose veloz a través de las ondas.
Al superar este primer escollo, no sucedió nada digno de mención a no ser el racionamiento de la alimentación que se redujo a una magra ración de pescado o de carne salada y una totuma de agua, que de dulce no tenía sino el nombre y que a duras penas lograba mitigar la sed que el ardiente sol hacia cada día mas apremiante.
Pero bien pronto íbamos a enfrentarnos a una situación de verdadero peligro que puso a prueba nuestra presencia de ánimo… En la noche de séptimo día de navegación, ya en las costas de Cabo Codera, se desató una furiosa tormenta que estuvo a punto de hacer zozobrar la pequeña nave en cuya cubierta barrida por las olas, iban marineros de un lado a otro cumpliendo las órdenes del impávido capitán. Éste, con una serenidad que pasmaba, no cesaba de darle enérgicas chupadas a su cachimbo.
Como la tempestad se tornaba cada vez más violenta, este viejo lobo de mar se vio obligado a ordenar a su tripulación, arriar de inmediato las velas para así avanzar a palo seco, por temor a que el fuerte viento y las gigantescas olas, sepultaran de un golpe a la diminuta y frágil Flor de María, que subía y bajaba a merced del embravecido mar, como una montaña rusa. Los pasajeros fuimos trasladados de urgencia a la bodega, donde unas monjas compañeras de viaje, rosario en mano y rezando en voz alta, agotaban su extenso repertorio de oraciones. Fue bien entrada la madrugada, cuando el temporal comenzó a amainar. Y al despuntar el alba, ya se divisa a los lejos las luces del puerto de La Guaira.
Pasado el susto y con los ánimos calmados, el ansia por arriba al puerto era cada vez mayor. El sol empezó a asomarse y con él se fueron disipando las brumas del amanecer. 
Este maravilloso estado de ánimo me acompañó durante todo el trayecto en tren hasta Caracas y culminó, cuando subí los escalones que me condujeron al frente de la casa en que habitaban mi mamá y mis hermanos en la Avenida Sucre entre Tinajas y Agua Salud. Fuimos recibidos por ellos con grandes muestras de alegría, uniéndose más tarde al grupo mi tío Nicolás que vivía aparte.
Algunos vecinos se acercaron a la casa con el propósito de conocernos y para manifestarnos su solidaridad y afecto.
Pasados algunos días todavía con la frente impresión de balanceo, producto de 8 largos días de accidentada navegación, poco a poco el alborozo por mi nueva vida s fue mitigado y todo volvió a su rutina habitual que me enfrentó bien pronto a la dura realidad: la promesa que me había hecho mi hermano en Margarita de que iba a continuar mis estudios de primaria y que me inscribiría en la Escuela de Música para incorporarme como alumno en las cátedras de Solfeo y Trompeta no concretarse, porque la crítica situación económica del hogar, me forzó a convertirme en ayudante.
En estos menesteres me mantuve hasta 1939, cuando mis aspiraciones de más largo alcance, decidí abandonar definitivamente la lezna y la banca de zapatero para dedicarme por eterno al estudio de la música, que había reanudado en 1935 con la Trompeta y el Solfeo, escogiendo la composición como especialidad. Éstas la culminé el 18 de Julio de 1946 cuando recibí el diploma que me acredita como Maestro Compositor, de manos del maestro Vicente Emilio Sojo con quien había cursado las materias correspondientes… Pero ésta es otro historia, que tal algún día me decida a contarles”.


Maestro Inocente Carreño

Maestro Inocente Carreño en 1946



Soublette y el el buen camino que cruza el Ávila

A propósito del día 15 de noviembre, fecha aniversario del natalicio del general Carlos Soublette (La Guaira 15 de diciembre de 1789- Caracas 11 de febrero de 1870), con desempeño protagonico durante la independencia y en los primeros años de la República, vale la pena recordar que en materia de transporte y comunicaciones, las primeras crónicas que dejan conocer impresiones provocadas al cruzar el Ávila entre La Guaira y Caracas, advierten la fascinación suscitada por los paisajes a pesar de lo agreste de los primitivos caminos de recuas.
Similares testimonios de gracia dejaban los turistas al subir a la capital de Venezuela apreciando desde las ventanillas de los vagones del tren, cuánto les deparaba la travesía por la montaña o al trepar en automóvil la vieja carretera de 360 curvas y peligrosos barrancos, aventura bien aceptada por obra de los paisajes al voltear la mirada hacia el mar o penetrar los tupidos bosques tropicales de la serranía cuyo cruce por avión por entre el abra de Tacagua, desde el corazón del óvalo del hipódromo de El Paraíso a una sabana próxima al pueblo de Maiquetía, lo completa en 1914 el aviador estadounidense César Peoli, a quien bien puede atribuirse iniciar el servicio postal aéreo en Venezuela.
Sesenta y nueve años antes tuvo lugar el estreno de la carretera que suplantaría al rústico camino español vía los fortines y otros atajos que partían de la Puerta Caracas, en la parte alta de La Pastora, y desembocaban con vista al mar en el sitio conocido como Quenepe, famoso por la fuente de agua pura en el piedemonte de cara al litoral.
Inaugurada por el presidente Carlos Soublette (El 28 de enero de 1843, asume nuevamente la Presidencia de la República y entrega el poder el 20 de enero de 1847) en enero de 1845, seis días más tarde, el 20 de enero, registra el primer tránsito de una carreta transportando mercaderías descargadas en el puerto, destinadas al comercio capitalino, travesía realizada en 10 horas, sin lugar a duda reto menor que el asumido por quienes al hombro, apoyados también en mantas, mecates y mulas, trajeron desde La Guaira el piano con el que presidente José Antonio Páez obsequia a su mujer para ambos deleitarse con la mejor música.

Otra referencia interesante y ejemplarizante aún vigente

En 1837 se encontraba en nuestro país al frente de una compañía de teatro un español llamado Josep Robreño quien tuvo la ocurrencia de instalar una academia de baile. Incluso el general Páez figuró entre quienes tomaron sus lecciones. Robreño percibió que a Caracas le faltaba eso y que él podía ofrecerlo en la capital de la República, que luego del desventurado desenlace del gobierno constitucional del doctor José María Vargas, experimentó la paz durante el mandato (1843-1845) del general Carlos Soublette, tolerante de los chistes ácidos que Robreño, se permitió hacer en presencia del Presidente. El presidente lo citó para hacerle saber lo siguiente:
“Las graves son las burlas al pueblo por parte de sus gobernantes” -comentó Soublette al artista.



Camino Nuevo de Maiquetía, inaugurado en 1845


EL ELEVANDO MAS LARGO DE CARACAS

Cuando transcurrido el presente de semana (19-20/12/2015) estrenen la ampliación de la autopista Valle Coche, según un despacho informativo de la agencia de noticias AVN: “la Gran Caracas cuente con el viaducto más largo de Venezuela, con 3,2 kilómetros” además de precisar: “Las labores de expansión de esta arteria vial implicaron la construcción de cuatro canales de circulación en sentido desde la Bandera hasta Los Chaguaramos, así como dos puentes sobre el río El Valle para mejorar la salida de Santa Mónica”.
Sin duda que la nueva vialidad mejorará el flujo de vehículos, sobre todo los que procedentes de Tazón y la Panamericana, avanzarán a mayor velocidad rumbo a la Plaza Venezuela, el este de la ciudad y el noroeste de la capital. El constante retraso actual es causante de la pérdida de horas productivas durante los “picos”, por lo cual se le dio prioridad a la ejecución de esta solución vial.
El elevado con algunas similitudes al construido en los primeros años la década de los ochenta para ampliar la Autopista del Este (Francisco Fajardo) a la altura de Bello Monte, fue completado relativamente en poco tiempo y marcha forzada. La información oficial advierte que faltan detalles como concluir dos accesos norte-sur también durante el presente fin de semana.
Expertos en hidráulica declararon reiteradamente acerca de los potenciales riegos que se asumen por afectar con los pilotes el canal natural de circulación del cauce del río Valle frente a Santa Mónica y Los Chaguaramos.
Leyendas: Dos perspectivas del nuevo elevado sobre la autopista que corre entre El Pulpo y Coche, el más extenso en Caracas, según fuentes oficiales. Una tercera fotografía recoge un detalle del embaulamiento del río Guaire y la construcción en la década de los años 60 del elevado sobre la Autopista del Este frente a Bello Monte.




80 AÑOS DEL DOUGLAS DC-3

Difícil afirmar sin previo exhaustivo examen puntual de los registros aeronáuticos nacionales, cuántos Douglas DC-3 fueron matriculados YV por la autoridad competente en el curso de los años trascurridos desde el ingreso al país del primer de estos modelos, el adquirido por la Línea Aérea TACA de Venezuela, registrado en 1944 como YV-AZA. 
Lo que sí se puede asegurar es que superan el centenar. Imposible dudar que tanto los que prestaron servicio en las aerolíneas comerciales, la industria petrolera, la Fuerza Aérea y la Marina de Guerra, empresas privadas y particulares, entre otros, brindaron a Venezuela el inestimable servicio de facilitar también el abordaje de los lugares más recónditos mediante el instrumento de transporte más seguro y confiable: la aviación. Tres décadas antes lo hicieron en calidad de pioneros, los automóviles Ford T que comienzan a ser desembarcados masivamente a partir de 1911. 
Para miles de venezolanos el primer viaje en avión o el simple contacto visual con ese instrumento al servicio del enlace humano y las transformaciones, la salvación de enfermos, la atención de emergencias o conmociones nacionales como regionales, la exploración del territorio o la reafirmación de la nacionalidad, llevar y traer correo, lograr el recuentro de seres queridos, esperanzas o ilusiones, sueños, ocurrió por oferta del servicio de viajes o la presencia en cualquier parte de nuestra geografía de un Douglas DC-3, modelos que todavía surcan los aires en diferentes lugares del planeta (menos en Venezuela), desde hace hoy 17 de diciembre de 2015, justo ochenta (80) años, igual al tiempo que nos separa del fallecimiento en Maracay del general Juan Vicente Gómez, registrada por coincidencia a 105 años del fallecimiento en Santa Marta (Colombia) del Libertador Simón Bolívar. Con la muerte de Gómez llega la aurora del constructivo periodo democrático del siglo XX venezolano.
Preservados con cuidos propios de museos tenemos en el país cuatro DC-3: tres el Museo Aeronáutico de la Aviación Militar Venezolana (Maracay, estado Aragua) y uno en el Museo del Transporte Guillermo José Schael (Caracas). 
A la espera de que la Aviación Militar Venezolana cumpla con su compromiso con un DC-3 con puerta de acceso a la cabina de pasajeros ubicada en el lado derecho del fuselaje, se encuentra una pieza interesante en la actualidad en condición de semi-abandono (total indiferencia pública como privada) en el Aeropuerto Metropolitano (Charallave, estado Miranda), además de cuando menos otro sobreviviente sin aeronavegabilidad certificable, en el Aeropuerto Arturo Michelena (Valencia, estado Carabobo).
Para los entusiastas de los Douglas DC-3 esta es más que una fecha memorable que debe celebrar jubiloso cada quien como puede. Algunos con la suerte de pilotar algún veterano en condición de volar como si se tratase del avión nuevo. Otros afortunados como pasajeros mientras otros contemplando el paso de un DC-3 ofrecido en alguna demostración que alecciona sobre el arte del conservacionismo y el aprecio por muestras irrepetibles de consistencia a la hora de inventar un instrumento sobre el que acabó fundamentándose el desarrollo del transporte aéreo a partir de mediados de la tercera década del siglo XX. Otros lo harán dedicados a restaurar aparatos recuperables de entre tantos abandonados pero oportunamente salvados de la destrucción masiva por la indolencia con la que lo ha hecho en el transcurso de los tiempos, tanta idiotez bien distribuida entre nosotros los venezolanos. Fotografías recopiladas por la FMT. Crédito a sus autores.
Existen en el facebook varias páginas dedicadas a la historia y presencia actual de Douglas DC-3 operativos o en museos. Pueden consultar las siguientes entre tantos otras:


















1915-2015: CENTENARIO DE FRANK SINATRA

Cuando llueve en nuestro corazón
¿Qué voy a contar de Sinatra que no hayan descrito sus múltiples biógrafos?
Lo que conecta con mis sensaciones más perdurables

CARLOS BOYERO, EL PAÍS, MADRID. 12 DIC 2015 .

Cualquiera medianamente enterado sabe que el mundo del siglo XX, sus descubrimientos mas trascendentes, el cambio sobre verdades que parecían inalterables, los misterios del subconsciente, la eterna historia del mundo entre poderosos y débiles y la revolución contra ideas fijas mediante la teoría de la relatividad los protagonizaron tres hombres de raza judía (no puede ser casual, es el pueblo elegido por la inteligencia y la capacidad de supervivencia, y quiero imaginar que nadie sería más crítico que ellos, que estas mentes geniales, con las impunes barbaridades del sionismo) llamados Freud, Marx y Einstein. Y habrá diferentes criterios sobre quienes alimentaron el alma de tanta gente, pero resulta diáfano que un tal Picasso, literatos asombrosos que exigirían una lista excesiva para una crónica de periódico, pioneros de esa cosa maravillosa llamada cine como Keaton y Chaplin, o músicos que expresaban multitud de sentimientos compartidos con sus composiciones o con esos milagros que pueden crear unas voces, hicieron un poco más soportable o ilusionante el siglo del horror, el de las dos guerras mundiales más devastadoras que testifica la historia del universo.
Hablemos de cantantes. De esa gente capaz de transmitir las fibras más íntimas del receptor, cada uno de su padre y de su madre, por múltiples y diferentes motivos. ¿O son siempre los mismos, afectan de igual forma a un esquimal y una genuina y cultivada criatura de Oxford o de Harvard? En primer lugar habría que investigar si los esquimales tienen acceso el tocadiscos, la radio, los múltiples contactos de Internet. Pero estoy seguro de que si escucharan la voz de unas damas llamadas Edith Piaf y Billie Holiday o de unos tipos apellidados Morrison y Sinatra a lo mejor explicaban su tristeza, su alegría, sus anhelos de amor, su melancolía, su acuerdo con la vida, su desacuerdo, las emociones al límite expresadas con inconfundible belleza.
Y hablemos de esos poetas que primero escriben lo que sienten, imaginan o simulan, ajustan cuentas con los hallazgos, deseos, abandonos, tormentas, epifanías (odio este término desde que los farsantes modernos o posmodernos se han apoderado de él) que les ha deparado su problemática existencia, hablan de sus sensaciones más profundas, de sus conquistas y sus pérdidas, del anverso y el reverso de su espíritu. Lo escriben en su intimidad y lo cantan para ese público tan agradecido y cómplice. Me refiero a varios de los grandes poetas del siglo XX: Brassens, Ferré, Brel, Vinicius de Moraes, Cohen, Dylan, Waits, Conte, Dalla, Jiménez, Jobim, Veloso, Buarque, Battiato, Sabina, Serrat y otros que imperdonablemente olvido. Escribían lo que pensaban y sentían (nunca se sabe en qué estado etílico, sobrio o de droga dura) y lo vomitaban en un escenario o en un estudio de grabación.
Aseguran que Sinatra cumpliría hoy cien años. ¿Y qué voy a contar de él que no hayan descrito sus múltiples biógrafos? Solo lo que conecta con mis sensaciones más perdurables. O sea, que aunque no hubiera escrito ninguna de sus canciones, es tan genial que las hace suyas, que marcan la personalidad de un hombre que según su mentiroso testimonio no vendía voz sino estilo (el estilo es grandioso, pero es fraseo, esa voz de seda puede transmitir todos los estados de ánimo), que era un gánster y un político que podían ser tenebrosos pero que fumaba, bebía y vestía como los dioses (con permiso de Bogart y de Mitchum), con un tono que te arrullaba, exaltaba, hacía soñar, lamía tus heridas, seducía, consolaba, emocionaba,enamoraba.
Y nadie ha narrado mejor que él lo que ocurre cuando finalmente llueve en tu corazón, ni lo que puede pasar entre desesperados y extraños que se conocen en la noche, ni en los sueños rotos que cobran especial importancia en setiembre, ni en la arrogancia cuando el final está cercano de haber hecho las cosas a tu manera, ni de que muchas veces las cosas que más te afectan se joden por una tontería (es más complicado, no es verdad), ni de que encontrarás tu lugar en el sol en la feroz y siempre viva Nueva York, ni de tantas emociones que habitan en nuestra sensibilidad, ni de la necesidad de amar y ser amado, aunque estés de regreso de todas las felices o torturadas vueltas. Y brindo por usted, el mago, la seducción, la profesionalidad, el sentimiento, la amargura, la ilusión. CARLOS BOYERO.

Leyendas. Sinatra amante de automóviles con los que compartió y le dispensó su su prestigio personal: Thunderbird y el avanzado Cadillac Broughan 1958, entre muchos. Lo vemos también con conductor, frente a un Douglas DC-6 escandinavo y descendiendo de un helicóptero.










Nueve años cumple hoy el ferrocarril Caracas-Tuy Medio.

Mismo tiempo lleva publicado nuestro libro "Ferrocarriles en Venezuela, historia complicada". De entonces a esta fecha es mucho más lo aprendido, se ha escrito y divulgado acerca del tema gracias a investigaciones, precisiones, participación y compromiso con la historia ferroviaria nacional, entre otros, los obsequios públicos invalorables de los participantes en el foro Gran Ferrocarril de Venezuela, creado y dirigido por Ernesto Roa Carrero. Es extraordinaria la compilación que él ha hecho de textos extraídos de las memorias anuales del Ministerio de Obras Públicas y reproducción de las fotografías, mapas y otras ilustraciones enriquecedoras del patrimonio con el que hace nueve años se contaba, Gracias por tan valiosa contribución y otros colaboradores espontáneos a quienes acreditan sus anotaciones.

En nueve años ja transportado un total de 258 millones 544 mil 420 usuarios. El año 2006, la población de los valles del Tuy Medio contaban con 13 trenes. Hoy la flota dispone de 24 las unidades en circulación. Usuarios comentan que suele haber asaltos y desorden en las terminales de Cúa y Charallave lo que no desdice que este segmento del llamado proyecto Ezequiel Zamora resuelve a muchísima gente que lo utiliza a diario.


Aeroejecutivos S.A. DC-3 vuelo Caballo Viejo

Abandonado. Como tantas veces escrito, lo que se llama total y absolutamente abandonado. Primer responsable de tal abandono: el Museo Aeronáutico de la AMB al cual le fue asignado una vez atendida -años atrás- la serie de trámites que lo salvaron. Los llevó a cabo el entonces director de dicho museo, el fallecido coronel Juan Flores Blanco (QEPD). Una comisión de dicho museo retiró ciertas piezas las cuales deben estar en el museo, si no le dieron otro destino. Quienes tuvieron el encargo de tal misión están activos y pueden dar cuenta de lo que les correspondió hacer en aquella ocasión. 
La FMT cooperó inicialmente por tratarse de pieza con valor histórico, menos nacional que fuera de Venezuela debido a las características del modelo. Segundo: la comunidad aeronáutica formada por propietarios y directivos del Aeropuerto Metropolitano, sus usuarios, talleres mecánicos, dispensadores de servicios, etcétera. 
Ni un bañito con agua y jabón para ofrecerle la mejor presentación y conservación posibles a tal pieza con valor histórico intrínseco, no importa a quién pertenezca o no, pero todos deberíamos respetar, algo difícil en el país donde no es de ahora que nos comportamos con tanta indiferencia con efectos representativos del proceso de evolución de la tecnología y el progreso humano, dignos de conservarlos en simple gesto de respeto por algo que lo merece. Tercero: muchísimos que escribimos, hablamos, despotricamos, ofrecemos pero al fin y al cabo ni hemos hecho lo suficiente, hacemos ni haremos en pro de la salvación -en el presente caso- de ese DC-3 original con puerta del lado derecho del fuselaje; uno entre los pocos construidos que subsisten. En el resto del mundo sería apreciado a diferencia de cuanto ocurre entre nosotros aunque por ningún respecto debemos permitir tan siquiera que a alguien se le ocurra sacarlo del país.. Podría aparecer alguien interesado en llevárselo como sucede con automóviles clásicos y antiguos además de otras reliquias venezolanas que jamás regresarán. 
Por suerte las medidas adoptadas años atrás determinan el destinatario y fin único el cual no es distinto a la AMB en función de su museo aunque a falta de espacio, bien podría ser expuesto en otro lugar incluido el mismo Aeropuerto Metropolitano, una vez restaurado conservado y expuesto con la dignidad que merece. Gracias a Christian Perli por ofrecernos fotografías recientes que hacen llorar. 2 11 2015.