martes, 4 de octubre de 2016

El automóvil inglés que causa sensación en Valle de la Pascua, Güiria y el resto del país

En los registros de la centenaria firma inglesa de fabricantes de automóviles de alta gama o gran lujo además de incomparables dado el confort que ofrecen y cada detalle en el diseño, materiales y acabados, un tal Mr. Jones figura como el cliente que encarga y adquiere en 1955, un sedán de chasis largo Rolls Royce modelo Silver Wraith (“Fantasma de Plata”) azul cobalto cuatro puertas, aire acondicionado que, entregado al comprador fue embarcado con destino a Venezuela donde se le recibe en el garaje del Palacio de Miraflores en Caracas.
En realidad fue el obsequio con el cual un grupo de amigos y tal vez empresarios (que se hicieron pasar pura y simplemente como “Mr. Jones”), interesados en contratos con el gobierno de Caracas, pretendía congraciarse o agradecer gestos simpáticos favorecedores de negocios con el gobierno del para entonces todavía coronel Marcos Pérez Jiménez, presidente de la República y factor político de gran poder a partir de la asonada golpista del 18 de octubre de 1945. 
Es el automóvil que José Policarpo Isaac López dice haber visto siendo él muy joven en Valle de la Pascua con motivo de la visita a esa localidad guariqueña del presidente constitucional Rómulo Betancourt, quien en su gobierno democráticamente elegido el 7 de diciembre de 1958 para gobernar Venezuela entre 1959 y 1965, se propuso completar una red de carreteras que enlazaran la geografía nacional desde San Antonio del Táchira y Maracaibo hasta Güiria y de La Vela de Coro a Santa Elena de Uairén. Carreteras asfaltadas además de los centenares de kilómetros de caminos de penetración agrícola que ofrecerán respaldo a la reforma agraria y la producción agropecuaria.
Valle de la Pascua figuraba entre las localidades importantes de la región llanera central por una buena carretera (“La Negra”) desde cuando las concesionarias petroleras abrieron o consolidaron largos trechos de vialidad asfaltada como parte de los acuerdos con el gobierno pero que los ramifica, mejora, extiende o consolida la era democrática nacida en 1959 gracias al papel decisivo de la planificación y concreción de proyectos previstos en el antiguo Plan Nacional de Vialidad (1947) más la hiperactividad de un ministro como Leopoldo Sucre Figarella, ejecutante desde el Ministerio de Obras Públicas (MOP) de la política de apertura de carreteras y caminos en todo el país. Las estadísticas oficiales refieren 40 mil kilómetros concluidos al entregar Betancourt en 1954 la banda tricolor símbolo del poder presidencial en Venezuela, al presidente elegido, Raúl Leoni. 
Refiere José Teriús, quien el también muy joven, en su natal Güiria , siendo el año 1958, llevado por su padre, tuvo ocasión de presenciar la llegada de los candidatos presidenciales que tomaban parte en la contienda electoral de aquel año. El de Copei, Rafael Caldera, llegó en helicóptero para la breve visita a una de tantas localidades con cuyas gentes hizo contacto en el oriente del país. Betancourt llegó en automóvil tras recorrer kilómetros de la carretera de tierra, cruzar ríos y quebradas donde no existían puentes hasta donde concluía vía en la capital del municipio Valdez del estado Sucre. Partía el camino polvoriento del “kilómetro 0” en Cumaná, que sólo contaba con vía asfaltada en dirección a Puerto La Cruz (Anzoátegui). 
El candidato adeco no ocultaba su molestia viéndose percudido por tanta tierra. No regresaré hasta que exista la carretera como debe ser –garantizó a quienes asistieron al mitin. Cuenta Teriús que cuando iniciaron los trabajos en 1961, se notó desazón en las obras las cuales durante una de las inspecciones del ministro Sucre Figarella, lo percibió y al escucha comentarios de la población, sin pérdida de tiempo, mediante el enorme transmisor portátil que formaba parte del equipo que lo acompañaba, instruye al MOP en Caracas para el cambio de las contratistas. Ello trajo consigo otro ritmo en la ejecución que, al quedar concluida, hizo posible que un par de años más tarde Betancourt incluyera a Guiria en la gira que por todo el oriente del país realizó por vías terrestres en el Rolls Royce que adoptó para tal menester. 
Detrás del Rolls se veían las limusinas Cadillac como auxiliares, una ambulancia también Cadillac, las camionetas Ford de la guardia presidencial y los sedanes Ford de la Digepol además de la escolta civil, componentes del resto de la caravana en medio de la cual, tras las motocicletas (“moscas”) Harley Davidson, lucía distinguido y radiante el automóvil inglés de cambio automático o “hidromatic”, en el cual el Presidente viajaba cómodo desde el cual podía apreciar mejor los parajes y se visto al entrar a los pueblos y ciudades.
Ese automóvil de grandes faros frontales, imponente radiador coronado por la doncella voladora, línea elegante, vistosa, ventanales panorámicos en los costados derecho e izquierdo, sin blindaje, aire acondicionado, asientos altos, separador del compartimiento de pasajeros y el del conductor, espacio para una botella y vasitos, teléfono, fino acabado en madera clara y baquelita, tapicería de cuero gris y fieltro delgado, deslumbraba al pasar. Estable, gran peso, motor de seis cilindros 4.6 litros, velocidad máxima 160 km/h, neumáticos medida 7.5x16, fue transferido por el Ministerio de la Secretaría de la Presidencia de la República a la Fundación Museo del Transporte, en calidad de comodato, sólo para exhibición permanente en el Museo Guillermo José Schael, donde lo admiran los visitantes a quienes llama la atención de la misma manera que impresionó en Valle de la Pascua al hoy afamado cirujano José Isaac López como en el extremo de la península de Paria, al futuro distinguido abogado José Teriús Figuera al igual que entre los años 59 y 65 a tantísima gente a lo ancho de Venezuela, cuando más uso se le dio como vehículo presidencial. 
Tal vez se trate de único Rolls Royce del que se han servido jefes de estado o gobernantes venezolanos en el país pues no existen registros que figure entre las marcas de nuestros automóviles presidenciales, otro de tales afamados y exclusivos carros todavía producidos con partes confeccionadas manualmente.

Perfil captado en el patio central del Museo del Transporte Guillermo José Schael (en Caracas), donde ocasionalmente moviliza el Rolls Royce 1955, Orlando Gil Pichardo, empleado de la institución con 25 años de servicio en el Museo.

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