miércoles, 30 de noviembre de 2011

Volvieron los carros a escala





















 En el Museo cuyas actividades son posibles gracia a la fluida participación de la comunidad que asiste cada domingo al bazar de antigüedades organizado por Enrique López –con apoyo de la AVAAC- y al apoyo que está brindando el Ministerio PPP la Cultura, por segunda vez este año, se realizó una exposición de modelos a escala en la especialidad automóviles. De uno de los participantes y entusiastas promotores, José Gireaud, recibimos el siguiente mensaje acompañado de fotografías marcadamente elocuentes en cuanto a la calidad de la muestra ofrecida, apreciada por unas mil quinientas personas que se encontraron a lo largo de ese domingo, en los espacios de su Museo del Transporte. El texto aludido puntualiza: “Aprovecho la Oportunidad para Mediante este mensaje, agradecerle una vez mas por habernos dedo la oportunidad nuevamente de realizar la exposición de automóviles a escala el día de ayer (27-11-2011) en el Museo del Transporte junto con la última reunión del año del Grupo AVAAC. Me contenta mucho el resultado de dicho evento, Y una vez más lo digo; "Valió la pena el esfuerzo de haber viajado más de 400km para estar presente en ese lugar tan maravilloso y lleno de historia y acompañado de tanta gente simpática y con una gran pasión por los automóviles. Y de manera generalizada, gracias a todos los que colaboraron para que la exposición fuera posible el día de hoy, a los que asistieron, a los miembros del AVAAC, Directiva del Museo del Transporte (Sr. Alfredo Schael y Sra. Marla) y muy especialmente al Sr. Aquiles Paneras, Enrique Machado y Carlo Lervolino por las atenciones especiales en Caracas, y lo mas importante, a mi compañera de viaje Anmary Brizuela. Saludos...!”
























martes, 15 de noviembre de 2011

Iconología naval venezolana, libro para la historia

















Llena vacíos un libro extraordinario que termina de publicar la Armada Venezolana, obra del capitán de navío Jairo Axel Bracho Palma.
Excepcional por el ensayo histórico que conduce al lector a través del desarrollo de la navegación en esta región de América pues lo remonta a la exaltación de la curiara como medio de los aborígenes Caribes, Arawacos y Cuicas hallados en el más absoluto dominio de sus embarcaciones artesanales a lo largo de nuestras costas y ríos a partir de 1498 para cerrar textos y fotografías con las modernas naves incorporadas en décadas recientes y el actual proceso de renovación de nuestra capacidad defensiva dentro del amplísimo litoral y mar cuya protección está a cargo de los marinos venezolanos.
Iconología Naval Venezolana, la Imagen y el Símbolo en 200 Años de Historia es el título nada pomposo por tratarse de un trabajo el cual posee además del valor de ofrecer decenas de fotografías, la mayoría inéditas, una peculiar exaltación nuestros hombres de mar como sujeto inexorablemente unido a toda esa evolución que con altibajos, ha experimentado la marina de guerra de nuestro país.
Resulta del mayor valor y sentido hallar frente a la cronología que registra grandes eventos, el retrato y la referencia a las tareas que permiten resaltar la personalidad de unos doscientos oficiales marinos de guerra y colaboradores.  La sola tarea de localizar la ficha de cada uno de los reseñados para extraer datos y la fotografía oficial, es encomiable.
Ha traído Bracho Palma a colocación como lo merecen, no solamente a los héroes navales y jefes de ayer a hoy. Se ocupó de los marineros que atendieron aspectos técnicos en las salas de máquinas, timoneles, estacionales de radio y telegrafía, talleres, el astillero,… La gente sobre la quienes pasan los historiadores que enfocan la mirada hacia los prohombres ignorando aquellos que hacen posible el funcionamiento de máquinas, disparo de los cañones, al remero, el marinero raso,…  
El capítulo de cierre titulado El Poder de la Voluntad, resalta un grupo que será completado con nuevas biografías de hombres  como Antonio Mijares Palom, Enrique Domínguez García, Julio César Lanz castellanos, Fernando Díaz, los aprendices de máquinas Oscar Ghersy Gómez y Ramón Rivero Núñez, y el guardiamarina egresado en 1929, Ricardo Sosa Ríos.
Advierte el capitán de navío Bracho Palma que la iconografía marítima venezolana viene extraviándose como parte de lo denunciado cuando el autor advierte: “…la imagen y la palabra escrita de lo marítimo se nos oculta, son definitivamente evasivas. Nuestra Historia Naval es un recurso fragmentado de hechos, parte de memorias inconclusas. La biografía de nuestros hombres de mar, es clamor de insepultos que cuando no es de utilidad par fines contingentes (…) , resulta molesto escuchar. Sus nombres no nos suenan. Hemos olvidado. Parte de nuestro pasado ha sido cuidadosamente borrado por hábiles tejedores de mitos y cuentistas, artesanos del anecdotario, llamativo y pegajoso, pero definitivamente falso”…
“La colección iconográfica de la Armada está en proceso de extinción” –recalca más adelante en la antesala de esa documentada narración de los acontecimientos que fueron determinando el curso de nuestra historia nacional, en parte escrita sobre el mar o frente a el, en los espacios acuáticos caribeños y Atlántico, el lago de Maracaibo o los caminos de agua que se internan por la tierra amazónica o delimitan y hacen del macizo guayanés de las regiones con el mayor potencial hidroeléctrico en el mundo.
Al lector no le será difícil precisar que si bien la guerra naval de la Independencia puede ser considerada –apunta Bracho Palma- “como prolongados eventos de desgaste en conflictos desarrollados por las fuerzas patrióticas, limitados en medios, en su mayoría de origen privado o de apresamientos”, los dos primeros buques de la naciente Marina pertenecieron al apostadero: el bergantín Argos () y el balaux Zeloso (), contando con la incorporación a la causa republicana de los tenientes de navío españoles José de Varas y Juan Martinena, alférez de navío Melchor Nieto Polo así como los contadores de marina José Ramírez de Arellano y José Abrahantes, sin olvidar la egregia figura de Lino Clemente y Palacios, primer secretario de guerra y marina 24 de abril de 1810, firmante del Acta de la Independencia y de la Constitución, Comandante General de la Marina en 1819, entre otros destinos no menos importantes.
La primera Escuela Naval se estableció en La Guaira el 21 de abril de 1811. Los profesores fueron –menciona el investigador y escritor- Vicente Parrado y Pedro de la Iglesia. La primera promoción (29 de octubre de 1811) la integraron Juan Carcaño, Manuel de Agreda y Urloa, Luis José de Erazo, Diego de Hugo, Agustín García y José Víctor Escobar. El 16 de enero de 1812, el soberano Congreso de Venezuela acuerda la construcción de 22 lanchas cañoneras destinadas a las costas de la Federación Venezolana.
De tales datos básicos arranca el desenvolvimiento de los acontecimientos relevantes que narra en buena prosa Bracho Palma quien nos dispensa una visión panorámica bien ajustada de la gesta independentista desde la perspectiva de las campañas navales antes de proseguir narrando la incorporación de embarcaciones diversas durante la última mitad del siglo XIX, el desarrollo del astillero naval de Puerto Cabello, los faros, la indefensión ante el Bloqueo de 1902 por las potencias, la obsolescencia e indiferente desatención de Gómez al tema de la armada lo cual incluyó la Escuela Naval a bordo de unidades de la flota; la preocupación, interés e iniciativas del general Eleazar López Contreras, quien en 1938 hizo traer los dos primeros barcos modernizados, un par de exdragaminas adquiridos en Italia dentro del plan de regeneración y atención prodefensiva el cual debía incluir submarinos, planteamiento frustrado debido a la II Guerra Mundial no obstante lo cual atracaron en La Guaira los cañoneros Soublette y Urdaneta; el papel renovador del capitán de fragata Felipe Larrazábal –en su tiempo de jefe dispuso que nuestros barcos de guerra fueran pintados de color gris- así como de Antonio Picardi; los estudios en el exterior de los jóvenes egresados.
En los años 50, enumera la incorporación de unidades inglesas e italianas que dieron a Venezuela supremacía naval. Se contempló el portaviones como parte del equipamiento. El 23 de enero de 1958, un marino asume la presidencia de la República en el albor de la era democrática del siglo XX.  Correspondió el honor al contralmirante Wolfgang Larrazabal Ugueto, de la promoción del año 1932.
“El Alto Mando de los años 70 ingresó al Componente a la era de los superficie con misiles, guerra electrónica y antiaérea. La década de los 80 se identificada con un cambio tecnológico radical. El 22 de febrero de 1980 se incorpora la primera de las fragatas tipo Luppo…”.
Apunta igualmente el capitán de navío Bracho Palma: El apoyo  a los sucesos de Vargas (1999), así como la actuación durante el paro petrolero (2003), puesta de manifiesto en la movilización de los tanqueros y el aseguramiento de las refinerías por personal de flota e infantería de marina, fueron las primeras muestras de renovación en la forma de ser y hacer”.
Presentada por el vicealmirante Julián Salcedo Franco y el capitán de navío Edgar Blanco Carrero, la Iconología Naval Venezolana merece, por la excelente calidad redaccional, diseño e impresión de la obra aceptada al Capitán de Navío Bracho Palma, la gratitud de los lectores a quienes también la hicieron posible: los altos jefes navales Carlos Aniasi Turchio, Carlos Giacopini Martínez, Carmen Teresa Meléndez de Maniglia, José Rojas Medina, José Sequeira Do Sacramento, Jorge Hernández Salazar y Miguel Ángel Hernández González, entre otros que supieron calibrar la magnitud del proyecto sin antecedente.  Felicitaciones a todos.
El capitán de navío Jairo Bracho Palma valora las contribuciones particulares de Ramón Rivero Blanco y Gustavo Sosa Larrazábal “por el inagotable material de archivo de sus señores padres, fuente para el estudio del periodo comprendido entre 1923 y 1964”.

Alfredo Schael

Leyendas: 
1.Ramón Díaz Flores. Ingresó en 1891. Primer comandante del cañonero Maracay (1923).
2.Ramón Rivero Núñez en 1923.
3.Crucero Mariscal Sucre (1929).
4.Cañonero General Urdaneta (1943).
5.Felipe Larrazábal Blanco.
6.El capitán de navío Jairo Bracho Palma, autor del libro, de pie al lado del marino venezolano de mayor edad   (94 años), el capitán de navío Carlos Taylhardat, fotografiados a principios de este año 2011 en la Escuela Naval (Mamo).
7. ARV T-63 Transporte Los Llanos, de las unidades incorporadas a la flota en años recientes.












































































lunes, 14 de noviembre de 2011

Tributo a varios franco-venezolanos


Francia rindió homenaje a ciudadanos franco venezolanos que ofrendaron sus vidas en la primera y segunda guerra mundial siendo ciudadanos venezolanos.
La mayoría eran franceses que adoptaron a Venezuela como su país para radicarse, otros eran venezolanos de pura cepa con antepasados nativos de Francia o territorios coloniales en el Medio Oriente o el Caribe.
En las instalaciones del Colegio Francia, en la urbanización La Carlota, fue develada una placa en la que se recuerdan los nombres de estas personas. Faltaron otros quienes no obstante haber luchado en por Francia, no murieron en combate.
La legislación francesa es muy estricta y establece distingos entre quienes fueron al frente de batalla y rindieron su vida en combate o servicio, y quienes lograron sobrevivir.
A los primeros se les considera héroes. Entre ellos figuró el capitán José de Jesús Sánchez Carrero (Guaraque, Mérida, 9/11/1879-Laffaux, Francia, 15/9/1918), cuya tumba en du Bois-Robert fue visitada en Francia por el general Eleázar López Contreras, en viaje que hiciera a Europa en condición de Ministro de Guerra y Marina en 1921, para precisar la renovación de equipos militares para Venezuela.
En la guerra de 1914 a 1918 cayeron en combate los nativos venezolanos Jules Blanc, Louis Emile Bourgoin, Louis Ange Brochard, Charles Carichou, Pierre Louis Fitte, Jean Hourne, Amedee Ernest Martel, Felicien Medori, Gaston Jean Nicol, Angel Santos Palazzi, Louis Talaine.
Existen informes que dan cuenta de la participación de otros franco-venezolanos de origen corso como Gaetano Capecchi, quien llegó a Venezuela desde Francia hacia 1880, estableciéndose entre El Pilar y Carúpano, al igual que otros corsos. Fue herido gravemente en Verdún.
Otros dos personajes son Laurent-Pio Cerani, quien a pesar de vivir en El Callao, Edo. Bolívar se alistó para luchar en Francia siendo herido en combate en Nantes en 1915. Asimismo su hijo,  Vicente Cerani Limarola, perteneciente a la marina gala durante la Segunda Guerra Mundial participó  en el desembarco en la isla de Córcega para liberarla de los alemanes –según informa su hija Gregoria Cerani.
Isaac Paully y Joseph Phillipe Samettei son dos nombres que figuran en la placa develada en el Colegio Francia el día 12 de noviembre de 2011 por haber sido combatientes por Francia pero en la Segunda Guerra Mundial, al igual que Cerani Limarola, entre otros.
En la ceremonia del sábado 12 estuvo presente el ingeniero Darío Silva, venezolano quien desde Maracaibo, realiza con cooperación francesa, investigaciones de singular valor en cuanto a la presencia de venezolanos en Francia antes, durante y después de la Primera Guerra Mundial. Figura central de sus investigaciones es la personalidad de Luis Camilo Ramírez Ribas, quien podría ser el primer aviador venezolano graduado en Francia.
Silva comentó que en el listado que aparece en la placa desvelada faltó el nombre de alguien más que también fue suministrado por él, un franco-venezolano nacido en El Callao, y que en el ameno intercambio de impresiones luego de concluir el acto formal, salió a relucir el nombre de otro francés que viviendo en Venezuela, se presentó voluntario para combatir, pero su barco fue hundido en el Atlántico en 1942, mientras iba camino a presentarse formalmente.
-La conversación con los asistentes fue muy amena, de hecho se habló de los vínculos de otros combatientes; se habló del gigante Miranda, del Capitán de Navío Joly, a quien yo conocía y sorprendentemente nadie de los asistentes siquiera había escuchado.
-Se cumplió con el objetivo satisfactoriamente – comentó Silva satisfecho de la honra de que fueron objeto los mencionados así como por la feliz iniciativa que queda en un plantel educativo como recuerdo a hombres valiosos y ejemplo para nuestras generaciones.
La aviación venezolana tuvo su génesis en la participación francesa para que tomara forma la escuela de aviación creada en 1920, dotada con aviones Caudron G3. Por varios años, el adiestramiento de nuestros pilotos fue confiado a la misión que también intervino en la creación de la aviación de transporte comercial, como el brazo venezolano de la Cia. Generale Aeropostale francesa, antecesora de la Línea Aeropostal Venezolana entre 1929 y 1934.
El transporte aéreo nacional comenzó con aviones Latecoere 26 y 28 que dieron óptimos resultados como pioneros en la apertura de rutas que llegaron a los confines de nuestra geografía.
Los registros oficiales consulares obligatorios abiertos por la legación francesa en nuestro país datan de 1910 en adelante, pero existían asientos previos que dan cuenta de diferentes oleadas de inmigrantes radicadas en distintas regiones del país, sobre todo en el Norte de Paria y Monagas además de Guayana.
Descendientes de corsos han llevado a cabo interesantes iniciativas para dar a conocer la significación de los inmigrantes que llegaron a Venezuela la última mitad del siglo XIX. Tales iniciativas incluyen una película dirigida por Malena Roncayolo, nieta del fundador del Gran Ferrocarril del Táchira.







































La placa desvelada en el Colegio Francia el sábado 12 de noviembre de 2011 y los anfitriones del acto junto a la ofrenda floral. A la derecha, Darío Silva.



lunes, 7 de noviembre de 2011

Labor social en el Museo








Cuarenta horas de pasantía debe completar cada uno de los bachilleres que resolvieron poner sus energías y mejor disposición al servicio del Museo del Transporte. La Gerencia les ha asignado colaborar en el mantenimiento exterior de las unidades expuestas en el Salón del Automóvil. Están diseñadas tres charlas durante las cuales, entendidos les brindarán información general acerca de la industria automotriz, la historia de marcas que resaltan entre las cien unidades de la colección de la Fundación Museo del Transporte expuestas en el Museo Guillermo José Schael, y noticias relativas a los 100 años del comienzo de la introducción masiva de automóviles a nuestro país, hecho que data de agosto de 1911 con los modelos T de Ford importados por la firma concesionaria fundada por William H. Phelps quien, de paso, auspició la formación en los Estados Unidos, de nuestro primer mecánico especializados, Edgar Anzola, quien trajo consigo en el mismo barco, el pedido inicial a la fábrica en Detroit. Los jóvenes bachilleres que por ahora en número de 22 trabajarán un día durante seis semanas continuas hasta completar cada uno las 40 horas reglamentarias, provienen del Instituto Codado. Todos, hombres y mujeres, cursan estudios en carreras técnicas por lo que pronto serán egresados en diferentes disciplinas, algunas relacionadas con sus actuales desempeños profesionales. En la fotografía, parte del grupo que trabajó el día 7 de noviembre de 2011, dirigidos por Adolfo Bracamonte, el más antiguo de los trabajadores del Museo, "muy exigente" -comentan los muchachos. "Procuro la perfección en todo lo que hago" -alega Adolfo, con toda razón. Lo cierto es que el resultado de este voluntariado juvenil como parte de la tarea de trabajo social, será que los carros de la colección quedarán muy limpios y brillantes. Ello complacerá a los visitantes y será motivo de orgullo para quienes lo hacen posible. El voluntariado organizado, responsable, constante y comprometido, es clave además de deber cuando se trata de patrimonios culturales. Otra toma corresponde a una vista de la plazoleta al pie del ingreso desde el Parque del Este vía la pasarela donada a la FMT en 1970 por el MOP. Finalmente, uno de los dos modelos T año 1914 partes de la colección exhibida en el Museo.

Revista de los Museos


Estimados lectores: El N° 4 de la revista de los Museos venezolanos, está disponible en el portal: www.museos.iartes.gob.ve 
La Coordinación del Sistema Nacional de Museos visitarla y participar en ella. 
En tan solo cuatro números publicados ya se puede descubrir mucho.

Drama de la familia Zea Thompson


Margot Thompson de Zea se sintió viuda entre los días 14 y 17 de febrero de 1942. Sencillamente, su esposo, Nolasco Zea, contramaestre del tanquero petrolero Monagas, fue dado por muerto al igual que el resto de los 31 tripulantes del barco hundido al ser torpedeado desde un submarino alemán entre las costas de Paraguaná y Curazao.
Nolasco salió a navegar en el buque al mando del práctico, capitán Luis Marcano, oriundo de Margarita. La embarcación registrada como propiedad de la Mene Grande Oil Company tenía como capitán designado al inglés llamado Walter T. Buschell.
La noche del 15 de febrero, después que cargaron crudo en el Lago de
Maracaibo, Marcano puso rumbo al Golfo de Venezuela camino hacia la refinería de Curazao.
El mar estaba tormentoso aquel día de carnaval lo cual retrasó varias horas la partida prevista de la flota cargada de crudo. Debajo de la superficie se movían las infernales máquinas al acecho del paso tanto del Monagas como de los otros petroleros que formaban la caravana, los aguardaban impacientes los tripulantes de alguno de los tantos submarinos alemanes que en aquel tiempo operaban en el Caribe, donde apagaron muchas víctimas -algunos cálculos hablan de 150 personas- y lograron incendiar en alta mar miles de barriles de petróleo extraído de Venezuela.
  Los Zea vivían en una buena casa que el veterano marino que era Nolasco, hizo construir en un solar cercano a la orilla del mar teniendo a la vista el muelle de Carirubana. Allí residía con su esposa de origen inglés aunque venezolana y paraguanera de pura cepa, y siete hijos, el menor de ellos, Isidro Zea Thompson.
Isidro sigue con interés todo lo relativo a los daños que la marina alemana infringió en el Caribe durante la II Guerra Mundial. Lo entrevistamos en el Museo del Transporte de visita a su amigo Jorge Bello Domínguez, ex funcionario de la Cía. Shell de Venezuela y bibliotecario del Museo.
Al Monagas lo atacaron frente a Punta Macolla, a siete millas o 30 brazas dentro del propio Golfo de Venezuela, en las primeras horas de la
madrugada del día 16.
Fue blanco del torpedo disparado desde el U-502, tipo IXC al mando del capitán Jurgen von Rosenstiel.
Pero la noticia tardó en llegar a los pueblos falconianos de la costa: Punto Fijo, Cumarebo, Los Taques, Adícora,… Las primeras informaciones no dejaban margen a esperanza alguna en las familias de los marineros. Todos los 32 hombres a bordo del Monagas habrían muerto cuando pasadas a las 3.30 horas, el primer torpedo penetra y explota en un punto clave. Entre otros daños, destruyó el puente de mando donde estaba de turno el timonel Pedro Tenía, quien cayó al agua, al final de esta historia, uno de los cuatro muertos.
 A bordo junto con Tenía, perdieron la vida Buschell, quien se quedó a bordo mientras el incendio avanzaba; el timonel Tenía además de Lázaro Colina y Lázaro Lende, ambos marineros venezolanos.
El capitán Luis Marcano sobrevivió, pero con graves quemaduras que le impidieron volver al servicio.
La tripulación del Monagas la componían 19 marinos venezolanos -no todos paraguaneros pues había gente de mar de todas partes del país en los petroleros que operaban desde las terminales tanto de Oriente como de Occidente-, tres noruegos, dos ingleses, tres chinos y dos griegos, y Bushel.
Comenta Isidro Zea que a sus siete años de edad pudo seguir de cerca el correr de las noticias que movilizaban a la comunidad marinera y en general al colectivo peninsular y, por supuesto, que a la gente que trabajaba para las petroleras, muchas relacionadas con el movimiento de los barcos que operaban regularmente aún bajo la amenaza constante de la mortífera flota de sumergibles nazis.
El petróleo venezolano destinado a la refinería de Curazao y Aruba, era
clave para mantener a raya las fuerzas del eje en el frente europeo. La marina y la aviación naval de los Estados Unidos brindaba protección a los tanqueros.
Pero, nunca lo suficiente para evitar ocurrirían sucesos como el
caso del Monagas (abanderado en Venezuela), el San Nicolás (británico) o el Tía Juana (británico), entre los objetivos alemanes alcanzados durante el ataque masivo del 16 de febrero de 1942 y días siguientes.
Nolasco Zea y Pablo Cañas saltaron del barco con sus salvavidas puestos después que lograron bajar las lanchas que una vez abordadas sobre el mar, permitieron que los ingleses, griegos, chinos, noruegos y venezolanos, quedaran a salvo y mientras llegaba el alba, presenciando a distancia, cómo el fuego devoraba el cargamento de crudo y consumía el barco mismo que ardería varias horas antes de hundirse.
Por pura casualidad, la explosión del Monagas fue escuchada y avistada a distancia considerable desde el modesto y casi inerme vapor de guerra venezolano  ARV Urdaneta, el cual se hallaba de patrullaje en el área vecina al mando del capitán Wolfgang Larrazabal. No contemplaron la posibilidad de que se trataba del ataque por el atrevido submarino escondido en el Golfo de Venezuela. La nave de guerra carecía de equipos antisubmarinos por lo cual tampoco se atrevieron a acercarse.
Los restantes barcos de la caravana de tanqueros tampoco se imaginaron que aquella noche los sorprendería la operación destinada a sabotear el suministro de crudo venezolano a las refinerías situadas en Curazao y Aruba. De ahí los otros tanqueros igualmente torpedeados y hundidos así como el ataque a las refinerías tanto de Curazao como de Aruba.
Los auxilios tardaron. El padre de Isidro pasó más de 12 horas como náufrago como los restantes marineros que ya lamentaban la desaparición de Tenía, Colina, Lende y Buschell.
Después del amanecer del día 16 arribaron lanchas y botes que al activarse las alarmas y despuntar el sol, zarparon desde Aruba y Curazao, donde centraron las tareas de rescate mientras desde la base estadounidense en Panamá, partían los aviones que ayudaría a los buques de superficie desplegados en el área, a cazar al submarino atacante.
Paraguaná era un hervidero de dolor e indignación. Los rumores eran de toda clase. En Carirubana daban como un hecho que no hubo sobrevivientes en el ataque al Monagas. Sin embargo, por cuenta gotas comenzaron a llegar reportes que iban reconstruyendo entre los allegados a los marineros las esperanzas, la ilusión del reencuentro de las familias.
En Berlín – refiere Oscar Yánes en crónicas alusivas al caso de los ataques a los tanqueros en el Caribe y en particular aquella noche terrible de febrero de 1942, Hitler fue informado durante un banquete oficial de los destrozos que su armada submarina cumplía precisa y según el objeto de disminuir tanto como posible, los envíos de combustible destinados a las fuerzas aliadas. “Se alegro mucho y se creyó que el mandado estaba hecho”. 
El mejor día para los paraguaneros fue el 17. Por avión, trajeron de regreso a casa a los sobrevivientes ingleses y noruegos. La Shell Caribbean movilizó sus aeronaves y lanchas para repatriar a las víctimas. Nolasco Zea fue devuelto a casa después de recibir en Aruba los primeros auxilios.
--Papá tenía muy quemada gran parte de la espalda ­recuerda Isidro. Tardó tiempo sanar la piel que sufrió mucho y determina que Nolasco, quien a los quince años (1913) ya era capitán de un hermoso velero propiedad del general León Jurado, presidente del estado Falcón, lo asimilaran como empleado administrativo de la Shell Caribbean en lugar de volver a los barcos donde le hubiese gustado continuar.
--Mi padre fue un marinero vocacional desde muy temprana edad. El ataque al Monagas, cuando apenas contaba 44 años de edad, fue una experiencia pavorosa que afectó para siempre sus capacidades naturales de hombre de mar.
Isidro -licenciado en administración, con estudios en los Estados Unidos y la Escuela Técnica Luis Caballero Mejía-, evoca a Antonio Evaristo Zabala como otro de los compañeros de su papá que extremó esfuerzos para salvar a
todos los marinos que la madrugada del 16 de febrero de 1942 se hallaban a bordo del tanquero Monagas.
Fue el último de los náufragos en fallecer pues descansó en paz en 1996. Residía en Punto Fijo.
El padre de Isidro dejó de existir el 28 de julio de 1977 a la edad de  79 años.

Alfredo Schael/Jorge Bello D.



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Leyendas

1. Hitler:  feliz en Berlín por los logros del U502 y otros submarinos activos en el Mar Caribe, convertido en infierno. 2. Oscar Yánes: en Berlín creyeron en febrero de 1942 que el mandado estaba hecho… 3. Wolfgang Larrazábal Ugueto se graduó en 1932, diez años antes de corresponderle presenciar a distancia el ataque del U502 contra barcos que salían del Lago de Maracaibo. 4. En 1941, en Maracaibo estos jóvenes se entrenaban para ser los tripulantes de los vapores venezolanos que serían atacados durante la II Guerra Mundial. 5. Carirubana en nuestros días Allí residían los Zea Thompson en 1942.