domingo, 25 de septiembre de 2011

Caballo, cambió en el mundo pedestre, Joaquín Crespo y el hipismo nacional


Los caballos, jinetes y técnicas ecuestres comenzaron a ingresar en el Nuevo Mundo al iniciarse el siglo XVI.
"En la Isla La Española –refiere José Oviedo y Baños (militar-historiador, Bogotá 1671-Caracas 1738) ni en parte alguna de estas partes (se refiere a la recién descubierta América), no avía caballos é de España se trajeron los primeros, é primeras yeguas"...
"No había res de cuatro pies, ni alimaña de los de acá: pudieron ver en cuantas islas fueron desta vez descubierta" –leemos en la historia de los Reyes Católicos debida al Padre Andrés Bernáldez.
Tenemos pues que los caballos españoles traídos por Colón son los que dieron origen a todas las razas de América. La primera importación al Nuevo Mundo, fue de 30 caballos desembarcados en isla La Española, hoy compartida por los países República Dominicana y Haití.
En el segundo viaje del Almirante Colón, en 1493, llegan desde España a la isla La Española, los primeros ganados que pisaron tierra americana: caballos, asnos, vacas, bueyes y mulares –precisa Julio De Armas en una revisión de la historia de la ganadería en Venezuela.
De La Española se organizó la distribución del ganado hacia el resto de la América, desde la región del Caribe, Centro y Sur América. Allí llegó y de allí salió entre el ganado mayor, el caballo como elemento de guerra y de transporte "que a galope tendido recorrió las costas y traspuso montañas".
En 1498 -tercer viaje de Colón- desembarcaron el mayor número de caballos, yeguas, parejas de asnos y parejas de vacunos, atendiendo las disposiciones reales que impartió la Reina Isabel quien en función del establecimiento de la agricultura distinta a la de los indígenas, ordenó parejas de asnos con que se puedan labrar las dichas Indias –reza en el texto.
El médico y ganadero guariqueño Julio De Armas (1908-1990)menciona que una tormenta tropical arrasó en 1505 con el ganado existente en La Española. Apunta que la nao de Alonso de Núñez trajo al poco tiempo otras parejas de burros a La Española. Desde entonces comenzó la cría y a los diversos tipos de ganado los distribuyen con mayor rapidez.
José Antonio Giacopini Zárraga (Caracas, 1915-2005), en uno de los pocos escritos por tan erudito conversador que figura entre los mejores conocedores en detalles de la historia política, petrolera, equina y de las armas en nuestro país, destaca que el envío de caballos a América estuvo muy controlada pues el retiro de los árabes significó que se llevaran consigo de España mucho ganado caballar.
Además, las guerras de Italia exigían un esfuerzo continuo de remonta el cual representaba la salida de caballos al exterior. Menciona la proliferación de la cría de mulas para fines de carga o de tracción, lo cual restaba vientres y descendencia a la especie caballar. Tales configuraron la situación que hizo de los caballos algo en extremo preciado y costoso en los territorios del Nuevo Mundo, en cuyos ambientes tropicales, sufrieron un proceso de adaptación degenerativa, perdiendo talla y corpulencia, pero ganando en cambio rusticidad y resistencia para vivir y trabajar bajo condiciones adversas de clima y alimentación.
Una vez arraigado en América, el caballo cambió la condición de mundo pedestre. Giacopini afirma que fue en ese mundo de a pie donde los jinetes de la conquista hicieron sentir su superioridad, y para mantenerla se pusieron en vigencia mandamientos reales prohibiendo al indio montar a caballo. De tal modo que éste sólo pudo hacerlo –y convertirse en jinete consumado- en aquellos lugares apartados donde no llegaba la acción de las autoridades de la Colonia y donde además existían caballadas salvajes que le servían como una magnífica remonta natural.

Ganado equino en Venezuela  
En cuanto respecta a Venezuela, la llegada en forma más o menos intensiva comienza con ejemplares llevados en 1527 a Coro aunque bastante antes había comenzado la llegada de algunos equinos destinados a apoyar la fundación de los primeros asientos y establecimientos en el Oriente de nuestro país, desde la fundación de Nueva Cádiz en la isla de Cubagua –anota Giacopini Zárraga- quien agrega los establecimientos de los dominicos en la región de Cumaná, las expediciones posteriores a la misma zona de Gonzalo de Ocampo en 1520, y las actuaciones de Fray Bartolomé De las Casas u Jácome de Castellón en 1522. Hacia occidente, el ganado caballar llega con Juan de Ampíes en la fundación de Santa Ana de Coro en 1527, donde seguirá introduciéndose en gran número y por la misma vía cuando a partir de 1528 se estableció allí el gobierno de los adelantados alemanes conocido como el gobierno de los Beldares.
A lo largo del siglo XVI encontramos la participación del caballo en las expediciones de descubrimiento y penetración del territorio con la consiguiente lucha contra el indio, y en la fundación de los primeros pueblos.
Dicen los cronistas, que ya para esos tiempos en la región de El Tocuyo y otras zonas vecinas de Lara, particularmente hacia Carora, se criaban muy buenos caballos. Aclara Giacopini que el caballo que vino originalmente a Venezuela no llegó sino en contados casos, directo desde España.
Es indudable que los capitanes de la conquista eran excelentes jinetes. Menciona Giacopini a ese personaje de fábula que figura en la historia de Caracas, nada menos que Alonso Andrés de Ledesma, quien para enfrentar al pirata Amías Preston, en 1595, no obstante la avanzadísima edad del personaje, monta a caballo y carga con su lanza sobre los invasores quienes le dan muerte aunque admirados de su valor, por lo que lo entierran con todos los honores.
Concluida la conquista, el periodo de colonización entre lo característico, las primeras fases de la cría de vacunos y caballerías, particularmente en la región de los Llanos, donde ya en 1585 había fundado Sebastián Díaz de Alfaro, en lo que sería hoy Alto Llano de Guárico, la población de San Sebastián de los Reyes, epicentro de la formación de los primeros llaneros de Venezuela.
El llanero aparece en la guerra de Independencia primero al servicio del Rey en los ejércitos de caballería de Boves y Morales, más tarde con Páez a la cabeza de una legión caballerías de jinetes naturales que tuvieron en lo militar un poder determinante tan grande que la suerte de la Independencia se inclinó hacia el lado del cual ellos estuvieron. El general español Pablo Morillo llegó a contar con 2.200 hombres de a caballo.
Lo jinetes determinaron el poder militar que acompaña al Libertador Simón Bolívar –completo jinete- hasta Ecuador y Perú. En 1814, los generales patriotas José Tadeo Monagas, Santiago Mariño y José Laurencio Silva, concentraban en Calabozo 3.200 hombres de caballería. Durante la Guerra Federal - (20 de febrero de 1859-24 de abril de 1863)- uno de los ejércitos dispuso de 3.500 hombres a caballo. A finales del siglo XVIII teníamos en América unos 145 mil caballos.
La guerra de Independencia significó la disminución considerable de ejemplares.
Sin embargo, a lo largo del siglo XIX, además de puntero en la guerra de independencia, el caballo fue  clave en la agricultura al igual que como medio de transporte terrestre por excelencia. 

La mula
Los arreos fueron durante 300 años instrumentos clave del transporte. Un arreo de mulas –caballo con burro- consistía en ocho bestias y el arriero. Este último se ocupaba de cuidar los animales, las cargaba y descargaba, cubriendo cada bulto con lona, para que no sufriera por lluvia en el camino; a las mulas colocaba un bulto a cada lado de su lomo, protegido por una enjalma y se acostumbraba pagar lo mismo por un bulto de 15 kilos, como por el peso máximo posible, que en algunas partes era casi 60 kilos.
A las mulas de silla solían ponerle nombre como a los caballos de carrera –refiere el agente viajero Otto Gerstl. Aun en los años veinte del siglo XX, la mula era como el automóvil propio. Un ejemplar fino con un buen pasillano -o modo de andar con más comodidad en viajes largos-, tenía muy buen precio en el mercado. Las mulas de carga valían cuatro o cinco morocotas -pieza de oro de 20 dólares ó 104 bolívares. Pero, una de silla, llegaba a costar hasta 20 morocotas e incluso más.

Carreras de caballos
Existen registros que dan fe de la presencia de pistas para correr caballos y jinetes profesionales incluso extranjeros, en la región de Guayana. En algún modo tales hechos marcan los orígenes del turf venezolano con las competencias de caballos que tuvieron lugar  en Ciudad Bolívar.
Sin embargo, será en 1881 cuando se iniciaron formalmente las jornadas hípicas en Caracas, por excelencia epicentro de la hípica nacional. Sin negar la posible existencia de otros óvalos privados, oficialmente es el hipódromo de Sarria, primero en la capital de la República, punto de partida de historia plagada de magnos acontecimientos reseñados,  entre otros cronistas, por el periodista José Rafael Ball.
Existen testimonios menos conocidos según los cuales en la zona de Puente Hierro hubo un óvalo donde corrieron equinos.
En tiempos de la presidencia del general Joaquín Crespo, exactamente en 1896, se  incrementó la pasión por el deporte-espectáculo por lo cual hizo concretar el proyecto del primer hipódromo debidamente organizado, el de Sabana Grande, inaugurado el 1 de marzo de ese año, casi dos años después de proclamado Presidente de la República por el Congreso y somtido a la exigencia de contratar un empréstito destinado a solucionar el problema de las obligaciones pendientes con las empresas ferroviarias, uno de los cuestiones heredadas del general Antonio Guzmán Blanco.
Ese hipódromo, estuvo ubicado en el sector Las Delicias, detrás de la iglesia de El Recreo y por debajo de donde levanta el edificio la Policlínica Santiago de León al Norte de la avenida Solano. Dio pie a hablar de hipismo nacional.
Entre los entusiastas de las carreras en Las Delicias de Sabana Grande figuraron el pintor valenciano Arturo Michelena -quien nos deja preciosa estampa donada a la GAN como parte de la colección Otero Silva-, Gustavo J. Sanabria, Charles Röhl, Edgar Ganteaume, Francisco Sucre, John Boulton, Herman Stelling, Carlos Stelling, Alberto Smith,…
Sin embargo, en Las Delicias sólo se corrieron tres temporadas entre 1896 a 1899. El 9 de febrero de 1908 inauguraron el hipódromo de El Paraíso, con triunfo  del caballo Ursus, de Eduardo Montaubán, quien cobró 435 bolívares como premio al ganador.
El primer presidente de este hipódromo fue Gustavo J.  Sanabria. En principio la pista fue de 1.100 metros pero en 1932 fue extendida a  1.450 metros y algunos años después a 1.600 metros. Igualmente hasta el año 32 se estuvo corriendo hacia la derecha. La tribuna principal fue desmontada en Las Delicias para reinstalarla en El Paraíso. Buenos jinetes y preparadores garantizan la calidad del espectáculo.
Desde el óvalo de El Paraíso despegó el 29 de septiembre de 1912 el avión pilotado por Frank Boland, primera demostración en Venezuela del vuelo controlado de una nave más pesada que el aire. El centro del óvalo hípico lo emplearon hasta finales de la década de 1940 como campo de aterrizaje ocasional de aeronaves militares.
En 1959 abrió sus puertas el coso de La Rinconada, hermoso conjunto para cuya edificación nada fue escatimado. Catalogada como obra suntuaria del régimen de Marcos Pérez Jiménez fue concebida muy adecuada a exigencias del pueblo amante de la hípica, espectáculo del cual participaban emocionadas democráticamente personas de todas las condiciones sociales incluso, también como propietarios de caballos, trabajadores organizados para tomar parte con su ejemplar de carreras. Fuente de trabajo innumerable alrededor de la vida hípica incluyendo las apuestas mediante los formularios del juego del 5y6, parte esencial del sueño de beneficiario de la fortuna súbita que palpita en millones de venezolanos.
En Maracay hubo hipódromo. En Valencia y Maracaibo hay carreras cada semana al igual que en La Rinconada alimentadas desde haras en donde con cruces, nacen y crían ejemplares de categoría, algunos campeones o craks no sólo valorados localmente.


Alfredo Schael

Hipódromo de El Paraíso hacia 1900.
Jinete y caballo de carreras pintado por Arturo Michelena, famoso artista amante de la hípica en Caracas.

Vista parcial del hipódromo de Maracay (c1913).
Tres temporadas corrieron en el hipódromo de Sabana Grande donde nació la hípica nacional organizada.

Portada del nuevo libro de Ramón J. Velásquez.



La suerte de miles de venezolanos cada semana supeditada a los datos de las revistas especializadas.


Meta del óvalo de El Paraíso a mediados de 1950.






lunes, 12 de septiembre de 2011

50 años de Automóvil de Venezuela


Suerte grande tuvo Armando Ortiz en tener en sus hijas las continuadoras de su obra periodística y como promotor de los grandes salones anuales del automóvil para los cuales incluso el Poliedro de Caracas resultó pequeño para la representación de todas las marcas y atender la afluencia de público durante 10 días continuos.
María de los Ángeles Ortiz se puso al frente de la revista Automóvil de Venezuela la cual acaba de completar 601 entregas en medio siglo dando la pauta en cuanto publicaciones especializadas en nuestro país. Ningún mejor homenaje a la memoria de don Armando que ofrecer este número especial 50 aniversario donde la tarea periodística de compactar en 100 páginas, cinco décadas de información automotriz. Paso a paso la evolución de la industria ensambladora desde que Ford abrió su planta en Valencia bajo el esquema de la política de sustitución de importaciones e industrialización de Venezuela en el comienzo mismo del proceso democrático de 1959. Diez años antes, General Motors montó una ensambladora en Antímano que le dio características industriales con mano de obra local a la oferta de vehículos nuevos en el país.
Armando Ortiz, en los años 50 adoptado por Venezuela como uno de sus hijos visionarios y emprendedores, con modestia pero mucha fe y buena mano,  se entregó al periodismo automotriz. Lo acompañó el cariño de su esposa y en la medida que fueron creciendo y profesionalizándose, sus hijas además de la incorporación de la agilidad periodística de Perla Salazar, de otros colaboradores y amigos quienes, como Julián Afonso Luis, estiró los pantalones compilando información, analizando y escribiendo sobre marcas y modelos.
Afonso ofrece en la presente entrega de Automóvil de Venezuela la revisión más completa de 50 sucesos representativos de media centuria la de apariciones de igual número de marcas o modelos. Difícil que alguien lo supere en el conocimiento del más elemental detalle asociado a los productos reseñados.
Para el cabal conocimiento de una historia con tantos altibajos, el número 601 de la revista dirigida por María de los Ángeles, carece de desperdicios. Nombres, diseños de política, empeños, éxitos y fracasos, persistencia y decepciones, gremialismo, fortalezas y debilidades, encuentran cabida bajo una ordenación cronológica armada con basamento en lo registrado religiosamente en la revista durante medio siglo de presencia en los puestos de revista o la mesa de los suscriptores.
Armando Ortiz fue amigo del Museo del Transporte. Acogió su apertura hace 41 años pero antes reseñó los eventos que sirvieron de punto de partida hasta concretarse en 1970 la idea del grupo promotor nacido de las sociedad civil o del colectivo que contó con el apoyo del Estado a través del Ministerio de Obras Públicas.
Poco antes de fallecer se le ocurrió vincular al Museo Guillermo José Schael  alrededor de la idea de establecer acá el Salón del Fama del Automovilismo, no sólo con la finalidad de perpetuar nombres de ases del volante sino de darle merecida figuración permanente a tantos y tantos que durante más de 100 años de historia de presencia de automóviles en Venezuela, de una u otra forma han tenido que hacer con el automovilismo en nuestro país. La última vez que tratamos el tema ya con planos en mano, fue en su nueva casa en La Castellana, frente a un imponente caobo en flor. Ahí quedó todo no obstante la relevancia de esa idea que en algún momento y lugar cristalizará.
Más allá de lo que fue imposible materializar de la planificación para el futuro, por ahora lo importante es que Automóvil de Venezuela, primera revista automotriz venezolana e internacional, completó sus primeros 50 años. No ha habido todavía ni ausencia ni tormento perturbador de este hijo de un hombre hábil y bueno que se llamó Armando Ortiz.  


Alfredo Schael



sábado, 10 de septiembre de 2011

Los alemanes invaden el Museo del Transporte


Los diversos clubes que reúnen a los propietarios y fanáticos de los automóviles antiguos, clásicos, deportivos, de colección y/o de interés especial se han tomado con mucha seriedad la tarea de apoyar las actividades del Museo del Transporte de Caracas y ayudar así a sus responsables a mantenerlo operativo, como institución útil y de interés público. Entre estos clubes, los propietarios y fanáticos de los vehículos VW destacan en forma especial.
El Club VW de Venezuela y diversas agrupaciones en torno a este mítico automóvil aleman convocan a sus asociados y al público en general a sus reuniones. Estas se realizan los segundos domingos de cada mes y son un estupendo exponente del nivel que en Venezuela han alcanzado los Volkwageros.
Numa Quevedo, en representación de este nutrido grupo informa que los visitantes podrán admirar una valiosa muestra de automóviles Volkswagen pertenecientes a miembros de la agrupación, además de la colección de la Fundación Museo Del Transporte, compuesta por un centenar de unidades entre 1905 y la actualidad.
Otro de los atractivos de estas reuniones es el mercado de repuestos, donde es posible encontrar piezas nuevas y usadas para Volkswagen de diferentes modelos, así como asesoría de los diferentes dueños de este vehículo acerca de cómo mantenerlos en buen estado. El Mercado De La Nostalgia, con numerosos elementos de colección e interés especial también se realiza conjuntamente con las reuniones de VW. También hay una feria de comida típica y sus vistantes pueden darse el lujo de almorzar o desayunar en las mismas instalaciones que en su día formaron la hoy mítica Estación de Tren Las Adjuntas, pues una vez esta fue desmantelada, se mudó integramente al Museo.
Cuando preguntamos a Quevedo si el grupo admitía a todos los VW, se sonríe y dice. Sí, por supuesto a todos los que tienen motor enfriado por aire. Es decir, los escarabajo, Kombi, Brasilia, Fastback, Karmann Ghía, etc.
Un aspecto interesante es que la participación en el mercado de antiguedades, a través del alquiler de un puesto, está abierto a todo aquel que tenga algo que pueda ser del interés de la creciente legión de visitantes que reciben las iniciativas en el Museo Del Transporte. Si alguien tiene repuestos para Volkswagen o artículos usados de interés especial que pueda ofrecer a la venta, puede alquilar un puesto por Bs.50. Este dinero se destina a las actividades de mantenimiento y limpieza del Museo, siendo un importante aporte en cuanto al mantenimiento de su operatividad.

Quien desee visitar el Museo Del Trasporte el próximo domingo (y los segundos domingos de cada mes) será cordialmente invitado, ya que la entrada es gratis. Para más información acerca del mercado de repuestos y el Mercado De La Nostalgia, o sobre las actividades de los Volkswageros sugerimos contactar a Numa Quevedo al 0426-8132643. Las fotos que acompañan a la presente nota son un buen ejemplo de la actividad y el ambiente que se respira en el Museo durante estas reuniones.

Tomado de la web Diario Automotriz/8 de septiembre de 2011. Agradecemos a los editores de la del espacio Diario Automotriz por la deferencia para con el Museo del Transporte Guillermo José Schael.





miércoles, 7 de septiembre de 2011

Domingo con Modelos a Escala

Gracias al equipo de Modelos a Escala, creadores locales de una web dedicada al coleccionismo de automóviles de tamaño reducido, el cual lo integran Carlo Iervolino, Ronald Barboza, Otto Seijas, Guillermo Barrios, Jose Gabriel Gireaud (Anaco), Napoleón S. Martinez  (San Cristóbal), Ricardo Martinez  (San Cristóbal), Enrique Machado ( Gustavo ), Gabriel N. García y Aquiles Paneras, entre otros, el último domingo de agosto de 2011, fue presentada bajo el hangar del Museo Guillermo José Schael, una muestra de partes de las colecciones de las personas mencionadas, entusiastas de esta subespecialidad del modelismo a escala. Algunas piezas mostraron el trabajo complementario, modificaciones e incorporación de nuevos materiales para resaltar todavía más la precisión ofrecida por varias de las tantas marcas comerciales de automóviles a escala, bien para armar o vienen pristinos en atractivos empaques. La iniciativa partió del grupo y la canalizó Paneras quien ofreció y cumplió el compromiso de organizar un evento abierto, bien coordinado, dirigido a todo público. Les fue muy bien, sin descontentos o inconformes con este atractivo adicional al ofrecido cada domingo, ahora exclusivamente gracias a la iniciativa de la gente (los usuarios) y AVAAC. Como se sabe, el Museo funciona muy precario debido a la falta de medios económicos a consecuencia del arrebato de sus propios medios propios para funcionar por parte del Ministerio del Ambiente. Las fotografías se expresan por sí mismas acerca de la calidad de la exhibición ofrecida por asociados y seguidores de Modelos a Escala. 










miércoles, 17 de agosto de 2011

El Gigante Fageol, Twin Coach o King Road


Industrias Savoy –hoy corporación propiedad de la transnacional Nestlé- cumplió 75 años de establecida en Venezuela. Sus fundadores fueron los expertos bomboneros austriacos Rodolfo, Roberto y Fernando Beer y el inversionista local John Miller, quien también aportó maquinarias para desarrollar a partir del inigualable cacao criollo, una industria la cual ha dado mucho que hablar en positivo debido a la calidad, variedad y popularidad de sus productos.
A finales de la década de 1950, Savoy Candy C. A. agregó un enorme camión (mide 10,60 mts de largo x 2,42mts ancho x 3,40mts altura) a su flota de reparto de golosinas. La red de distribución era extensa y bien organizada.
Esta impresionante unidad llegó al Museo del Transporte con pocas referencias. Quedó registrada en el inventario general elaborado por Jorge Bello, como “King Road / 1957”.
Investigaciones posteriores permiten saber que el invetario acusa esta otra curiosidad resultado del prestigio de los hermanos apellidados Fageol, quienes a principios del siglo XX instalaron una fabrica de automotores en California (USA). Con el tiempo aportaron singulares novedades a la historia de medios para transporte de carga, distribución y personas.
La marca FAGEOL empezó en 1916 y terminó en 1939. Cuando la producción finalmente termina, la companía Sterling compró los puntos de venta y la companía T. A. Peterman asumiólos demás activos del negocio. Arrancó la producción nuevamente bajo el nombre de PETERBILT.
Los camiones californianos FAGEOL estaban en un nivel de diseño bastante avanzado en ese momento, siendo precursores en el uso de motores de gasoil (diesel) y de chasis de aluminio.
Antes de la desaparición de la compañía original, los hermanos Fageol se retiraron y formaron otra companía: The Twin Coach, en Ohio.
Twin Coach fue igualmente existosa como fabricante de autobuses y pullmans hasta los primeros años de los '50 pero también revivieron la marca FAGEOL con unos camiones-cava interesantes (o "pantécnicos" como los llamaríamos). Fabricaron un 4-ruedas (tres ejes con dos de tracción) con carrocería FRUEHAUF y tren motriz de INTERNATIONAL.
Desde algo más de una década, hace parte de la colección del Museo del Transporte uno de tales "pantécnicos", de los más grandes construidos en la factoría de The Twin Coach, en Ohio, Estados Unidos de América.
La historia de este modelo en particular no es otra que desde 1958 lo utilizó en Venezuela la chocolatera Savoy. Tiene 8 ruedas (cuatro ejes con dos de tracción), potenciado con un motor Twin Coach de gas propano, instalado por debajo de la carrocería.
La dirección delantera era por un sistema FRUEHAUF de quinta rueda con doble caucho y el eje de gira completa.
Otra de las características de nuestro apodado King Road o Rey de los Caminos, es el compartimiento de carga, la enorme despensa totalmente forrada en madera. Ello protegía la bombonería y galletería transportada a través de las carreteras de Venezuela.
En los Estados Unidos, los expertos saben poco cuántos camiones fabricaron en Ohio iguales al que exhibimos en el Museo del Transporte, y si aún alguno rueda.
La Savoy venezolana lo donó por la intermediación de Carlos Stohr, amante de los automóviles, cofundador del Museo. Solía verlo inactivo en los depósito de Savoy, de donde fue traído remolcado.
Supimos que debido a la complejidad del sistema hidráulico, era costoso mantenerlo y aún peor repararlo, lo cual fue desincorporado de la flota de distribución. La Gerencia criolla tuvo a bien donarlo.
Kenneth Miller Chávez, hijo del venezolano fundador de Savoy en 1941, refiere haber bajado a La Guaira acompañando al grupo de ejecutivos de la chocolatera que recibió la unidad en el muelle donde fue bajado en 1958 desde la cubierta de un vapor mercante.
El joven Miller tuvo el privilegio de venir como pasajero en la cabina al lado del chofer a lo largo del recorrido por la autopista La Guaira-Caracas y las calles de Caracas donde la monumentalidad de la cava causaba sensación.
En cuanto a la marca Savoy, John Miller, venezolano de ascendencia escocesa, adquirió una pequeña factoría de tabletas de chocolate "de taza" propiedad de dos ciudadanos escoceses, la cual funcionaba en la quinta San Esteban, cerca de El Valle. No obstante el éxito alcanzado, los fundadores de la pequeña industria habían optado por regresar a Europa no sin antes deshacerse del negocio y las maquinarías traídas de Inglaterra.
Fue pues providencial el arribo de los Beer al país, "en tránsito" hacia otro destino, y el contacto en Caracas con Miller a través de la embajada británica. Convencidos de quedarse, el 2 de julio de 1941 fue constituida la sociedad Beer-Miller: Savoy Candy C.A., cuya primera presidenta fue doña Socorro María Chávez de Millar, esposa de John.
El nombre de Savoy fue elegido en honor al centenario hotel londinense del mismo nombre en donde John Miller acostumbraba hospedarse durante sus viajes a la Gran Bretaña. Para Miller, Savoy era sinónimo de excelencia y alta calidad además de ser un vocablo fácil de pronunciar en cualquier idioma.
Los primeros chocolates fabricados por Savoy Candy venían en tabletas grandes de 160 gramos y pequeñas de 35 gramos, en cuatro variedades: de leche (milk), amargo dulce (sweet bitter), amargo (bitter) y café (moka). Hacia 1949, comenzó a ofrecer las grageas Toronto, Miramar y Ping Pong. En 1956, las galletas Susy y Cocosette.
Para 1969, la factoría de El Valle se hizo pequeña por lo cual fue mudada a Boleíta donde se mantuvo por tres décadas antes de reinstalada en los valles de Aragua.
En 1988, Savoy fue adquirida por Nestlé.
Con la colaboración de Patrick Cook, Kenneth Miller y Jorge Bello Domínguez. Información de varios expertos en camiones estadounidenses. ¡Mil gracias!
Leyendas
1. “Camión de mudanzas” King Road fabricado en Ohio por The Twin Coach.
2. Prospecto de los camiones Fageol (c. 1950)
3. King Road hecho por The Twin Coach para Savoy, de la colección de la Fundación Museo del Transporte.
4. Otro aspecto de la unidad ex Savoy, donada y conservada en el Museo del Transporte, en Caracas.
5. Nótense los cuatro ejes, ocho ruedas del gigante transporte de confites por las carreteras venezolanas hasta hace unos 15 años desde 1958.












jueves, 11 de agosto de 2011

El carro de Cantinflas en Caracas

En la colección de automóviles presidenciales exhibidos en el Museo del Transporte sobresale la limusina Rolls Royce del año 1953 modelo Silver Wraith (Fantasma de Plata).

Es de los más imponentes. Está situada al lado del no menos interesante Lincoln de los que utilizó el general Gómez, los ministros, embajadores y gente pudiente mientras otros preferían la marca Packard.

Este Rolls está enmantillado no solo por emblemático de la gran industria automotriz británica. A alguien le pareció justo encargarlo a la fábrica para regalarlo nada menos que al Presidente de Venezuela.

El o los adulantes que se sacrificaron cancelando miles de libras esterlinas, optaron por hacer el pedido y comprarlo bajo un nombre ficticio sin precisiones: Mr. Jones. El destinatario final sería, en Caracas, el coronel Marcos Pérez Jiménez.

Pero a Pérez Jiménez le gustaban los autos veloces con marcada debilidad por los Mercedes los cuales incluso figuraban en la flota para escolta presidencial.

Y, la imponente limusina azul cobalto con sus lindísimo radiador cromado, faros de tamaño fuera de serie, madera de Chippendale, bar y aire acondicionado, vidrio divisorio del asiento para el chofer y la cabina para los pasajeros (cinco), se quedó fría a la espera de mejores días, siempre el garaje de Miraflores.

A la caída de la dictadura militar el 23 de enero de 1958, allí lo encontró la Junta de Gobierno que nada hizo con el despampanante Rolls del cual sí se valió el presidente Rómulo Betancourt pese a que carecía de recomendables vidrios blindados.

Jorge Bello Domínguez, bibliotecario del Museo del Transporte, refiere que cierto día, “hace como diez años”, actuando como guía de un grupo de visitantes del Museo, al hacer mención del Rolls, se le acercó un “señor empaltosado con corbata y de buenas facciones, y nos preguntó si deseábamos saber una anécdota referida al ‘famoso inglés’. Por supuesto contestamos que sí.

--Sería hace años cuando yo era chofer del Presidente, don Rómulo Betancourt, y estaba almorzando, cuando se me acercó un teniente, edecán del señor Presidente, y conminóme a que lo siguiera ya que don Rómulo me requería. De inmediato me trasladé detrás del edecán.

Ya frente a Betancourt, me preguntó si conocía al personaje que estaba con él. Le contesté que sí pues se trataba nada menos que don Mario Moreno Cantinflas (México 12/8/1911-20/4/1993) .

El Presidente le preguntó a don Mario que le dijese en qué vehículo se trasladaba en Caracas, y este le contestó que en taxis.

Entonces, Betancourt le contestó: Bien, pues ahora mi chofer queda a su disposición mientras don Mario permanezca haciendo sus diligencias en Caracas…

Parece ser –agrega el periodista Bello Domínguez- que Cantinflas, venía a Caracas con cierta frecuencia debido a que tenía negocios aquí.”

De manera que el Rolls de Miraflores se convirtió por primera vez en el carro de Cantinflas en Caracas.

¿Por qué que por primera vez?

Al periodo constitucional de Betancourt (1959/1964) siguió Raúl Leoni (1964/1969), luego Rafael Caldera (1969/1974), durante el cual se produjo otra visita de Cantinflas.

La primera dama, Alicia Pietri de Caldera, solicitó que al huésped mexicano figura estelar del cine latinoamericano, se le dispensara la atención de carro y chofer. La Casa Militar dispuso que fuera el Rolls Silver Wraith adscrito a la flota al disposición de la Secretaría de la Presidencia de la República a cuyo cargo estaba el doctor Luis Alberto Machado.

Cantinflas fue agasajado por la Fundación del Niño después que visitó centros de atención de menores a quienes le llevo su talento, gracia personal y palabras de aliento.

Dentro del automóvil, el actor se veía diminuto en medio de las butacas en cuero gris y los grandes ventanales laterales que permitieron conocer mucho mejor la ciudad o reencontrarse con rincones conocidos en el viaje anterior, cuando fue contactado por Betancourt pues se habían conocido y tratado en México.

Desde que el Silver Wraith se encuentra protegido a la vista del público en el Museo del Transporte, Orlando Gil es quien ha estado a cargo de mimarlo como merece por tratarse de una joya excepcional, por Roll y por automóvil presidencial de Venezuela.

-“Lo retapizamos y funciona bien. La última vez que salió a la calle fue a buscar en su casa , cerca de Miraflores, al doctor José Antonio Giacopini Zárraga, quien aquel día se hizo acompañar por su amigo el capitán de aviación civil Harry Gibson. Yo los traje al Museo donde se reunieron con la junta directiva y almorzaron. Le dispensamos la atención de desplazarlos por Caracas en ese carro presidencial tan particular…” –refiere Orlando Gil, sin ocultar orgullo,

El personaje Cantinflas fue inspirado por un barrendero bebedor, al que conoció cuando laboraba en un teatro. Comenzó como publicista la carrera en el cine. La primera aparición como actor fue en la película No te engañes corazón (1936), a la que le siguió la exitosa Ahí está el detalle (1940), de Juan Bustillo Oro, gracias a la cual fijó su personaje.

Sus primeras películas El gendarme desconocido (1941) y Los tres mosqueteros (1943), entre otras, fueron éxitos de taquilla en latinoamérica.

Algunas incursiones en Hollywood figuran en el medio centenar de películas que produjo. En los Estados Unidos, La vuelta al mundo en 80 días (1956), Oscar como Mejor Película; Pepe (1960), y el largometraje dirigido en España Don Quijote cabalga de nuevo (1972) .

El bombero atómico (1950) , El señor fotógrafo (1952), El bolero de Raquel (1956), su primera película en color; Sube y baja (1958), El analfabeto (1960), El extra (1962), Entrega inmediata (1963) y El padrecito (1965), El señor doctor (1965) , Su excelencia (1966), Por mis pistolas (1968), Un Quijote sin mancha (1969) y El profe (1971), entre otras.

Cierta vez, Alberto Federico Ravell, admitió su grave error al frente del Canal 8: no comprar los derechos para transmitir películas de Cantinflas.

Nadie se cansa de verlas y gozar la gracia que sin vulgaridad ni bajezas envuelve mensajes de hondo contenido social y americanista, a veces revolucionarios.

La primera vez que Cantinflas estuvo en Caracas fue en 1943. Gobernaba el gran demócrata, general Isaías Medina Angarita. Al llegar a Maiquetía pasó directo a la estación de telégrafos del aeropuerto donde escribió e hizo despachar un mensaje dirigido al Presidente de la República en el Palacio de Miraflores: “Viva Medina. Contra la Reacción. Mario Moreno Cantinflas”. Así lo recuerda Oscar Yanes.


Leyenda

El Rolls Royce presidencial que forma parte de la colección de vehículos expuesta en el Museo del Transporte gracias al Ministerio de la Secretaría de la Presidencia. En 1963 y en 1972, fue utilizado por Cantinflas con motivo de visitas a Caracas.

Mario Moreno Cantinflas, en el Aeroclub Caracas. Aparecen, Martín Tovar Zuloaga, presidente del Aeroclub, anfitrión del artista mexicano, y Ricardo Koesling Navas, alumno de la escuela de pilotaje de aeronaves.