martes, 21 de octubre de 2014

Librerias y Libreros de Caracas



La fotografía de la fachada adornada, muy clásica, de la Librería Española de los señores Puig Ros y Parra Almenar, abre espacio para recordar que en los años 50, al igual que El Palacio de El Libro, en El Silencio, funcionaban Biblos en la esquina de Miracielos; Pensamiento Vivo ( don José Rivas Rivas, fundador del Centro Editor), Soberbia (hermanas Pardo, de marcado acento francés, mucho tiempo frente al hotel Waldorf en la avenida Industria de San Bernardino, luego cerca de la esquina de Tracabordo, para cerrar finalmente en el Callejón Pedroza en La Florida). 
Don José Pachón vendió miles de ejemplares en la siempre bien provista Librería Mundial, entre Santa Capilla y Mijares, al lado del local de la All American Cable, luego gestionada por la Aeropostal Venezolana. Pachón fue un visionario distribuidor de libros muy bien relacionado con autores e intelectuales de nuestro país.
Importante la figuración en el mundo del libro y documental, de los hermanos Castellanos, los de la Librería Historia –frente al Capitolio Federal-, de la que se desprenderá en manos de Rafael Ramón, La Gran Pulpería del Libro Venezolano, en sus inicios debajo la escalera mecánica del Pasaje Zingg, de años a esta parte, en Las Delicias de Sabana Grande. Jonás Castellanos permanece al frente de Historia, en el Pasaje Humboldt, entre Gradillas y Sociedad. Los trujillanos Castellanos, santaneros, durante décadas, ha sido el recurso de la bibliografía insospechada incluso para historiadores y escritores pues son auténticos libreros. 
La Librería Lectura fue de las primeras con ediciones de lujo propias: un libro dedicado a la flora; funcionaba entre los dos locales originales de exquisiteces Frisco, en el edificio Arta, Chacaíto; Frisco compartió luego con la Librería Alemana, del también fotógrafo y editor Óscar Todtmann, en las Residencias Libertador, El Bosque, Caracas. 
Librería Única fue emblemática de los locales bien montados y surtidos del lineal y desaparecido Centro Comercial Gran Avenida. Jorge Paneico fundó la especializada y temática Médica París. La periodista Cristina Guzmán como Violeta Roffé tuvieron que ver con el auge de Cruz del Sur, en el Centro Comercial del Este, concepto arquitectónico pionero de mediados de la década de 1950, entre la Calle Real de Sabana Grande y la avenida Casanova. 
Frente al Gran Café, Raúl Vethencourt -otro de los memorables libreros que hemos tenido- desarrolló Suma, de las mejores en la historia del último medio siglo de la ciudad. Técnica Ludens, Técnica Dieguez, Fondo de Cultura Económico, la Librería Italiana en pleno Sabana Grande con frente a la Avenida Solano López; Nuevo Mundo, Mundo del Libro, Atenea, han ocupado lugares frecuentados entre Plaza Venezuela y Chacao, en donde El Mundo del Libro es antigua referencia como en Los Palos Grandes permanece Entre Libros; Labroria funcionó en Las Mercedes, Puntos y Comas y Multicolor en La Florida. Alejandría abrió sus puertas años atrás en el centro comercial piloto de la desaparecida cada de supermercados CADA. 
Es probable que en la callecita que une sentido Norte-Sur la avenida Casanova y el Banco de Venezuela, al Este de Sabana Grande, Sur de Las Delicias, subsista una de las más antiguas librerías que en Caracas todavía ofrecen textos y revistas en inglés.
Ateneo fue o es de vieja data. Tecni Ciencia Libros ocupó grandes espacios en la torre Phelps antes de expandirse vía centros comerciales en casi todo el país.
Imperdonable sería omitir a Walter Rodríguez, quien alcanzó la distinción de cofundador y presidente por largo rato de la Cámara Venezolana del Libro al mismo tiempo que atendía Lectura,en el Centro Comercial Chacaíto, a donde Stefan Gold la mudó, casi apenas un cruce de calle. 
Vecina a Lectura, funcionó con la sofisticación inicial en la avenida Ávila de La Florida, la Librería Francesa, siempre exquisita y actualizada por los envíos semanales de la prensa cotidiana y semanarios publicados en París y otras capitales europeas, como lo estuvo siempre la Washington, de Torre a Veroes. 
Monte Avila tuvo su primer expendio directo al público en los espacios del Teatro Teresa Carreño.
Se nos escapan muchísimos nombres, establecimientos y direcciones. Somos todo olvido.
Para ver más acerca de las librerías que subsisten en nuestra ciudad, es recomendable abrir e link: :Revista de la Camara N.: 23


11 comentarios:

  1. Porque en verdad “somos todo olvido”, es de agradecer el rescate de estos nombres fundacionales de nuestra cultura. Se siente al lector, nómada como los buenos, detrás de esta semblanza.
    Magnífica la imagen que ilustra la nota. La elegancia de las vitrinas y del personaje en la puerta (¿uno de los dueños?), el detalle del triciclo de reparto a domicilio, antecedente del servicio expreso del voraz Amazon, hablan de una grandeza que contrasta con la referencia que nos dejara José García de la Concha en su libro “Reminiscencias. Vida y costumbres de la vieja Caracas”:
    “A pesar de todo, había también una incongruencia inexplicable; en ese pantanero que se formaba entre Los Traposos y El Chorro, con arreos de burros que venían desde El Tuy o Barlovento, y el desfile de carretas de Aragua o los llanos; en aquel ambiente pestífero a cueros, quesos y pescado salado, encontraba usted la flamante libreraí (sic) Española de Puig Ros y Parra Almenar, y en todo el frente la gran empresa El Cojo”
    Seguramente, rememora el cronista una época anterior al guzmanato, pues La Española ya en 1881 publicaba la selección de “Poetas españoles y americanos” de Manuel Fombona Palacios. En 1930 ofrecía aún catálogo.
    Como memoria cultural y colectiva, su preservación es compromiso de todos. Me permito pues, rendir homenaje a otros maestros y añadir algunas precisiones.
    En Pensamiento Vivo (luego Centro) empezó Sergio Alves Moreira. “El último librero”, así lo calificaba Gioconda Espina, a principios de los 90, en un artículo para El Nacional. Por fortuna nuestra, erró solo el adjetivo.
    Librero militante fue y de los grandes, así pueden acreditarlo poetas en formación y doctores en posgrado pues conocieron su magisterio en Naciente o Divulgación. Al nombre de Saramago lo asocian tantos recuerdos, muchos años antes que del Nobel era su embajador.
    Lectura contaba en la época de los Gold con el mejor equipo de Caracas. Junto al muy encantador Walter, estaba el ácrata Serrano, sabio cascarrabias y Ángel García, padre del otro gran librero de igual nombre en Ateneo de Caracas y Monte Ávila. La diáspora del sur sumó al psicoanalista y profesor universitario Alberto Comte, un privilegio para sus alumnos de Letras o Filosofía.
    Alberto fue también librero en Ludens, “la boutique de las librerías” en su momento, por la que ya había pasado otro ácrata eminente, el filósofo Alfredo Vallota.
    El fundador de la Única era (¿o es, alguien sabe su destino?) Theodor Hosch. En alemán e inglés, ofrecía la mejor selección de Orientalismo en la ciudad, pregunten a Rafael Cadenas, cliente habitual. Pero también en arte contemporáneo: Theodor ofrecía monografías sobre Joseph Beuys cuando sólo era popular entre nuestros jóvenes artistas, recién llegados del Norte o de Europa.
    Ya no en Sabana Grande sino en el Centro Plaza mantiene el nombre, que no el brillo, la American Bookshop. Junto a la selecta English Bookshop del Concresa y la impresionante y efímera Read Book, en Las Mercedes, eran las principales representantes de esta lengua.
    Italianas teníamos tres si sumamos a la Washington, con una pequeña selección, la Rizzoli de la exquisita florentina Roberta Spadaro en el Centro Plaza, y El Libro Italiano en el Pasaje La Concordia de Sabana Grande, la más grande y surtida.
    El Foro, Índice, Sotavento, Estudios, Del Este… cuantos nombres faltan para fijar el mapa.
    La mayoría de las nombradas no están, se fueron con los hombres y mujeres que las soñaron. Pero a pesar del profundo cambio en su paradigma, el libro no es solo mercancía y la librería está más allá del simple comercio.
    Otras nuevas han nacido y seguirán siendo el espacio, físico o virtual, en que los vivos dialogan con los muertos y dialogan con su tiempo, si es buen médium el librero.

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  2. "El Gusano de Luz
    Texto tomado de "Las peñas y las tertulias: puentes de saber, cultura y cordialidad", publicado por la Fundación Venezuela Positiva, Caracas, 2012.

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    ALEXIS MÁRQUEZ RODRÍGUEZ
    25 DE AGOSTO 2013

    I. Introducción

    Caracas no ha sido pródiga en la existencia de "tertulias" propiamente dichas. Me refiero a la tertulia literaria, que ha dado origen a una verdadera tradición en ciudades como Madrid. Pero sí hemos tenido en Caracas grupos que periódicamente -a veces todos los días- se reúnen para conversar de lo humano y de lo divino. Son, desde luego, "tertulias" en el sentido amplio que nos da una de las acepciones de esta palabra en el Diccionario de la Real Academia Española: “Reunión de personas que se juntan habitualmente para conversar o recrearse”.
    La tertulia literaria propiamente dicha supone, en principio, que quienes habitualmente concurren a ella sea gente vinculada con la literatura, es decir, escritores de cualquier género, críticos literarios, gente de teatro, profesores de literatura, periodistas dedicados a la fuente literaria, etc. En ellas se conversa y, habitualmente, se leen textos literarios inéditos de algunos de los contertulios. Pero como no se trata de organizaciones institucionales regidas por normas y reglamentos, no se puede impedir la asistencia también de personas no pertenecientes al mundo de la literatura, generalmente amigos o admiradores de determinados tertulianos, y hasta sujetos que quieren presumir de intelectuales y hacer alarde de su vinculación, espontánea o forzada, con gente de letras.

    Una palabra semánticamente cercana a “tertulia” es el sustantivo “peña”, al que el DRAE define, en dos de sus acepciones, como “corro o grupo de amigos o camaradas” y como “grupo de personas que participan conjuntamente en fiestas populares o en actividades diversas, como apostar, jugar a la lotería, cultivar una afición, fomentar la admiración a un personaje o equipo deportivo, etc.” De ahí que también se hable frecuentemente de “peña literaria”, cuando el grupo de amigos o camaradas que se reúnen en una “peña” son gente de letras. La “pena literaria”, lo mismo que la “tertulia”, suele reunirse en torno a la figura de un escritor importante, admirado por todos, que en cierto modo hace la función de líder del grupo, desde luego que estirando al máximo el significado de la palabra líder. Además, frecuentemente, aunque no siempre, la “tertulia” y la “peña” se relacionan con la bohemia, y muchas veces sus reuniones, aparte de ser propicias para la conversación, dan ocasión a la ingesta de bebidas alcohólicas.

    II. La Generación de 1918

    En Caracas ha habido grupos que, con cierta liberalidad, podrían calificarse de “tertulias” o “peñas literarias”. Uno de ellos fue el que se llamó Generación de 1918, un grupo de escritores, mayoritariamente poetas, que coincidieron en destacarse ese año, cuya literatura tuvo un marcado signo renovador, y fueron importantes precursores en nuestro país de la vanguardia, que va a florecer principalmente en la década de los veinte. Entre los escritores que figuraron en la Generación de 1918 se destacan principalmente el narrador Rómulo Gallegos y los poetas Fernando Paz Castillo, Luis Barrios Cruz, Rodolfo Moleiro, Jacinto Fombona Pachano, Luis Enrique Mármol y Pedro Sotillo.


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  3. III. Grupo Viernes

    Otro grupo literario venezolano, muy importante, fue el llamado Grupo Viernes, fundado en 1936, formado por algunos de los poetas más significativos de nuestro país: Vicente Gerbasi, Ángel Miguel Queremel, Pascual Venegas Filardo, Otto De Sola, José Ramón Heredia, Luis Fernando Alvarez, Oscar Rojas Jiménez, Pablo Rojas Guardia y algunos más. Estos poetas fueron, en cierto modo, una repercusión del vanguardismo.
    Un grupo que tuvo mucha resonancia en los años 70 fue el conocido como República del Este. Fue más que todo un grupo que cultivaba sobre todo la bohemia, en el cual participaban personas de las más variadas ocupaciones, entre ellos algunos escritores: Caupolicán Ovalles, Salvador Garmendia, Orlando Araujo, Adriano González León, Mary Ferrero y algunos más.


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  4. IV. El Gusano de Luz

    Con frecuencia se habla de un grupo que durante varios años se reunía en la librería El Gusano de Luz, situada inicialmente en la planta baja de un pequeño edificio, de Pele el Ojo a Misericordia, frente al Parque Carabobo, y luego, cuando se tuvo que desalojar aquel local porque iba a ser afectado al construirse la estación Parque Carabobo del Metro de Caracas, se mudó a un local cercano, en un amplio edificio situado entre las esquinas de Puente Anauco y Puente Nuevo, en la Parroquia Candelaria.

    El grupo de El Gusano de Luz no fue ni tertulia ni peña literaria. Pero sí puede decirse que era una tertulia, en el sentido más amplio de esta palabra. Allí se reunían, ciertamente, varios escritores, entre ellos algunos de gran significación en Venezuela, y aún fuera de ella, pero también concurrían personas totalmente ajenas al quehacer literario, y habitualmente se hablaba de todo, incluso de literatura, aunque en menor grado. Entre los asiduos, en efecto, podría mencionarse a un joven boxeador que comenzaba su carrera profesional en ese deporte pero ya se perfilaba como famoso; también un oficial del cuerpo de bomberos -fallecido, por cierto, en la tragedia de Tacoa-, e incluso algunos agentes del Cuerpo Técnico de Policía Judicial (PTJ), cuya sede principal estaba muy cerca de donde inicialmente estuvo El Gusano de Luz. Sin embargo, es justo reconocer que algunas de esas personas extrañas al mundo de la literatura concurrían a aquellas reuniones porque se sentían atraídos por la presencia de algunos de los escritores que con ellas alternaban. Después de todo no es corriente que los escritores y artistas se reúnan, menos aún de manera frecuente, con personas de esa condición, ajenas a los medios intelectuales. De modo que no debe extrañar que estas personas sintiesen como un privilegio participar en las tertulias de El Gusano de Luz.

    V. Aquellas reuniones

    Se realizaban especialmente la tarde de los viernes y a mediodía de los sábados, que era cuando concurrían mayor número de contertulios. Pero de hecho todos los demás días laborales de la semana había gente que se acercaba cotidianamente a la librería en las últimas horas de la tarde. Habitualmente, los viernes y los sábados, y esporádicamente los otros días, aparecía inesperadamente una botella de whisky, aportada casi siempre por Freddy Cornejo, que era el dueño de El Gusano..., aunque eventualmente la botella podría ser llevada por alguno de los concurrentes. No era extraño, por supuesto, que una vez consumida la botella apareciesen otras.

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  5. Comúnmente se vincula la tertulia de El Gusano de Luz con don Julio Garmendia, y se piensa que aquellas reuniones lo tuviesen como la figura central. Sin embargo, aunque en cierto modo así fue durante algún tiempo, ya antes de que don Julio comenzase a concurrir habitualmente a la librería algunos solíamos reunimos allí, entre quienes destacaba Aquiles Nazoa. Ese hecho fue precisamente lo que atrajo a Garmendia, aunque de hecho con el tiempo algunas personas se acercaban a la librería atraídas por la presencia del genial autor de La tuna de oro, a quien deseaban conocer, o compartir con él, quienes ya lo conocían, un rato de amena y variada charla. Además, las reuniones continuaron aun después de fallecido don Julio.
    Don Julio solía aparecer de pronto, con una discreción que tenía algo de misterioso, un poco como si fuese un inesperado. Generalmente iba primero al Parque Carabobo, particularmente grato en sus recuerdos, en uno de cuyos bancos se sentaba unos minutos, solo, y luego se deslizaba hasta la librería. Después de un rato de conversación, en que destacaban la ironía, la amena mordacidad y el agudo sentido del humor que caracterizaban su conversación, desaparecía de la misma manera cuasi misteriosa como había llegado.

    VI. Habituales en el Gusano de Luz

    Algunos desde antes de que don Julio comenzase a ir, y también después de su fallecimiento en 1977, fueron Aquiles Nazoa, como ya dije, Pedro Francisco Lizardo, Alí Lameda, Manuel Bermúdez, Eduardo Casanova Sucre, Salvador Prasel, Oswaldo Trejo, Carlos Díaz Sosa, Rubén Darío González, Augusto Germán Orihuela, Carlos J. Soucre, Denzil Romero, Jean Nouel, Francisco Tamayo, Eleazar León, Amparo Montañez, Mercedes Villa de Márquez, Héctor Pedreáñez Trejo, Alejo Felipe, Edgar Colmenares del Valle, José Santos Urriola, Oscar Sambrano Urdaneta, Domingo Miliani, Orlando Araujo, Miriam Colmenares, Carmen Mannarino, Mariela Arvelo, Enrique Vásquez Fermín, María Elvira González, Lyl Barceló Sifontes, José Vicente Abreu, Tarcila Briceño, Víctor Mazzei Gonzalez y otros más. Y cuando venía a Caracas, desde su nativa Barinas, también José León Tapia solía llegarse hasta nuestras reuniones. En una que otra ocasión fueron igualmente Roberto J. Lovera de Sola y Guillermo Morón. Alguna vez se llegaron hasta El Gusano..., atraídos por la fama que habían adquirido aquellas reuniones, Ernesto Mayz Vallenilla y Elio Gómez Grillo. Cuando vino a Caracas Juan Rulfo, Domingo Milianilo llevó a la tertulia de El Gusano..., con el deliberado propósito de presentárselo a don Julio Garmendia. También estuvo en alguna ocasión Ángel Rama. Igualmente Alejo Carpentier, pero no cuando vivía en Caracas, sino en la última oportunidad que visitó nuestro país, en junio de 1979. Hacían de anfitriones el ya mencionado Freddy Cornejo, dueño de la librería, y Néstor Tablante Garrido, su principal asistente.


    VII. Conclusión

    Desde su mudanza del local frente al Parque Carabobo la tertulia de El Gusano de Luz comenzó a decaer. Poco a poco las reuniones se fueron haciendo menos concurridas. Finalmente, serios quebrantos de salud de Freddy Cornejo lo obligaron a retirarse de su actividad en la librería, la cual pasó a manos de sus hijos, quienes finalmente, ajenos como eran al peculiar quehacer del librero, optaron por modificar el carácter del negocio, que pasó a ser una tienda de franelas". Alexis Márquez Rodríguez. Tomado de El Nacional.

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  6. Pronto advertimos la omisión a El Gusano de Luz entre las librerías mencionadas. Para rectificar apelamos a la crónica original de Alexis Marquez Rodríguez que escribió el maestro para el libro dedicado a las tertulias, publicado por la Fundación Venezuela en Positivo, dirigida por el doctor Heraclio Atencio. La reprodujo el Papel Literario de El Nacional, de donde la tomamos y aparece en tres trozos debido a las limitaciones del espacio del blog para los comentarios. En cierta manera complementa el muy fino, erudito y esclarecedor de un colaborador no identificado a quien quedamos altamente agradecidos por tomar parte en este recuento, de parte nuestra en volanda.

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  7. No es Labroria si no Libroria. Fui asiduo cliente de Libroria en Las Mercedes atendida por su dueño Ignacio con la ayuda de excelentes colaboradores. Tomarse un café en Libroria, sentarse en su sofá y conversar con otros clientes de la librería fue para mi un gran placer. Años antes también fue cliente de Tecni Ciencia Libros en la Torre Phelps y en la Librería Profesional Venezolana en el CC Chacaíto (cuando se vendían libros de ciencia de verdad y cuando no había existencia se pedían de los catálogos), igualmente lo fui de Monte Ávila en el Teresa Carreño, de la librería del Ateneo de Caracas y de English Bookshop en el Concresa. Los que estudiamos carreras científicas también agradecemos a la Editorial MIR de Moscú (libros super económicos en física y matemáticas y de divulgación de las ciencias) se conseguían en todas partes pero más en el pasillo de la Escuela de Ingeniería de la UCV. Gracias a Alfredo Schael por el artículo sobre El Gusano de Luz. Necesitamos Luciérnagas de luz, gusanos de luz, y todo bicho que de luz que nos ilumine para sacarnos de esta terrible oscurana en la que está sumergida Venezuela.

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  8. Sergio Alves Moreira fue encargado de la Librería Centro (Antes Pensamiento Vivo) en las Torres del Silencio, pasaje Orinoco. Y de la Galería del Libro, frente al pasaje Zing. Yo trabajé en la librería Centro. Otro tiempo, otra ciudad, otras torres. Había vida, brillo, comercio, diversión y tertulias. Tenía 21 años (actualmente [2016] tengo 59)). Para quienes deseen una recreación del ambiente y los personajes, pueden leer: El Spleen de Caracas. Monte Ávila Editores. Colección Testimoniales. Héctor Seijas.-

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  9. Precioso homenaje! Gracias por mencionar a mi padre (aunque nuestro apellido va con B, no con V)
    :-)

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  10. Me hubiera gustado ver a la Librería del Este en la lista del artículo. Fue fundada por mi papa y funcionó en el edificio Galipan entre Chacaito y Chacao durante 44 años. Abrió sus puertas simultáneamente con el edificio Galipan en 1952 y bajó la Santamaría un poco antes de que el edificio fue desalojado para derrumbarlo y construir encima de las ruinas – de nada menos que un Premio Nacional de Arquitectura – otra torre de acero y vidrio sin personalidad

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  11. recordando a mi querido amigo, inductor de lecturas gran contertulio ...hizo de la palabra un arma o una flor amistad que se inició en la librería CENTRO.
    SERGIO ALBES MOREIRA

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