sábado, 23 de abril de 2016

Guillermo José Schael: cuando el automóvil es historia


Guillermo José Schael es algo así como un "fanático" del automóvil y de la industria automovilística. Es fundador del Museo del Transporte y autor de un libro sobre la historia del automóvil en Venezuela —libro lleno de fotografías de una Caracas para la cual el auto hoy en día cotidiano todavía era una sorpresa. 
Sin embargo, nos lo dice él mismo, su afición por la industria data de mucho .tiempo atrás. En efecto, en sus tiempos de estudiante coleccionaba todo lo que tuviera que ver con el ramo y, como hoy en día sucede también con muchos de nuestros jóvenes, tenía una intuición especial para comprender cuáles eran las pequeñas y grandes innovaciones que los fabricantes introducían cada año. 
Ese amor por la industria automovilística lo lleva a fundar el Museo del Transporte, iniciativa que había acariciado durante muchos años (se considera a sí mismo pionero del museo) y cuyos propósitos fundamentales estaban orientados a la recreación de la colectividad y al cumplimiento de funciones docentes. 
El Museo del Transporte fue inaugurado en el año 1970, aunque sin embargo el comité para su promoción ya estaba formado desde 1965. De este modo, pronto el museo va a cumplir quince años y quisimos conocer su opinión acerca de la evolución particular del museo. 
— ¿Cómo surge este museo? 
—Este museo se comenzó a constituir —contesta Guillermo José Schael— con motivo de los actos programados para el cuatricentenario de Caracas, en 
1966. Un año antes se conformó una junta que incluía al Sr. Eugenio Mendoza, a Mauro Páez Pumar, a Santiago Hernández Ron, a Alfredo la Fuente y a mí. De esa junta quedaron finalmente dos personas, entre las cuales estaba yo, y nos dedicamos de lleno a la construcción de este museo. 
—Personalmente ¿cuál era su interés? 
—Desde la primaria tuve un gran interés por el automovilismo y por la historia de su desarrollo. Uno de mis hobbies consistía en tener réplicas de modelos de automóviles hechas a escala y con la mayor perfección. Entre los grupos escolares yo era considerado un experto, porque era capaz de identificar los modelos inmediatamente, adivinar su fecha de construcción, e intuir cuáles eran los progresos que introducía(' cada año los fabricantes. 
Conocía también a los concesionarios y a los distribuidores de las principales marcas aquí. Al mismo tiempo, me interesaba por su historia: nadie se imagina hasta qué punto los automóviles contribuyeron al desarrollo de las vías de comunicación. Cuando llegaron los primeros automóviles aquí no teníamos carreteras y tan es así que los primeros automóviles que llegaron —en cajas— desde los Estados Unidos, los trajo Edgar Anzola y subieron en ferrocarril. Al interior llegaron algunos en lomo de mula. 
— ¿Cuáles fueron sus objetivos al fundar el Museo del Transporte? 
—Se consideró, como sucede en toda ciudad culta, que era necesaria la Fundación del Museo del Transporte. Fue un proyecto que acometimos con gran entusiasmo. Pero tiene que saber que era una idea muy vieja, puesto que nosotros, además de fundadores, somos pioneros del museo. 
Antes de que existiera la Fundación, en efecto, nosotros nos reuníamos —los que teníamos vehículos antiguos activos— para hacer una serie de desfiles. Tales desfiles constituían la sensación de una Caracas de menos de dos millones de habitantes. El desfile que nosotros hicimos en julio de 1966 constituyó un evento cultural significativo, algo que le sorprendería si Ud. pudiera verlo ahora. No era —nos dice con un cierto dejo nostálgico— la Caracas de hoy, entregada al pillaje y a la depredación. Eso constituye uno de nuestros grandes problemas ahora. 
— ¿A qué se refiere? 
—Aquí, los jóvenes ven un automóvil y lo primero que se les ocurre es ver cómo se pueden llevar algún "suvenir" de los carros antiguos. Nosotros tenemos una verdadera carencia de vigilancia y nos faltan los grandes recursos fue tienen los otros museos del mundo. Se lo digo porque aquí hemos perdido, injustificadamente, piezas muy importantes. Yo creo que hay gente que no está educada para ver un museo, para visitarlo. Aquí entran una serie de "zagaletones" sin control ninguno. Aunque me han dicho que eso sucede en todas partes del mundo, yo creo que aquí hay realmente falta de vigilancia, producida fundamentalmente por la falta de recursos. 
Lo cierto es que, pese a todas las dificultades, el museo ha venido creciendo. Pero, con todo, ese crecimiento y la falta de recursos nos han venido asfixiando un poco. Como decía Eugenio Mendoza —quién, como le dije, también es fundador de esta institución—
"Siempre se sabe cuándo nace un museo pero no se sabe cuándo terminará de crecer". 
La paradoja es que este museo se ha venido encogiendo debido a la carencia de espacio. Sin embargo, tenemos algunas nuevas iniciativas: por ejemplo, tenemos el proyecto de la organización de una sala audiovisual, destinada a la historia del automóvil, y para ello quisiéramos contar con la ayuda de algunas universidades, privadas y del Estado. Con este tipo de ayuda, quizá se puedan hacer las ampliaciones necesarias. 
No obstante todas las dificultades, hemos tenido la satisfacción de poseer el apoyo de la comunidad, de la colectividad en general, la cual continuamente nos ha proporcionado recursos. 
Al mismo tiempo, las donaciones no nos faltan. Gracias a ellas nosotros poseemos verdaderas joyas automovilísticas, joyas que cualquier museo del mundo estaría orgulloso de exhibir. Nosotros aspiramos seguir contando con esa confianza. 
— ¿Qué tipo de apoyo tienen Uds.? 
—Nos sostenemos con una serie de recursos exiguos y con eventuales donaciones. La SHELL tuvo el gesto, antes de ser nacionalizada, de donarnos una locomotora antigua. Hay, también, una industria metalúrgica que nos ayuda con la reconstrucción de los repuestos de los autos antiguos. Pero no existe la mano de obra especializada, o es muy escasa, fundamentalmente por la situación que está atravesando el país en esta hora de dificultades. 
Nosotros le dedicamos todo nuestro tiempo a esta institución, atendiéndola en todas sus necesidades básicas. Actualmente forman la junta directiva el general Ramírez Torres, el ingeniero la Fuente, ocupando los cargos de presidente y vicepresidente respectivamente. Y luego están los directivos: Carlos H. Tovar, Alfredo Paúl Delfino, Iván Pulido, yo mismo.... 
— ¿Qué orígenes tienen, en general las piezas que Uds. tienen aquí? Son donaciones particulares. Tenemos, por ejemplo, la cochera, donada por el señor Eugenio Mendoza y llena de piezas 
del s. XIX. Hay una diligencia donada por la Fundación Mendoza también y que fue construida por la casa Mühler de París. Tenemos un Gran turismo de 1931, un Lincoln gomero de siete asientos, una bicicleta del siglo XIX, la cual fue donada por Enrique Brandt. Hay también un departamento especial para la exhibición de los primeros camiones que llegaron a Venezuela: un Mack de 1923, un Federal y un Willys Knigth, el cual fue donado por Rafael Ginnari. 
Finalizada la entrevista no podemos más que sorprendernos del empuje y la mística que ha llevado a la constitución y al mantenimiento de este museo. 
Pero tampoco podemos menos que destacar la preocupación de Guillermo José Schael acerca del destino de la institución que él ayudó a fundar: teme que su presupuesto, que él ya considera escaso, se le reduzca todavía más debido a la situación que atraviesa el país. 
Cuando el Museo ya va a cumplir sus quince años es importante que todos reiteremos el compromiso adquirido cuando se constituyó la Fundación para la Organización del Museo del Transporte y contribuyamos al mantenimiento y desarrollo de este centro de recreación y acervo histórico.
Texto del reportaje publicado sin firma en la revista FADAM (Federación de Asociaciones de Distribuidores de Automotores y Maquinarias de Venezuela) No. 8, año 2. Caracas, Mayo de 1984.
Nota: Guillermo José Schael González, nacido en Caracas el 29 de abril de 1919, falleció en su residencia en La Castellana, Caracas, la tarde del domingo 23 de abril de 1989.




ATENCION: EL 1 DE MAYO ADELANTEMOS 30 MINUTOS EL RELOJ

Caracas, (NL). A través del Decreto Presidencial N° 2.301, publicado en la Gaceta Extraordinaria N° 6.224 de fecha 18 de abril de 2016 es modificado el Huso Horario en todo el territorio de la República Bolivariana de Venezuela, entrando en vigencia el primero de mayo de 2016.
Esta decisión es producto de los efectos del fenómeno climático denominado “El Niño”, ha sido necesaria la toma de medidas para el ahorro energético, motivo por el cual se ha requerido la revisión del actual huso horario, vigente desde el 09 de diciembre de 2007.
Se modifica la hora legal en todo el territorio de la República Bolivariana de Venezuela, la cual pasará a ser la equivalente a la del tiempo universal coordinado, disminuida en cuatro horas (UTC -4), en los términos indicados en el presente Decreto.
En virtud del cambio de huso horario se aumentará en treinta (30) minutos la hora oficial de la República Bolivariana de Venezuela, lo cual conlleva a la utilización del huso horario correspondiente a las menos cuatro horas, con relación al meridiano de Greenwich (UTC -04:00).
Las autoridades nacionales, estadales y municipales cuidarán que todos los relojes de servicio público registren el mencionado cambio de hora, e igualmente procurarán, por todos los medios de divulgación que estén a su alcance, facilitar el proceso de adaptación de la población y las actividades económicas del país a la nueva hora legal.
Las personas naturales y jurídicas en todo el país están en la obligación de tomar las previsiones necesarias para asegurar la continuidad de las actividades en todos los sectores económicos de la vida nacional y evitar interrupciones en la prestación de servicios y la disposición oportuna de bienes en todo el territorio nacional, de conformidad con la información, regulaciones e instrucciones emanadas a tal efecto del Ejecutivo Nacional, con ocasión del cambio de hora legal establecido en este Decreto.
Este cambio entrará en vigencia el primero de mayo de 2016 a las dos horas con treinta minutos antes meridiem (02:30 a.m.) que, para todos los efectos legales y de orden oficial, y como consecuencia de la entrada en vigor de este Decreto, se computará inmediatamente como las tres horas antes meridiem (03:00 a.m.) de dicho día primero de mayo de 2016.
De conformidad con lo dispuesto en el artículo 6° de la Ley Orgánica sobre Estados de Excepción, la medida de modificación de la hora legal en todo el territorio de la República Bolivariana de Venezuela establecida mediante este Decreto, será ratificada en Consejo de Ministros, a los efectos de la permanencia de su vigencia y eficacia, una vez culminado el plazo establecido en el Decreto Nº 2.184 de fecha 14 de enero de 2016, publicado en Gaceta Oficial de la República Bolivariana de Venezuela N° 6.214 Extraordinario, de la misma fecha, mediante el cual se declara el Estado de Emergencia Económica en el territorio nacional, prorrogada su vigencia mediante Decreto N° 2.270, de fecha 11 de marzo de 2016, publicado en Gaceta Oficial de la República Bolivariana de Venezuela N° 6.219 Extraordinario.
Xxxxxxxx
NR. Vale recordar que entre 1963 y 2007 rigió el mismo huso horario al cual regresamos el 1 de mayo de 2016. La propuesta que rigió la hora legal de Venezuela a partir de 1963 la presentó en el Congreso Nacional uno de los miembros de la Cámara de Diputados, Nicomedes Zuloaga Mosquera, directivo de la C. A. La Electricidad de Caracas, por considerar que el ajuste beneficiaria a los usuarios y en general al país incluso antes que a la empresa de electricidad fundada por quien fuera uno de los antepasados de su famiilia. Menos consumo de energía eléctrica en horas tempranas de la mañana y mayor aprovechamiento de la luz solar al final de la tarde o después de las 18 horas lo cual se traduce en menor gasto de electricidad porque las luces podrán encenderse media hora más tarde que en los actuales momentos,
Generó controversial la de determinación del cambio del huso horario en el 2007 que descontextualizó a Venezuela respeto del patrón horario generalmente aceptado tal es el determinado a partir del Meridiano de Greenwich o Meridiano Cero, patrón ahora conocido como Tiempo Universal Coordinado (TUC).


viernes, 22 de abril de 2016

232 años del primer vuelo de un globo aerostático en América

“The Sublime Invention: Ballooning in Europe, 1783–1820” obra de Michael R Lynn dada a conocer el 2010, ubica el 31 de marzo de 1784 como la fecha en la cual por primera vez en América tuvo lugar un evento aeronáutico. Tal fue la elevación en Cabo Francés, Haití (entonces todavía el llamado Saint Domingue francés) de un globo como el que en enero y junio de 1783 presentaron en Francia cada vez con mayor éxito y resonancia los hermanos Montgolfier. 
Otros autores ubican el ascenso en globo aerostático precursor en América el 10 de abril de aquel mismo 1784 con lo cual se ubica el ocurrido en México, el 18 de mayo de 1784, como segundo. Lo refiere La Gaceta de México cuando registra en esa fecha: “una Nave atmosférica ó Globo aerostático de papel, de tres varas y cuarta de alto, y seis y media de circunferencia, ... navegó orizontalmente algo mas de media legua por la playa ...".
La ascensión en Caracas el 20 de enero de 1785 fue la tercera en la historia del Nuevo Mundo. Antecedimos en estos asuntos a Estados Unidos, tiempo después cuna de prodigiosos inventos aeronáuticos en abierta competencia con los logros de la Europa pionera con la intervención del latinoamericano Santos Dumont casi en paralelo con los hermanos Wright en cuanto respecta al vuelo y la nave a motor controlada..
En el capítulo “Globos, aeronautas y circos” del libro “Aviación Civil en Venezuela, crónicas y reportajes” (Fundación Museo del Transporte, Caracas, 2009), el coautor Fabián Capecchi apunta lo que transcribimos: 
“Fue menester que para celebrar el cumpleaños del Rey de España, su majestad Carlos III, el 20 de enero de 1785, entre las fastuosas actividades que se planificaron en Caracas, el gobernador y Capitán General tenía preparada una gran sorpresa. El vuelo de un globo aerostático tipo Montgolfier. 
“El aerostato que voló sobre la villa de Caracas, estaba hecho de papel aceitado y tenía 12 varas de circunferencia, elevándose a las 5 de la tarde hasta una altura de 1500 pies aproximadamente, ante la mirada asombrada de todos los caraqueños que jamás habían visto algo semejante. El globo se elevó desde la desaparecida Alameda de La Trinidad, cerca del Puente Carlos III y voló sobre la ciudad hasta que el aire que contenía se enfrió cayendo a tierra. Semejante acontecimiento de la aeronáutica en la historia de América ha pasado desapercibido e injustamente valorado por nuestros historiadores, para quienes las batallas y los héroes militares son más importantes que los avances culturales y científicos. 
“Por eso es justo incluir al capitán general Manuel González Torres de Navarra como el primero en promover el vuelo en Venezuela y la primera autoridad en las Indias en autorizarla. El historiador Enrique Bernardo Núñez corrobora estos hechos en su libro La Caracas de los Techos rojos”.
Tenemos entonces que siempre en esa línea constante de avanzada característica de Venezuela hasta hace poco tiempo atrás pues lamentablemente vamos quedándonos rezagados en muchos aspectos, fuimos terceros en mostrar en nuestro suelo lo novedoso que a finales del siglo XVIII existía en materia aeronáutica, puesto privilegiado si se toma en consideración la experiencia primigenia hatiana, colonia francesa en medio del Caribe, y poco después que aquella, la de México en donde también en 1784 tendría lugar el experimento del vuelo de un globo aerostático no tripulado. Menos de dos años de nacido en la casona de San Jacinto tenía el niño Simón de la Santísima Trinidad Bolívar y Palacios cuando el capitán genera Torres de Navarra impulsa la presentación del globo aerostático en la Provincia bajo su mando.
Queda pendiente concordar los registros o versiones en cuanto a la fecha exacta de la experiencia en Haití o como entonces se le conocía Saint Domingue francés luego de la cesión española a Francia de parte de Santo Domingo. En 1784 no había ocurrido la llamada revolución haitiana.
Que sepamos, el 2003 tuvo lugar el más reciente vuelo de un globo aerostático en Caracas. Fue con motivo del primer centenario del vuelo controlado realizado en Carolina del Norte (Estados Unidos) gracias a la inventiva de los hermanos Wright. Ese vuelo de globo en Caracas lo protagonizó Jimmy Marull desde la Plaza Altamira. 
En diciembre de aquel mismo año, Marull elevó su globo sin tripulante desde el patio central del Museo del Transporte donde se efectuaba bajo la coordinación del ingeniero Efraín Mata Golding, la primera de una serie de conferencias informativas acerca de los orígenes de la aviación en el mundo y nuestro país. 


Imagen del globo de Marull se eleva sobre la plaza Altamira, en Caracas el 2003.

viernes, 15 de abril de 2016

Francisco Herrera Luque el vecino de Altamira con historia y grande en la literatura

25 años del fallecimiento de uno de nuestros escritores más leídos en Venezuela y el mundo, figuró entre los grandes personajes residentes del municipio Chacao
En diciembre de 1966, Francisco Herrera Luque (Caracas, 1927/1991) estrenó un Oldsmobile ocho cilindros en V, cuatro puertas, escogido entre la gama ofrecida por don José Mateu en la Compañía Nacional de Automóviles C. A., establecimiento con historia situado en Puente Hierro. 
Cuando llegó a la casa en la Avenida 12 de Altamira, no pasó desapercibido el vecino con carro americano nuevo utilizado un par de días antes de Navidad para con María Margarita ir a comprar el Niño Jesús en Juguetelandia. De vuelta en Altamira, tuvieron la ingenuidad de dejar los regalos en la maleta del carro para que los muchachos ni sospecharan las sorpresas que les aguardaban. 
Pero la mañana siguiente, apenas bajaron a desayunar, la mucama española tenía embuchada la noticia de que durante la noche alguien se llevó el flamante sedán blanco. Casi sin rodaje, apenas estrenado y poco disfrutado, los Herrera-Terán perdieron para siempre aquel vehículo que tardarían en reponer mediante la compra de otro que pondría fin a la subordinación casi total a “carros libres”.
Era rígido, exigente en la educación de sus hijos, estudiantes del Colegio Santiago de León de Caracas. Los varones siempre se quejaban de la rigidez del padre pero la hembra fue muy consentida…”. Nuestros cinco hijos fueron criados con mucho amor, esfuerzo, en un hogar lleno de valores morales y sobre todo donde se les inculcó amor por el país”, recuerda María Margarita Terán, viuda de Francisco Herrera Luque.
Cuando en 1963 fijaron residencia en la parte alta de Altamira, las obras de la Cota Mil eran el patio de recreo de la muchachera de la zona. Regresaba a sus respectivas casas totalmente entierrada de pies a cabeza, contentísima por las experiencias de jugar con absoluta libertad entre los canjilones y terraplenes mientras duró la construcción de la avenida que no pocos inconvenientes significó hasta su apertura al tránsito.
Según María Margarita, la personalidad de su esposo “estaba formada por un tríptico: querer (disposición a ser); poder (tener capacidad de hacer) y hacer (llevarlo a cabo), acompañada de tres exigencias: silencio, cigarrillo y café”. 
En la intimidad era disciplinado, reflexivo, con buen humor; disfrutaba de la buena mesa y puntual hasta la exageración. Lo desesperaba la impuntualidad del venezolano. En los pocos ratos libres o de ocio jugaba tiro al blanco con un arco, ajedrez y lo entretenía la jardinería. También lo apasionó el cine.
Muy joven asumió el compromiso de revisar la historia oral referida por su abuelo Andrés Herrera Vegas (1871/1948), distinta de la enseñada en las escuelas, de la historia oficial. Eso lo vuelca a investigar los hechos hasta encontrar cómo sucedieron, cuál era la auténtica personalidad de los personajes y cómo eran los escenarios en los cuales tuvieron lugar los grandes acontecimientos nacionales –asegura María Margarita. 
En la juventud le interesó la ciencia pero también el humanismo, la cultura, el mundo de las ideas y del pensamiento universal. La influencia del padre, el psiquiatra Francisco Herrera Guerrero (Caracas 1902/España 1950), determinó los estudios de medicina (1946/1953) pero una vez en el oficio lo enamoró la psiquiatría (1954/55), factor determinante y presente en toda su obra como investigador y hombre de letras.
Al regreso de Europa (1955), en octubre de 1956 casó con María Margarita Terán Austria, unión de la que nacieron cinco hijos: Francisco (1957), Bernardo (1958), Martín (1960/1993), Mariana (1963) y Juan Manuel (1964/1987).
La pareja se conoció (mayo de 1956) durante una corrida de toros en el Nuevo Circo y a los cinco meses contrajo matrimonio. El noviazgo transcurre en la casa de la familia Terán-Austrias entre las 3ª y 4ª transversales de la avenida Mohedano de La Castellana. Antes de contraer matrimonio FHL residía en La Florida con su madre, doña María Luisa Luque Carvallo, viuda desde 1950.
Después de la boda en la iglesia de Chacao, “siempre lo vi en su escritorio trabajando. Compartí mucho con él en un principio. Él me decía Negrita y cuando escribía, como no existía la computadora, él redactaba, leía, corregía, cortaba el papel, lo pegaba con teipe, subía un capítulo con otro a punta de tijera y goma; después me decía con cara de imploración: “Negrita, ¿por qué no me pasas estas páginas en limpio?”.
Los primeros años del matrimonio transcurrieron en diversos domicilios incluyendo Caraballeda. A falta de techo propio, vivieron alquilados en Baruta, en el edificio “Estoril” en Los Palos Grandes así como en cierta quinta de indiscutible comodidad situada en la Quinta Avenida de esa misma urbanización. Allí pasaron poco tiempo pues pronto percibieron lo que parecía la presencia de un alma en pena. “La historia en esa casa terminó cuando un amigo nos trajo la información de que en medio de una discusión, en plena sala, el marido hirió de muerte a su esposa”. 
En búsqueda de algo mejor y sin rastros de muerte, dieron con la propiedad a la venta por el general (Ej) Elías Antonio García Barrios (promoción 1952), situada en la Avenida 12 de Altamira. La quinta “La Tercera” –subiendo, tercera parcela del lado izquierdo- era hermosa, espaciosa y se ajustaba a las crecientes necesidades de la familia. 
“Pancho carecía de dinero… Jamás tuvo plata ni siquiera después que con su trabajo como médico y catedrático universitario, investigador y escritor casi a tiempo completo, se comienza a figurar entre los autores que más libros ha vendido en la historia editorial del país”. 
Pero se atrevió a comprar por 190 mil bolívares la casa de García Barrios cuando la abuela Alejandrina Carvallo de Luque le dona al aventajado y afectuoso nieto, un galpón en Quinta Crespo. A poco de Pancho recibirlo, el local fue expropiado para dar paso a una obra pública. El gobierno lo pagó con tal prontitud que Herrera Luque pudo cancelar la cuota inicial. 
Recién mudados optaron por cambiar el nombre a la casa: “San Martín” en lugar de “La Tercera”. Doña María Luisa Luque fue devota de San Martín, la razón para el cambio.
El inmueble de dos plantas tenía detrás terreno que el nuevo propietario se ocupó de sembrar de frutales y organizar un jardín hermoso donde los cinco hijos soñaban con la llegada del “fin de semana para hacer nuestras parrillas, mientras nos contemplabas a todos monearnos por cada uno de esos árboles que sembraste en esa quinta de Altamira que nos vio nacer”.
De la casa de Altamira que al escritor rodeaba de comodidades para trabajar aislado e incluso a partir de determinado momento, atender a los pocos pacientes que recibía al resolver dedicarse a escribir el mayor tiempo posible, a Mariana Herrera Terán le resultan inolvidables: el cuarto de trabajo de su padre situado en el ático, de donde provenía “el taquititaqui de su máquina de escribir,… el olor a cigarrillo y la Jean Marie Farine,… En el estar, la televisión (prendida) y todos los cojines en el piso () cuando nos explayamos mis hermanos y yo después de hacer las tareas… La puerta de la biblioteca (sometida a) la norma (): “mientras escuchen la máquina de tu papá no pueden entrar” (donde con absoluta seguridad lo hallarían) con (el) cigarrillo en la boca y su marcador negro haciendo sus últimas correcciones…, la silla de cuero…”.
Con extrema crudeza Bernardo considera que “San Martín representó un hogar militarizado. Teníamos reglas muy estrictas para la convivencia. Teníamos un decálogo detrás de las puertas de cuarto,… desayunar a las siete todos juntos. Estar todos sentados a una hora fija para el almuerzo y no se comía fuera de horario. Las visitas estaban prohibidas. No disfrutamos de una infancia: prohibido jugar ni ver tv entre dos y seis, que era la siesta de mi papa. Vimos crecer la hiedra y los árboles que sembramos mis hermanos con mi papá”.
“Siempre me sentí volcada a quitarle a Pancho las mayores preocupaciones domésticas para que realizara su obra… -comenta la señora Herrera Luque antes de agregar: “Su búsqueda e investigaciones siempre fueron en solitario. ¡Su musa era Venezuela! Repetía: educar, educar, educar. Hay que estimular la lectura porque no sólo es instruirse sino también estimular el recogimiento espiritual”. 
Agrega María Margarita: “La máxima preocupación de FHL era la violencia que siempre ha estado presente en la personalidad del venezolano, en buena medida la razón de tres de sus libros: Los viajeros de Indias, Las personalidades psicopáticas y La Huella Perenne”.
El ruido de las teclas fue constante a lo largo de la residencia (1963/1989) en la quinta “San Martín” pues cierto día Gabriel García Márquez le preguntó a FHL cómo escribía, si a máquina o a computadora: “¡Con máquina!” -respondió. Entonces Gabo le prometió una computadora si se comprometía a usarla. Lamentablemente cuando llegó, Pancho había fallecido. 
La muerte de Juan Manuel hizo irresistible la permanencia en la casa de la Avenida 12 de Altamira la cual se prologó 26 años. El muchacho estaba en la recta final de los estudios de medicina cuando una enfermedad lo condena a sobrevivir irremediablemente apenas meses.
En 1989 los Herrera-Terán se reubican en un apartamento arrendado muy bien situado en la parte baja de La Castellana, municipio Chacao. 
En diálogo imaginario entre Mariana y su padre, él habría referido: “Viniendo para la plaza (Altamira) me di cuenta que en este municipio pasé los mejores años de mi vida. Al nacer Pancho tu hermano mayor, logramos mudarnos a un reducido apartamento en los Palos Grandes por supuesto alquilado, mi sueldo de médico recién graduado no me permitía más lujo, hasta que finalmente compré lo que fue mi primera y única casa. Como ya tu sabes las penurias que pasamos con la enfermedad de tu hermano tuve que vender la casa, gracias a dios nuestro vecino (Amadeo) Marcos al que no lo hiciera al que yo me negué y le ofrecí que mejor me comprara la casa y así se hizo. Fueron momentos muy duros, siempre dije que de mi casa saldría con los pies palante, pero el destino me cambió la jugada, sentí temor de también tener que salir de mi entorno de cuarenta años, pero ya sabes como es tu mamá…”
En el apartamento de un amigo residente un piso más arriba en el mismo edificio, la noche del 15 de abril de 1991, a los 64 años de edad, un ataque al corazón puso fin a la presencia terrenal de ese venezolano “que siempre debe ser leído y siempre recordado como el gran escritor gracias a cuyos renglones pudimos penetrar en el alma de Venezuela y en sus graves conflictos y enigmas” –afirma su biógrafo, el crítico literario e historiador Roberto José Lovera De Sola.
Nicomedes Febres Luces, médico, historiador, coleccionista, marchad de arte, de la obra de FHL resalta el valor que le imprimió “al complejo cultural y genético de nuestro país, enfrentado (por) Herrera Luque, quien aparte de ser el psiquiatra que fue, manejaba la Historia de Venezuela como muy pocos. Por eso, tirios y troyanos temen a Herrera Luque pese a que su obra se defiende sola, aunque algunos la traten de ignorar”.
Alfredo Schael

Francisco Herrera Luque (Caracas 1927/1991) en la biblioteca de la casa donde residió 27 años en la parte alta de la urbanización Altamira.
El espacio posterior de la quinta “San Martín” aprovechada para el goce por toda la familia –incluido el mastín inglés Paton- hasta la irreparable pérdida de Juan Manuel.

Quinta “La Tercera” después “San Martín” en la Avenida 12 de Altamira. Hace poco fue derrumbada para dar paso a un edificio en la actualidad (2016) en construcción.

La pareja Herrera-Terán en la sala de la quinta “San Martín”.

Oldsmobile sedán 1966 blanco igual al que al poco de haberlo adquirido el hampa se lo llevó del garaje de la quinta “San Martín” con el Niño Jesús que los esposos Herrera Luque-Terán habían comprado la víspera del 24 de diciembre de 1966.

Pancho se distrajo sembrando frutales en el amplio patio trasero de la casa de Altamira en la que escribió la mayor parte de su obra científica e histórica contenida en libros desde 1957 de gran demanda objeto de las más controversiales análisis.




Museo indefenso

A nadie extrañe si un domingo cualquiera llega al Museo del Transporte y encuentra vacíos.
Se trata de los efectos contraproducentes de la obra continuada de rateros que de noche hacen de las suyas sin existir persona ni autoridad que ponga coto a la acción de depredadores que, por ejemplo, entre el sábado y domingo pasados (9 y 10 de abril 2016) cargaron con partes de colecciones de objetos relacionados con los antiguos servicios de bomberos de Caracas. No es la primera vez.
Puede ser alguien dado a asuntos relacionados con bomberos o rateros que se llevan lo ajeno para canjearlo por unos cuantos bolívares de esos que valen nada pues con cien de ellos casi no existe qué comprar para tan siquiera un bocado.
Los metales interesan a fundidores que trabajan en estrecha relación con la delincuencia, igual que las reventas de relojes, oro y plata, celulares y otros objetos con demanda en el mercado secundario no controlado (como casi todas las cuestiones).
La acción de tales delincuentes llegados de otras partes o personas que cada día pululan alrededor de este sector de la avenida Miranda, Parque General Miranda, el complejo deportivo Papá Carrillo, centros comerciales, urbanización La Carlota, sede de Sudeban, etcétera, es indetenible por autoridades incapacitadas para prevenir ni pescar a quienes hurtan, asaltan o roban por estos lares desprotegidos como la mayor parte de la capital, ciudades, pueblos, caminos y campos del país.
En el caso particular de las instalaciones del Museo del Transporte y su patrimonio, además de las pérdidas irreparables, preocupa el presumible empleo de menores de edad pues los espacios por los cuales ocurren las penetraciones a las salas no son otros que, por tan pequeños, sólo niños caben para entrar en busca de objetos seleccionados que toman de las estanterías y exhibiciones para entregarlos a personas mayores por los mismos reducidos espacios libres entre cada marco de los vidrios que conforman las ventanas tipo basculantes. Doble es la maldad propiciada: se atenta contra la integridad del patrimonio de la institución e inducen al delito a quienes ni siquiera deben tener desarrollado el raciocinio. Sin embargo conviene dejar por sentado que nadie dude que podemos abrigar la sospecha de que no todo aquel que puede estar involucrado son precisamente tontos útiles.
De nada valen las comunicaciones consignadas en POLISUCRE, impotente ante los desmanes de los cuales cualquier persona, institución, lugar público o privado, puede ser objeto a cualquier hora pues tampoco precisa la nocturnidad para ser víctima. A plena luz se ven reuniones en los bajos del elevado o individuos deambulando. Son sin techo entre quienes tal vez alguno se la tiene dedicada al patrimonio de esta institución al servicio del bien de todos y para todos por siempre –mientras le permitan subsistir-.
En los alrededores también padecen la acción de motorizados que pescan víctimas de su actuación impune entre viandantes que ocupan las aceras entre la esquina de la avenida Miranda tanto en dirección al distribuidor Santa Cecilia como hacia la entrada de la urbanización La Carlota. Tiempo la que la actividad de cacos en moto es corriente a partir de tempranas horas de la mañana hasta entrada la noche.
¿Está condenado el patrimonio formado por las colecciones de la Fundación Museo del Transporte establecida en 1970 a la suerte de bienes y otros patrimonios perdidos que estaban dentro de la sede y laboratorios del Instituto de Medicina Tropical o del Instituto de Inmunología o en la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la UCV como en otros espacios-objetivo del comportamiento destructivo de sujetos que merecen trato cónsono con su conducta por autoridades de policía, órganos de protección y salvaguarda de personas y bienes ajenos así como de la justicia?
La Fundación Museo del Transporte lleva a cabo tantos esfuerzos como son posibles en función de la salvaguarda de su patrimonio aunque nunca logre asumir cada sugerencia adicional en materia de aseguramiento precautelar, personal especializado en seguridad, controles electrónicos e iluminación a todo hora, concertinas, ojos mágicos, tendidos eléctricos, blindajes, “cables pelados”,… Tantas recomendaciones costosas de difícil mantenimiento por entes que apenas recaudan céntimos auto generados para mantener abierto el Museo. Las valoramos todas pero,…
Como debe ser estamos notificando de las pérdidas recientes al Ministerio del PPP la Cultura como al Instituto de Patrimonio Cultural, entes donde reposan los inventarios de la Fundación Museo del Transporte como bienes de interés cultural protegidos que son de conformidad con la legislación vigente.
Gracias por la atención dispensada.

Partes de un total mayor sustraído el pasado fin de semana. Quien lo tenga en sus manos está en posesión de un bien patrimonio sujeto a protección legal por parte del Estado venezolano. Comete delito al igual que quien lo sustrajo de donde estaba expuesto.

Miguel de Cervantes y Saavedra Cuatrocientos años

Rafael Díaz Casanova

Se cumplen este año y se conmemoran, los cuatrocientos años del fallecimiento de los dos escritores más famosos e importantes de dos de los idiomas más empleados en el mundo, el español o castellano y el inglés. El 22 de abril, de acuerdo con lo que dice Jean Canavaggio en su obra “Cervantes en su vivir”, Miguel de Cervantes y Saavedra, el “manco de Lepanto” falleció ese día en Madrid. Existen dudas sobre si fue el 23 de abril o el 3 de mayo cuando abandonó este mundo William Shakespeare.
La Embajada del Reino de España, que dirige nuestro apreciado amigo Antonio Pérez-Hernández Torra, secundado por sus competentes colaboradores de la Agregaduría Cultural, de acuerdo con la Junta Directiva de la Academia Venezolana de la Lengua presidida por el doctor Horacio Biord Castillo y secundados por la totalidad de las Academias Nacionales, organizaron y llevaron adelante un sobrio acto que tuvo como escenario el bello Paraninfo del Palacio de las Academias ubicado entre las esquinas de La Bolsa y San Francisco, en Caracas.
El académico Biord destacó la importancia tanto del acto como del homenajeado Miguel de Cervantes Saavedra. Cedió la palabra al Señor Embajador quien disertó de manera estupenda sobre el significado de la maravillosa obra “Don Quijote de La Mancha” y de su autor, destacando interesantes facetas en el contexto de la manera de vivir del hombre y de la trascendencia de la maravillosa obra.
A renglón seguido, desde el púlpito de Santo Tomás, tomó la palabra el académico Edgardo Mondolfi Gudat quien hilvanó una estupenda pieza oratoria alrededor de la presencia de Cervantes y el uso de menciones de El Quijote entre los políticos venezolanos. Interesante conocer las menciones que hicieron Francisco de Miranda, Simón Bolívar, Rómulo Betancourt, Rómulo Gallegos, Miguel Otero Silva y Arturo Uslar Pietri de estupendas referencias encontradas en Don Quijote. Mondolfi empleó especial énfasis y justificó la situación mental de El Libertador en el infausto diciembre de 1830, ante aquella repetida frase: “Cristo, El Quijote y yo somos los más grandes majaderos de este mundo”…
Después de un ameno “intermezzo” musical en el que un estupendo ensamble de música barroca interpretó obras de los tiempos de Cervantes y piezas de la música latinoamericana, se comenzó un ameno grupo de intervenciones nuevamente iniciadas por el representante de España, seguido de Rafael Arráiz Lucca en representación de la Academia Venezolana de la Lengua, Gioconda Cunto de San Blas en representación de la Academia de Ciencias Físicas, Matemáticas y Naturales, Inés Quintero Montiel en representación de la Academia Nacional de la Historia, Ramón Escovar León en representación de la Academia de Ciencias Políticas y Sociales, Eduardo Buroz Castillo en representación de la Academia Nacional de la Ingeniería y el Hábitat y cerró el ciclo de lecturas el Embajador de la República del Perú Mario Juvenal López Chavarri quien representó a los enviados de las naciones latinoamericanas.
Todos ellos leyeron para los presentes trozos de El Quijote donde Cervantes hizo referencias a eventos relacionados con las actividades de cada uno de los expositores.
La asistencia del público fue enorme, dados tanto la importancia del acto como la significación del mismo y sin tratar de hacer una agenda, debemos resaltar la presencia del Decano del Cuerpo Diplomático y representante de la Santa Sede, monseñor Aldo Giordano.
Actos como el que reseñamos hacen fundar esperanzas sobre la Venezuela que queremos y nos merecemos.
Felicitaciones a los organizadores y a todos quienes intervinieron en su lustre e importancia. Muy especialmente a la Embajada del Reino de España que siempre dice PRESENTE ante las manifestaciones culturales que tienen origen en nuestros amigos países.
Caracas, 1º de abril de 2016.
rafael862@yahoo.com

@rafael862








Hubo un tiempo en el que los coches eran eléctricos

Los orígenes

Los primeros inventos, como el motor imantado del ingeniero húngaro Ányos Jedlik (1828), considerada la primera mecánica eléctrica, y el carruaje electrificado del estadounidense Thomas Davenport (1835), por su parte la primera aplicación sobre ruedas, sentaron las bases tecnológicas del automóvil a pilas. Como curiosidad, el propulsor de Jedlik está expuesto en el Museo de Ciencia, Tecnología y Transporte de Budapest y todavía funciona, 188 años después.
La aparición de las baterías recargables (1880) marcó el primer gran avance, permitiendo una mejora inmediata del rendimiento del coche eléctrico. Tanto, que apenas unos años después (1899), el belga Camile Jenatzy fue capaz de superar los 100 km/h propulsado por esta energía, dejando así atrás al vapor y la gasolina, y estableciendo un nuevo récord de velocidad sobre tierra: 105,8 km/h.
La época dorada
Los modelos eléctricos de entonces eran más cómodos, limpios y silenciosos que los de combustión, porque no torturaban al conductor y pasajeros con violentas vibraciones y sacudidas, pérdidas de líquidos y nubes de humo a cada metro recorrido. Y, además, se arrancaban con un botón, sin los esfuerzos que exigía el clásico giro de manivela de los modelos térmicos de la época.
En las décadas de 1910 y 1920 alcanzaron cierta popularidad, utilizándose como taxi en la ciudad de Nueva York y llegando a copar cerca del 30% de las ventas totales en EE UU, con propuestas de fabricantes como Studebaker, Anthony Electric y Detroit (en el fotograma, su modelo Coupe).
A principios del Siglo XX, las baterías fabricadas por Thomas Edison eran las preferidas por la mayoría de marcas y, en modelos como el Detroit Coupe, anunciaban una autonomía de nada menos que 130 kilómetros.

Declive

Sin embargo, la rápida evolución tecnológica de los vehículos de gasolina, que pronto superaron a los eléctricos en prestaciones y radio de acción, junto con la generalización de la producción en serie puesta en marcha por Henry Ford, que abarató mucho sus precios, provocaron el declive de los modelos con baterías.
La II Guerra Mundial tampoco ayudó, porque los recursos se destinaron a aplicaciones bélicas, y el vehículo eléctrico quedó relegado al ámbito industrial, como carretilla elevadora, por ejemplo. En la década de los años 50 empezaron a venderse los primeros carritos eléctricos de golf, pero el automóvil con baterías había desaparecido del mapa, y permaneció en el olvido durante cerca de 40 años.
Los experimentos de los años 70
La primera gran crisis energética mundial (1973) impulsó a algunos fabricantes a recuperar los modelos eléctricos y proponer pequeños vehículos pensados para los desplazamientos urbanos diarios, como el Enfield 8000 o el más popular Citicar de Sebring-Vanguard. Ambos podían recorrer unos 65 kilómetros por carga.
Pero fue solo un resurgir fugaz, porque del Enfield, de producción británica, apenas se ensamblaron 120 unidades, mientras que del Citicar, estadounidense, se llegaron a fabricar unos 4.400 entre 1974 y 1977.

El resurgir de los 90

El coche eléctrico moderno, el que se comercializa hoy, le debe mucho al EV-1 que General Motors (GM) presentó en 1996. Se trataba de un modelo a pilas visionario, tanto por su diseño y tecnología como por su rendimiento: inicialmente, con pilas de plomo-ácido, ofrecía una autonomía de hasta 160 kilómetros; después, con la inclusión de nuevas baterías de níquel metal hidruro, llegó hasta 225 kilómetros.
Pero murió pronto, en 1999, cuando GM cesó su producción e inició uno de los mayores culebrones de la historia del automóvil. El fabricante instó a los conductores, que disfrutaban los EV-1 en régimen de alquiler, a devolver los vehículos para retirarlos de la circulación. Y la mayoría acabaron desguazados, a pesar de que muchos de los usuarios estaban dispuestos a comprar el coche.
La marca esgrime que el modelo era demasiado costoso y poco rentable, y que nació como respuesta a la exigencia de una normativa medioambiental que obligaba a los fabricantes a contar con modelos sin emisiones en su gama. Pero la norma cambió al poco tiempo, haciéndose más permisiva, y GM decidió cancelar el proyecto. Al final, se fabricaron poco más de 1.100 unidades.
El documental ¿Quién mató al coche eléctrico?, de 2006, ofrece otra visión diferente de la desaparición del EV-1, basándola en las presiones del lobby del petróleo
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Nuevo Siglo

Tesla recogió el testigo del EV-1 y en 2008 lanzó su modelo Roadster, que introdujo al vehículo eléctrico en el Siglo XXI. El coche no era otra cosa que un Lotus Elise modificado, pero contaba con unas nuevas baterías de ion litio que llevaron la autonomía a una dimensión desconocida hasta entonces: más de 300 kilómetros.
Todos los coches eléctricos de ahora beben de la fuente técnica de Tesla, que fue la primera en aplicar las baterías de litio que hoy están tan extendidas. Y es que el mayor rendimiento de estas pilas animó a varias marcas a lanzar nuevos modelos a partir de 2010.
De la hornada moderna de eléctricos, sobresale el Nissan Leaf, que ha conseguido ser la propuesta con mayor expansión global y ventas: está presente en América, Europa y Asia, y supera ya las 200.000 unidades comercializadas, lo que lo convierte en el coche a pilas más popular de la historia del automóvil.
La mejora de las baterías, que seguirán ampliando su autonomía, la caída de precios y las próximas normas de emisiones, cada vez más restrictivas, garantizan el futuro al coche eléctrico, que, además, será la base del próximo desafío, el coche sin conductor, autopilotado.