41 años de
actividades completó el Museo del Transporte el 12 de octubre. La Junta
Directiva hizo entrega de bien merecidos reconocimientos por años de servicio y
dedicación del personal entre quienes figuraron los que aparecen en la
fotografía: Jorge Bello (17), Orlando Gil (20), Adolfo Bracamonte (21), Nixon
Domínguez (6), Benito Contreras (17), Edelmira Adames (17).
lunes, 17 de octubre de 2011
Mussolini en Roma con Felipe Larrazábal y otros viajeros del Virgilio
En
la colección de la Fundación Museo del
Transporte, expuesta en una de las salas, figura la maqueta a gran
escala del vapor Virgilio, motonave construida
en 1926 por Canted Officine de Baia (Brasil) para la Navigazione Generale
Italiana.
En 1928, el Virgilio
comenzó a realizar la ruta mercante Mediterráneo-Canal de Panamá-Pacífico del
Sur. Alcanzaba una velocidad de 17 nudos. Transportaba 640 pasajeros y 200
tripulantes.
En 1937 embarcó en La Guaira al grupo de oficiales y
marineros que formó la misión enviada a Italia para traer el par de barcos
destinados a reforzar el poder naval hasta entonces existente, el cual era
precario.
En
reportaje publicado en la web FAV-Club (http://fav-club.com/index.php?option=com_content&view=article&id=318:1938-mision-naval-venezolana-en-italia-la-primera-vez-que-clases-y-marineros-venezolanos-viajaron-a-europa&catid=26:historia&Itemid=25), Ramón Rivero Blanco destaca que “producto
de las negociaciones iniciadas en 1934 entre el gobierno de Venezuela y el
Reino de Italia, fueron adquiridos dos buques de guerra, catalogados
inicialmente como cruceros en algunos documentos oficiales y la prensa
nacional”.
Al mando del Capitán de Navío
Felipe Larrazábal, “la misión naval venezolana que viajó a Italia en 1938 para
recibir y tripular estas dos unidades de guerra, fue la primera ocasión en que
clases y marineros venezolanos viajaron a Europa”. Larrazábal estuvo antes para
ultimar los detalles de la compra del material destinado a la marina de guerra.
Incluía submarinos.
Los navíos adquiridos eran
realmente dos siembra/draga-minas pertenecientes a la clase Ostia llamados
Milazzo y Dardanelli, diseñados para la Regia Marina italiana por el
teniente general del Cuerpo de Ingenieros Navales Francesco Rotundi en 1924 y
comisionados al Establecimiento Técnico Triestino en Monfalcone. Rotundi, entre
muchos otros diseños de importancia, fue el creador del buque escuela italiano Americo
Vespucio - escribe Rivero Blanco.
El Milazzo y el Dardanelli
fueron modificados y puestos a punto para Venezuela en los astilleros de
Muggiano en La Spezia, y entre las modificaciones importantes que se les
realizaron se pueden mencionar la conversión del sistema de calentamiento de
las calderas de carbón a petróleo y la eliminación del sistema de siembra y
dragado de minas. Típicamente la tripulación consistía de 10 oficiales y 75
clases y marineros.
Inicialmente los cruceros
que serían clasificados definitivamente como cañoneros iban a ser
denominados General Urdaneta y Orinoco, pero este último fue
finalmente designado General Soublette.
En Roma, la misión naval
venezolana fue recibida personalmente nada menos que por Benito Mussolini,
político que tras acceder al poder en 1922 al cabo de la Marcha sobre Roma,
estableció una dictadura fascista de partido único. Después de 1935, optó por
una política expansionista que le llevó a la alianza con Hitler la cual tuvo
entre otros eventos notables la intervención conjunta en España y formación del
Eje Roma-Berlín en 1936 así como la firma del Pacto de Acero en 1939. Mussolini
estuvo en el poder hasta 1943. Murió ahorcado.
Durante la Segunda Guerra Mundial, el Orazio como el Virgilio, fueron utilizados para transporte militar y
buque-hospital.
En 1943, el Virgilio
requisado por los alemanes y un año después hundido por los mismos.
Junto con el barco de
pasajeros gemelo, Orazio, a partir de
1928 y la década de 1930, transportó numerosos europeos que acogieron a
Venezuela como su nueva patria.
Gracias
al nieto del Capitán de Navío Felipe Larrazábal, Enrique Cárdenas Larrazábal, la
Fundación Museo del Transporte tuvo acceso a la fotografía que ilustra esta
nota. Amplía aspectos de lo señalado con lujo de detalles, por Ramón Rivero
Blanco. En la misma, Larrazábal aparece a la izquierda (gran estatura, de
uniforme) de Mussolini, a su vez acompañado de colaboradores situados a la
derecha. A la izquierda del Jefe de la Misión Naval venezolana, otros oficiales
(no identificados) quienes viajaron a Italia en el Virgilio desde el puerto de La Guaira.
Maqueta del vapor mercante italiano Virgilio de la colección del Museo del Transporte Guillermo José Schael.
Ambulancias y camiones para el estado Guárico
Durante
la administración del general Eleazar López Contreras, a quien tocó suceder a
Juan Vicente Gómez, quien murió en Maracay el 17 de diciembre de 1935,
correspondió dar pasos importantes para mejorar el estado de muchas cosas en
las cuales la dictadura sumió al país durante más de treinta años. Había pendientes cuestiones esenciales de
orden educativo y sanitarios como políticas como en otros servicios y
actividades las cuales debían ser objeto de verdadera atención o coerción a
fondo. Efectivamente liderizó tales procesos el gobierno de López Contreras
entre diciembre 1935 y mayo de 1941, cuando le sucede el general Isaías Medina
Angarita en el jefatura del gobierno. El primer Presidente de Estado designado
por López para Guárico fue el doctor Guillermo
Barreto Méndez.
El
coleccionista Manuel Antonio Palezuela tuvo el amable gesto de donar en fecha
reciente al Museo del Transporte fotografías como las adjuntas. Muestran una de
las ambulancias incorporadas a los servicios de salud pública del estado Guárico
así como la flota de camiones de estaca alta puesta a disposición de los
productores agrícolas de ese mismo Estado, adecuadamente representado por el
monumento a San Juan y más derecha, los emblemáticos morros que forman el
Parque Arístides Rojas. Fueron vehículos marca Chevrolet modelo 1937 –confirma
el experto en automovilismo, Jorge Bello Domínguez, bibliotecario del Museo del
Transporte.
viernes, 14 de octubre de 2011
A Mauro Freschi
No tenía sesenta años de vida Mauro Freschi Furlan, el hombre excepcional que se fue para siempre hoy por la mañana, hora de Padua. Se marchó de esta vida confiado en que Dios y la ciencia harían posible superara complicados males que hace nueve meses determinaron la internación médica en procura del milagro que significaría complacerlo: permitirle regresar e reintegrarse al trabajo.
Hasta hace poco, incluso vía internet, colaboró con el Museo del Transporte. Por años fue el voluntario francamente desinteresado que nos dejaba su saber y las formidables habilidades las cuales perdurarán expuestas en diferentes elementos que tocó entre tantos que forman estas colecciones Patrimonio Cultural de Venezuela.
Estaba orgulloso de liderar el encendido del motor de uno de los dos Ford T exhibidos en el Salón del Automóvil al cual, al igual que al campo ferroviario, aviación, modalismo, y cien más, Mauro, sabio en variadas disciplinas, dispensó atención. De los T, el corpulento y acucioso Mauro localizó la data de 1914 como la del Cadillac Tulip de 1906.
Nos asesoró cómo conservar piezas a escala. Era maestro del modelismo estático. De los mejores del país. En cada exposición tenía casi el derecho a todos los premios. Se hizo famoso por la maravillosa reproducción diminuta de Neil Amstrong de pie sobre la superficie de la Luna, pieza con la cual hizo historia. Queda como monumento a la excelencia de Mauro en el manejo de habilidosas manos, las técnicas y el empleo del arte de alcanzar la perfección.
Perfección plasmada en cada tarea emprendida bien como operador de complejos sistemas cibernéticos como también de aparatos mecánicos,... Era especialista en numismática, en manipular el photoshop,… Como pocos llevaba de memoria paso a paso el avance hacia el más allá: cohetería, satélites, misiones espaciales,...
Realmente era capaz de convertir en obra de arte cuanto tocaba y, menos sobrevivir al temprano mal que lo aquejó, cristalizar con maestría cada proyecto que le cruzara la mente.
Tenaz, jamás retrocedía. Hizo de la conversación ilustradora su gancho fuerte para captar la atención a su alrededor. Era fuente inagotable de saber de las cosas más sencillas como de las complejidades. Lo compartía sin egoísmo como buen didacta presto a enseñar.
Admiraba al papá -técnico mecánico de Plachart & Cía- y se desdobló en cuidados a la mamá. A Margarita su mujer. Amó la vida. Sirvió. Dominaba la culinaria, las artes, lo curioso, lo fantástico. Admiraba a la Italia de los ancestros como a la Venezuela que le vió nacer, donde volcó todo desde que el bebé empezó a descubrirla a través de los ventanales del apartamento de los Freschi Furlan en el primer edificio que Luis Roche construyó en Los Caobos alrededor de la Plaza Venezuela.
El Museo del Transporte ha perdido a quien montó la primera página web que tuvimos, guardada ahora en disketes a la espera de resucitarla. Despide hoy al colaborador pero por sobre todo al excelso amigo quien no sólo deja hermosos recuerdos.
Alfredo Schael
Jueves 13 de octubre 2011
miércoles, 5 de octubre de 2011
Presidentes al hombro
Tres presidentes de
la era democrática iniciada con las elecciones de diciembre de 1958,
fallecieron en el exterior. Todos militantes de Acción Democrática. Si como
está previsto ocurra con Carlos Andrés Pérez, serían tres los
expresidentes llevados en hombros a lo largo boulevard El Cafetal. Raúl Leoni y
Rómulo Betancourt fueron los primeros.
Particularmente emotiva fue la conducción del
doctor Leoni, quien falleció un 5 de julio en Nueva York mientras era tratado
de una hemorragia. Eso fue en 1972. En las aceras de la avenida principal de El
Cafetal, la gente se agolpó para ver pasar la lenta marcha de sus compañeros de
partido que llevaban el ataud en los hombros.
También los restos de Rómulo Betancourt
debieron ser traídos a Caracas por estos días hace 30 años pues murió al anochecer
del 28 de septiembre de 1981 en un hospital de Nueva York debido al derrame que
sufrió al caer al piso en el apartamento donde escribía sus memorias. Como a
Leoni, le fueron rendidos los honores según el protocolo de Estado el cual
incluye el velatorio en capilla ardiente en el Salón Elíptico del Capitolio, en
Caracas.
Estas honras fúnebres estuvieron
especialmente concurridas y el pueblo adeco como en general la gente, las
acompañó tanto en los actos protocolares al frente de los cuales estuvieron
como les correspondía, los presidentes Rafael Caldera, en el caso de Leoni, y
Luis Herrera Campins, en las exequias de Betancourt. La urna de Betancourt,
envuelta por el pabellón tricolor, colocada sobre un armón, fue halada por
cadetes.
En
territorio de los Estados Unidos han fallecido seis ex presidentes venezolanos:
José M. Vargas (NY 1853), José A. Páez (NY 1873), Cipriano Castro (Pto. Rico 1924),
Rómulo Betancourt (NY 1981), Raúl Leoni (NY 1972), Carlos Andrés Pérez (Miami 2010).
En la historia de Venezuela del siglo XX, en
septiembre de 1953, el féretro general Medina Angarita fue llevado en hombros
por el pueblo desde Country Club hasta el Cementerio del Sur. Jornada jamás
vista. Ramón J. Velásquez apunta que el gobierno decretó duelo oficial por ocho
días, pero la viuda Irma Felizola de Medina Angarita, se negó a que el cadáver
de su esposo fuera velado en el Salón Elíptico del Capitolio Nacional. De su
casa en la urbanización Country Club salió el cortejo fúnebre en horas de la
mañana, seguido por miles de personas quienes turnándose condujeron la urna en
hombros hasta el Cementerio general del Sur a donde llegaron a últimas horas de
la tarde.
El historiador Guillermo Morón cita al
periodista Guillermo José Schael: “El general Medina fue sepultado después de
las tarde. Hora en la cual llegó el féretro al Cementerio del Sur, conducido en
hombros del pueblo, aquel luctuoso 16 de septiembre. Desde la hora en la cual
salió el cortejo, 10 a.m. hasta casi el anochecer, caía una garúa sobre la
ciudad. En el trayecto vimos a mucha gente derramar algunas lágrimas”. Cientos
de personas entonaron el himno nacional a la hora de la sepultura –añadió
Velásquez en su registro.
El sepelio del asesinado presidente en
funciones Coronel Carlos Delgado Chalbaud, en noviembre de 1950, movilizó gente
a pie –precisa Román Rojas Cabot. Pero menos que Medina en 1953, Leoni en 1972
y Betancourt en 1981.
El general Eleazar López Contreras murió en sana paz en
Caracas al despuntar el año 1973. Sus restos los condujeron al Cementerio del
Este, inaugurado cinco años antes en el sector La Guairita, en el Sur-Este de
la capital. Allí también reposan Leoni, Betancourt; Luis Herrera Campins quien a los 82 años falleció
en Caracas en noviembre de 2007, a quien en el momento de su funeral, cadetes y
músicos del Ejército entonaron el Himno Nacional y le rindieron otros honores; Rafael
Caldera, expiró a los 93 años la madrugada del 24 de diciembre de 2009.
Ahora ingresa Pérez, diez meses después de fallecer en Miami el 25 de diciembre
de 2010.
José Gregorio Hernández (Caracas, junio 1919)
es otro de nuestros muertos acompañados a pie hasta la última morada por
multitud popular y estudiantil. Las reseñas apuntan que fue grandioso
el desfile hacia Paraninfo Universitario e indescriptible por desbordante
cortejo hacia la Catedral y luego el Cementerio del Sur.
La Equitativa fue en Venezuela la primera
agencia funeraria que contó con carrozas fúnebres a motor. Las compró y trajo
en 1911 aunque pudo usarlas desde 1913 cuando logró los permisos cuya
expedición al parecer no fue sencillo.
El General Pedro José Arvelo fue en 1913
primer muerto llevado en carro fúnebre motorizado al Cementerio General del Sur
(abierto en 1876) –refiere el periodista e investigador Javier González en sus
apuntes sobre el automóvil en Venezuela.
De
acuerdo con los historiadores, fue en enero 15 de 1509, cuando en América se
vio el primer funeral con carroza a motor acompañada por una procesión de
automóviles. Luego en 1924, apareció en escena la verdadera carroza limusina
carente de toda ornamentación.
Rafael Cartay, economista, insigne
investigador del CIAL-ULA, ameno escritor, refiere que en Venezuela. José
Giraldez, en 1869, introdujo el primer coche fúnebre visto en Caracas. Hacia
1870, las urnas eran llevadas a las iglesias y al cementerio en lujosos coches
tirados por caballos, "como en las ciudades más cultas". Los coches
eran "muy decentes", y los alquilaba en 1876 la empresa de G. Fulco y
Cía (Diario de Avisos, Caracas, 06.11.1876).
Un articulista, con seudónimo "David", criticaba en 1892 el
derroche acostumbrado en esos "carruajes de la muerte", forrados de
flores por fuera y por dentro: "Indudablemente que la vanidad pone mucho
en los entierros de hoy, y la piedad nada" (David, 1892). En verdad, esas
agencias crearon un estilo distinto de atención al público, pues los empleados
del servicio vestían de uniforme, los coches eran conducidos por un auriga que
llevaba una pluma negra en el sombrero.
En las primeras décadas del siglo XX se
establecieron en Caracas otras agencias funerarias, entre las cuales una de las
más conocidas fue "La Venezolana", en 1929, que ofrecía servicios
funerarios para ricos y pobres, con varios presupuestos, aparte de que ofrecía
un novedoso servicio con autos de marca Packard (El Eco Social, Caracas,
23.03.1929). Después vinieron otras más completas, como La Equitativa,
existente en 1910.
Entonces, los coches fúnebres motorizados aparecieron a la par con la
evolución del rito y se convirtieron en parte fundamental de este. Las funerarias
adquirieron vehículos tales como Lincoln y Buick, en la década de los 20 y 30
diseñados en especial para cumplir con esta función y otorgar al ceremonial el
carácter ritual y de respeto que amerita.
En el Museo del Transporte llama poderosamente la atención de los
visitantes una carroza fúnebre Packard 1930 ex La Equitativa color blanco. La
cajuela trasera de manufactura está forrada en vidrios biselados enmarcados en
maderas talladas. Era especial para llevar al cementerio los restos de infantes
y señoritas –explica Jorge Bello Domínguez al hacer la guiatura por el Salón de
Automóviles.
En el período comprendido entre las
décadas del 40 y el 50, las firmas adquirieron los carros más característicos,
como los Cadillac, construidos específicamente para funcionar en la disposición
final del cuerpo. En Caracas hubo no pocos Packard carrozados por la Superior Coach y también
por Henney, ambas empresas estadounidenses, la última fundada Henney Carriage Works
por Jacob Henney en 1848, la misma que se conocería como Henney Motor Co. desde
el año 1927 hasta su desaparición en 1960. Miller Meteor Wayne Works, también
de Ohio, fue otro suplidor de carros fúnebres.
Pero Flxible Co, compañía fundada por un antiguo vendedor de
motocicletas Harley Davidson, fue la que suministró buena parte de los carros
fúnebres de La Equitativa los cuales fueron al comienzo Packard pero más tarde,
predominantemente Cadillac, marca seleccionada también para su flota de limusinas
de 1954 en reemplazo de los Packard 1948 de los cuales aún varios conservan
coleccionistas privados mientras de las limusinas Cadillac, tal vez queden
menos. En los 70, la firma dirigida por Eduardo Lander renovó sus limusinas e
incorporó nuevos funerarios Cadillac además de mantener el par de Packard Town
Car, modelo hermoso con techo removible en la sección o cabina del chofer.
En los
años 60 empezaron a utilizarse camionetas Ford adaptadas aunque
prevaleció la tendencia de Cadillac disminuyendo las carrozas florales. Desde Caracas,
la Funeraria Vallés, la cual se expandió luego hacia el interior de la
República, comenzó a modernizar los servicios funerarios lo cual conllevó
agregar nuevas marcas y otros modelos para el traslado de los ataúdes como de
los acompañantes.
Los entierros
más cotosos incluyeron unidades exclusivas para transportar las coronas de
flores las cuales iban expuestas sobre la carroza como parte del cortejo.
Algunas funerarias poseían la denominada pajarera, carro mixto donde era
posible llevar las flores y albergar el cuerpo dentro del mismo vehículo.
Con la
proliferación de las agencias funerarias en diferentes partes del país,
nacieron flotas a partir de vehículos usados importados de los Estados Unidos,
donde existe un mercado extendido de segunda mano debido a la constante
renovación del parque automotriz de la vigorosa industria funeraria de ese
país.
Packard 1930 funerario. Colección FMT.

Entierro en Caracas siglo XIX.
1972. Salida del entierro del ex presidente Leoni desde la quinta Puedpa.
miércoles, 28 de septiembre de 2011
Ferrys de antes y después
Ocho días de agitada navegación le tomó de niño a quien llegaría a ser
ese gran talento maestro de la música nacional, Inocente Carreño, venir de
Porlamar a La Guaira. Era 1932, exactamente noviembre. La balandra Flor de María,
a tres días de zarpar tuvo necesidad de atracar en Barcelona para aprovisionarse de agua no obstante lo cual
persistió el racionamiento de la alimentación reducida a una magra ración de
pescado o de carne salada y una totuma de agua “que de dulce no tenía sino el
nombre”. Frente a Cabo Codera, se desató una furiosa tormenta que provocó que
el viejo capitán ordenara a su tripulación “arriar de inmediato las velas para
así avanzar a palo seco, por temor a que el fuerte viento y las gigantescas
olas, sepultaran de un golpe a la diminuta y frágil Flor de María, que subía y
bajaba a merced del embravecido mar, como una montaña rusa. Los pasajeros
fueron llevados a la bodega “donde unas monjas compañeras de viaje, rosario en
mano y rezando en voz alta, agotaban su
extenso repertorio de oraciones”. Al octavo día, amaneciendo, el joven Carreño,
su familia y demás pasajeros, pudieron ver las primeras luces visibles del
puerto de La Guiara.
Carlos Sthor
evoca sus experiencias como viajero entre tierra firme y Margarita en los años
sesenta, cuando comenzó a frecuentarla para finalmente radicarse en Playa del
Agua donde vive dedicado a escribir, pintar y tomar parte en programas
radiales. Eran embarcaciones modestas dedicadas a traslados por mar de
pasajeros, pocos automóviles y abastecimientos.
El 22 de febrero de 1959 fue
inaugurado el ferry Virgen del Valle el cual inicialmente hizo el servicio de
transporte de pasajeros entre el puerto margariteño de La Restinga y Cumaná.
Pero con la
adquisición de las embarcaciones tipo ferry El Margariteño y El Angostura, nace
la Naviera Nueva Esparta C.A. (Naviesca), empresa fundada por ocho empresarios
margariteños integrados por Rafael (Fucho) Tovar, Fucho Bello, Beltrán López,
Jesús Piñerúa, Jesús Chollet Pacheco, Francisco Rodríguez, Pedro Rodríguez e
Hilario Vicent.
La motivación de
quienes se convertirían en armadores era que para impulsar el desarrollo y la
economía insular, tenía que haber una comunicación fluida y confiable entre la
isla y tierra firme. Allí estuvo el germen de la Naviera Nueva Esparta, la que
a partir de 1970 cambió de accionistas y de nombre para ser Consolidada de
Ferrys C.A., Conferry.
Son muchas las
embarcaciones que han conformado la flota de Naviera Nueva Esparta y Conferry.
Son cuatro las generaciones de barcos. El Margariteño, Angostura, Colón, Caroní
y Cordillera. La segunda por el Santa Margarita, el María Guevara, el Aldonza
Manrique, el Santa Ana, el Santa Margarita II, Luisa Cáceres de Arismendi, Isla
de Coche e Isla de Cubagua; el Concepción, Mariño, el Cacica Isabel, el Virgen
del Valle, el Petronila Mata, La Goleta y el Doña Juana la tercera ola de
barcos y por último nombraríamos el Margarita Express I y II, y para cerrar las
maravillas de última generación, los Ferrys Express más avanzados y modernos
que navegan en el Caribe: el HSC Carmen Ernestina y el HSC Lilia Concepción.
Para nadie es un
secreto que detrás de la trayectoria exitosa de Conferry está la figura de Fucho
Tovar, margariteño nacido en Juan Griego el 23 de enero de 1928, por arte de su
trabajo y capacidad emprendedora convertido en un icono del empresariado
venezolano y con un profundo amor margariteño.
Don
Félix M. Aponte recuerda que siendo Tovar presidente del Centro Social Nueva
Esparta, en Caracas, se le acercó el Capitán de Altura, Juan Reyes Velásquez,
quien le propone promover una compañía de ferrys para Nueva Esparta. Sobre la
marcha y tratan de colocar acciones populares para la formación de una empresa
naviera, algo en lo que fracasan pero no desmayan por lo cual se acercan a las
familias más pudientes de la isla Rojas y Torcatt, incorporados a la creación
de la nueva empresa. Desde el año 1959 los éxitos fueron el producto de la
planificación y del empuje de Tovar.
Conferry
experimentó un servicio entre La Guaira y Margarita. Duró poco. Operó muy
sujeto al peíodo de vacaciones y algunos fines de semana “largos”.
La
experiencia de lanchas super rápidas tropezó con las criticas justificadas de
grupos ecologistas que precisaron el daño a la fauna marina además del peligro
de choques entre peces grandes y embarcaciones de alta velocidad.
Existe el Grupo Naviero Rassi, consorcio familiar cuyos orígenes nacen en
la década de los años sesenta, cuando Nasib Rassi, hoy fallecido, con visión
propia fundó dos pequeñas empresas dedicadas al transporte de carga y pasajeros
por vía marítima y fluvial.
Evolucionaron en Naviera Rassi, C. A. (Naviarca), cuya área de influencia
se hace sentir en los estados sucre y nueva esparta, y Naviera del Orinoco,
c.a. (Navioca), cuyo centro de operación se localiza entre los estados Monagas
y Bolívar; constituyéndose ellas en la génesis del consorcio.
A partir de entonces, el
Grupo Naviero ha ido expandiendo sus actividades y áreas de influencia; para lo
cual, siguiendo la estela de experiencia y servicio se creó una nueva empresa
de transporte marítimo de pasajeros y encomienda de nombre Gran Cacique II,
C.A., la cual opera entre los estados Sucre, Nueva Esparta y Anzoátegui.
Agosto
de 1962 marcó el fin del servicio de ferrys que cruzaban el Lago de Maracaibo.
Empresa iniciada por la familia Belloso en la década de 1930, la extinguió el
puente inaugurado ha 40 años, primera gran obra de la era democrática que
arranca en 1959. Su construcción
duró cuatro años al costo de 350 millones de bolívares (100 millones de
dólares). Su longitud son 8 kilómetros y medio y está compuesto por partes o
tramos de 235 mts de luz y sostenido en su parte más alta por seis pilas.
Ya
para finalizar la década de 1930, Santa Bárbara del Zulia, un barrial, ofrecía sobre las aguas turbias del río, la
blancura del velamen de las piraguas amarradas a la ribera. De “…una larga fila, unas tras otras, en una
orilla donde no había muelle. Los
pasajeros de aquellas piraguas bajaban por la escarpada ribera recorriendo un
sendero que iba de la cornisa hasta las aguas misma del rio y allí, un tabla
puesta entre la borda de la embarcación y la orilla permitía pasar a la piragua
que se hubiese escogido para el viaje a Maracaibo. Las piraguas llevaban todas nombres de mujer
o de prendas o tributos femeninos. Sara
Elena, Preciosa, Nora, Alicia y como excepción, una de ellas llevaba el nombre
de una nación, la Bolivia. Tenían todas ellas unos estrechísimos camarotes que después he vuelto
a ver parecidos en cuanto a estrechez en
los “tigritos” de las cárceles en que he
estado prisionero” –escribió Domingo Alberto Rangel en un apunte biográfico a
propósito de su salida del ande merideño hacia Maracaibo y Caracas. Para el viaje a Maracaibo utilizó La
Preciosa, porque en aquella piragua se transportaba hasta la capital del Zulia
el café enviado al exterior y las telas procedentes de los Estados Unidos. “La
Preciosa despego de Santa Bárbara, encendidos sus motores, a las siete de la
noche. No tardo en esperarse la oscuridad nocturna lo cual borró la visión
de las riberas del río donde empezaban a divisarse fincas en proceso de
implantación…”.
Por
su parte, el periodista Jorge Bello Domínguez evoca en sus memorias que viajo “a
mediados de diciembre de 1951 a Maracaibo por tierra en autobús, Chevrolet. Se
hizo interminable el trayecto. Tragué, aspire, bastante polvo de la
carretera. Efectué una “parada técnica”
como dicen ahora en Barquisimeto para visitar a la familia: Alicia La Madris, y
a su esposo Luis Draspa.
Por
cierto, a Luis, lo conocimos y el entablo
amistad con Alicia en La Guaira-
Hotel “La Mejor”, cuando Draspa fue
retenido o capturado por haber sido marinero alemán de un buque mercante al
comienzo de la Segunda Guerra Mundial.
Varios de estos vapores fueron puestos a la orden de las autoridades
venezolanas tanto en Puerto Cabello como en La Guaira. Poco tiempo después,
Alicia y Luis se casaron, y fueronse a vivir a Barquisimeto de donde ella es
oriunda.
En
una tarjeta, le escribo a mi mama que crucé el Lago de Maracaibo hasta
Palmarejo cinco veces en un ferryboat como las llamaban o las llaman a estas
embarcaciones. En uno de estos ferrys,
viajé con mi tía, primas y mi primo David Gámez, un grupo de guitarristas
colombianos y el Cónsul de Colombia. No
recuerdo que celebrábamos”.
Manuel Pérez Vila da la noticia de que 1826 fue
visto el primer barco a vapor navegando entre Maracaibo y el río Zulia. Por
supuesto, era de paleta. La navegación a vapor estaba aun en pañales. Hacia
apenas 19 años que Fulton había botado al río Hudson, su buque a vapor. El
dueño del vapor que operaba sobre aguas del lago de Maracaibo, era Samuel
Glover.
Notas del cronista marabino, Fernando Guerrero
Matheus, lo trajo desarmado hasta Maracaibo, a bordo de un velero. Lo ensambló
y puso a navegar.Lo llamaron Estimbote,
popular adaptación fonética de la palabra inglesa steamboat (steam traduce
vapor y boat traduce bote).
En diciembre de 1826, el Libertador Simón Bolívar
se embarcó y navegó a bordo en una travesía para cruzar el Lago. El Estimbote se perdió un par de años más
tarde frente a La Ceiba, al Sur del lago.
En
1975, para cruzar el Orinoco entre Soledad y Ciudad Bolívar, el servicio era
prestado por rústicas chalanas las cuales bordeando la Piedra del Medio, eran
esenciales para emprender viaje hacia el Centro o completarlo en dirección al
Sur. Así fue hasta que en julio de 1967, el presidente Raúl Leoni inauguró el
puente colgante Angostura.
El
estado Nueva Esparta depende de los ferrys. La estatización de Conferry prendió
alarmas acerca de la garantía de servicio entre tierra firme y el territorio
insular al cual contribuye la flota de la empresa fundada hace más de medio
siglo por Fucho Tovar. A la gente le preocupa pues aún con las deficiencias del
servicio, la gente considera que tal vez el Estado no lo haga mejor. Incluso,
tal vez peor. Para comenzar habrá que
resolver la propiedad de las costosas embarcaciones en uso pues muy probable es
que la misma sea de armadores no nacionales que algo tendrán que decir ante el
cambio de contraparte.
Alfredo Schael
Cacica Isabel. Uno de los viejos ferrys de Conferry
Inocente Carreño
Rafael Fucho
Tovar
Ferry "Caracas" en el Lago Maracaibo
Embarcación de Naviarca
domingo, 25 de septiembre de 2011
Caballo, cambió en el mundo pedestre, Joaquín Crespo y el hipismo nacional
Los
caballos, jinetes y técnicas ecuestres comenzaron a ingresar en el Nuevo Mundo
al iniciarse el siglo XVI.
"En
la Isla La Española –refiere José Oviedo y Baños (militar-historiador, Bogotá 1671-Caracas 1738) ni en parte
alguna de estas partes (se refiere a la recién descubierta América), no avía
caballos é de España se trajeron los primeros, é primeras yeguas"...
"No había res
de cuatro pies, ni alimaña de los de acá: pudieron ver en cuantas islas fueron
desta vez descubierta" –leemos en la historia de los Reyes Católicos
debida al Padre Andrés Bernáldez.
Tenemos pues que
los caballos españoles traídos por Colón son los que dieron origen a todas las
razas de América. La primera importación al Nuevo Mundo, fue de 30 caballos
desembarcados en isla La Española, hoy compartida por los países República
Dominicana y Haití.
En el
segundo viaje del Almirante Colón, en 1493, llegan desde España a la isla La
Española, los primeros ganados que pisaron tierra americana: caballos, asnos,
vacas, bueyes y mulares –precisa Julio De Armas en una revisión de la historia
de la ganadería en Venezuela.
De La
Española se organizó la distribución del ganado hacia el resto de la América,
desde la región del Caribe, Centro y Sur América. Allí llegó y de allí salió
entre el ganado mayor, el caballo como elemento de guerra y de transporte
"que a galope tendido recorrió las costas y traspuso montañas".
En
1498 -tercer viaje de Colón- desembarcaron el mayor número de caballos, yeguas,
parejas de asnos y parejas de vacunos, atendiendo las disposiciones reales que
impartió la Reina Isabel quien en función del establecimiento de la agricultura
distinta a la de los indígenas, ordenó parejas de asnos con que se puedan
labrar las dichas Indias –reza en el texto.
El
médico y ganadero guariqueño Julio De Armas (1908-1990)menciona que una tormenta tropical arrasó en
1505 con el ganado existente en La Española. Apunta que la nao de Alonso de
Núñez trajo al poco tiempo otras parejas de burros a La Española. Desde
entonces comenzó la cría y a los diversos tipos de ganado los distribuyen con
mayor rapidez.
José
Antonio Giacopini Zárraga (Caracas, 1915-2005), en uno de los pocos escritos
por tan erudito conversador que figura entre los mejores conocedores en
detalles de la historia política, petrolera, equina y de las armas en nuestro
país, destaca que el envío de caballos a América estuvo muy controlada pues el
retiro de los árabes significó que se llevaran consigo de España mucho ganado
caballar.
Además,
las guerras de Italia exigían un esfuerzo continuo de remonta el cual
representaba la salida de caballos al exterior. Menciona la proliferación de la
cría de mulas para fines de carga o de tracción, lo cual restaba vientres y
descendencia a la especie caballar. Tales configuraron la situación que hizo de
los caballos algo en extremo preciado y costoso en los territorios del Nuevo
Mundo, en cuyos ambientes tropicales, sufrieron un proceso de adaptación degenerativa,
perdiendo talla y corpulencia, pero ganando en cambio rusticidad y resistencia
para vivir y trabajar bajo condiciones adversas de clima y alimentación.
Una
vez arraigado en América, el caballo cambió la condición de mundo pedestre.
Giacopini afirma que fue en ese mundo de a pie donde los jinetes de la
conquista hicieron sentir su superioridad, y para mantenerla se pusieron en
vigencia mandamientos reales prohibiendo al indio montar a caballo. De tal modo
que éste sólo pudo hacerlo –y convertirse en jinete consumado- en aquellos
lugares apartados donde no llegaba la acción de las autoridades de la Colonia y
donde además existían caballadas salvajes que le servían como una magnífica
remonta natural.
Ganado equino en Venezuela
En cuanto respecta
a Venezuela, la llegada en forma más o menos intensiva comienza con ejemplares
llevados en 1527 a Coro aunque bastante antes había comenzado la llegada de
algunos equinos destinados a apoyar la fundación de los primeros asientos y
establecimientos en el Oriente de nuestro país, desde la fundación de Nueva
Cádiz en la isla de Cubagua –anota Giacopini Zárraga- quien agrega los
establecimientos de los dominicos en la región de Cumaná, las expediciones
posteriores a la misma zona de Gonzalo de Ocampo en 1520, y las actuaciones de
Fray Bartolomé De las Casas u Jácome de Castellón en 1522. Hacia occidente, el
ganado caballar llega con Juan de Ampíes en la fundación de Santa Ana de Coro
en 1527, donde seguirá introduciéndose en gran número y por la misma vía cuando
a partir de 1528 se estableció allí el gobierno de los adelantados alemanes
conocido como el gobierno de los Beldares.
A lo
largo del siglo XVI encontramos la participación del caballo en las
expediciones de descubrimiento y penetración del territorio con la consiguiente
lucha contra el indio, y en la fundación de los primeros pueblos.
Dicen
los cronistas, que ya para esos tiempos en la región de El Tocuyo y otras zonas
vecinas de Lara, particularmente hacia Carora, se criaban muy buenos caballos.
Aclara Giacopini que el caballo que vino originalmente a Venezuela no llegó
sino en contados casos, directo desde España.
Es
indudable que los capitanes de la conquista eran excelentes jinetes. Menciona
Giacopini a ese personaje de fábula que figura en la historia de Caracas, nada
menos que Alonso Andrés de Ledesma, quien para enfrentar al pirata Amías
Preston, en 1595, no obstante la avanzadísima edad del personaje, monta a
caballo y carga con su lanza sobre los invasores quienes le dan muerte aunque
admirados de su valor, por lo que lo entierran con todos los honores.
Concluida
la conquista, el periodo de colonización entre lo característico, las primeras
fases de la cría de vacunos y caballerías, particularmente en la región de los
Llanos, donde ya en 1585 había fundado Sebastián Díaz de Alfaro, en lo que
sería hoy Alto Llano de Guárico, la población de San Sebastián de los Reyes,
epicentro de la formación de los primeros llaneros de Venezuela.
El
llanero aparece en la guerra de Independencia primero al servicio del Rey en
los ejércitos de caballería de Boves y Morales, más tarde con Páez a la cabeza
de una legión caballerías de jinetes naturales que tuvieron en lo militar un
poder determinante tan grande que la suerte de la Independencia se inclinó
hacia el lado del cual ellos estuvieron. El general español Pablo Morillo llegó
a contar con 2.200 hombres de a caballo.
Lo jinetes
determinaron el poder militar que acompaña al Libertador Simón Bolívar
–completo jinete- hasta Ecuador y Perú. En 1814, los generales patriotas José
Tadeo Monagas, Santiago Mariño y José Laurencio Silva, concentraban en Calabozo
3.200 hombres de caballería. Durante la Guerra Federal - (20 de febrero de 1859-24 de abril de 1863)- uno
de los ejércitos dispuso de 3.500 hombres a caballo. A finales del siglo XVIII
teníamos en América unos 145 mil caballos.
La guerra de
Independencia significó la disminución considerable de ejemplares.
Sin embargo, a lo largo del siglo XIX, además de puntero en la guerra de independencia, el caballo fue clave en la agricultura al igual que como medio de transporte terrestre por excelencia.
Sin embargo, a lo largo del siglo XIX, además de puntero en la guerra de independencia, el caballo fue clave en la agricultura al igual que como medio de transporte terrestre por excelencia.
La mula
Los
arreos fueron durante 300 años instrumentos clave del transporte. Un arreo de
mulas –caballo con burro- consistía en ocho bestias y el arriero. Este último
se ocupaba de cuidar los animales, las cargaba y descargaba, cubriendo cada
bulto con lona, para que no sufriera por lluvia en el camino; a las mulas
colocaba un bulto a cada lado de su lomo, protegido por una enjalma y se
acostumbraba pagar lo mismo por un bulto de 15 kilos, como por el peso máximo
posible, que en algunas partes era casi 60 kilos.
A las
mulas de silla solían ponerle nombre como a los caballos de carrera –refiere el
agente viajero Otto Gerstl. Aun en los años veinte del siglo XX, la mula era
como el automóvil propio. Un ejemplar fino con un buen pasillano -o modo de
andar con más comodidad en viajes largos-, tenía muy buen precio en el mercado.
Las mulas de carga valían cuatro o cinco morocotas -pieza de oro de 20 dólares
ó 104 bolívares. Pero, una de silla, llegaba a costar hasta 20 morocotas e
incluso más.
Carreras de caballos
Existen
registros que dan fe de la presencia de pistas para correr caballos y jinetes
profesionales incluso extranjeros, en la región de Guayana. En algún modo tales
hechos marcan los orígenes del turf venezolano
con las competencias de caballos que tuvieron lugar en Ciudad Bolívar.
Sin
embargo, será en 1881 cuando se iniciaron formalmente las jornadas hípicas en
Caracas, por excelencia epicentro de la hípica nacional. Sin negar la posible
existencia de otros óvalos privados, oficialmente es el hipódromo de Sarria, primero
en la capital de la República, punto de partida de historia plagada de magnos
acontecimientos reseñados, entre otros
cronistas, por el periodista José Rafael Ball.
Existen
testimonios menos conocidos según los cuales en la zona de Puente Hierro hubo
un óvalo donde corrieron equinos.
En tiempos
de la presidencia del general Joaquín Crespo, exactamente en 1896, se incrementó la pasión por el
deporte-espectáculo por lo cual hizo concretar el proyecto del primer hipódromo
debidamente organizado, el de Sabana Grande, inaugurado el 1 de marzo de ese
año, casi dos años después de proclamado Presidente de la República por el
Congreso y somtido a la exigencia de contratar un empréstito destinado a
solucionar el problema de las obligaciones pendientes con las empresas
ferroviarias, uno de los cuestiones heredadas del general Antonio Guzmán
Blanco.
Ese
hipódromo, estuvo ubicado en el sector Las Delicias, detrás de la iglesia de El
Recreo y por debajo de donde levanta el edificio la Policlínica Santiago de
León al Norte de la avenida Solano. Dio pie a hablar de hipismo nacional.
Entre
los entusiastas de las carreras en Las Delicias de Sabana Grande figuraron el
pintor valenciano Arturo Michelena -quien nos deja preciosa estampa donada a la
GAN como parte de la colección Otero Silva-, Gustavo J. Sanabria, Charles Röhl,
Edgar Ganteaume, Francisco Sucre, John Boulton, Herman Stelling, Carlos Stelling,
Alberto Smith,…
Sin
embargo, en Las Delicias sólo se corrieron tres temporadas entre 1896 a 1899.
El 9 de febrero de 1908 inauguraron el hipódromo de El Paraíso, con
triunfo del caballo Ursus, de Eduardo
Montaubán, quien cobró 435 bolívares como premio al ganador.
El
primer presidente de este hipódromo fue Gustavo J. Sanabria. En principio la pista fue de 1.100
metros pero en 1932 fue extendida a
1.450 metros y algunos años después a 1.600 metros. Igualmente hasta el
año 32 se estuvo corriendo hacia la derecha. La tribuna principal fue
desmontada en Las Delicias para reinstalarla en El Paraíso. Buenos jinetes y
preparadores garantizan la calidad del espectáculo.
Desde
el óvalo de El Paraíso despegó el 29 de septiembre de 1912 el avión pilotado
por Frank Boland, primera demostración en Venezuela del vuelo controlado de una
nave más pesada que el aire. El centro del óvalo hípico lo emplearon hasta
finales de la década de 1940 como campo de aterrizaje ocasional de aeronaves
militares.
En
1959 abrió sus puertas el coso de La Rinconada, hermoso conjunto para cuya
edificación nada fue escatimado. Catalogada como obra suntuaria del régimen de
Marcos Pérez Jiménez fue concebida muy adecuada a exigencias del pueblo amante
de la hípica, espectáculo del cual participaban emocionadas democráticamente personas
de todas las condiciones sociales incluso, también como propietarios de
caballos, trabajadores organizados para tomar parte con su ejemplar de
carreras. Fuente de trabajo innumerable alrededor de la vida hípica incluyendo
las apuestas mediante los formularios del juego del 5y6, parte esencial del
sueño de beneficiario de la fortuna súbita que palpita en millones de
venezolanos.
En Maracay
hubo hipódromo. En Valencia y Maracaibo hay carreras cada semana al igual que
en La Rinconada alimentadas desde haras en donde con cruces, nacen y crían
ejemplares de categoría, algunos campeones o craks no sólo valorados localmente.
Alfredo Schael
Hipódromo de El Paraíso hacia 1900.
Jinete y caballo de carreras pintado por Arturo Michelena, famoso artista amante de la hípica en Caracas.
Vista parcial del hipódromo de Maracay (c1913).
Tres temporadas corrieron en el hipódromo de Sabana Grande donde nació la hípica nacional organizada.
Portada del nuevo libro de Ramón J. Velásquez.
La suerte de miles de venezolanos cada semana supeditada a los datos de las revistas especializadas.
Meta del óvalo de El Paraíso a mediados de 1950.
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