La fotografía de la fachada adornada, muy clásica, de la Librería Española de los señores Puig Ros y Parra Almenar, abre espacio para recordar que en los años 50, al igual que El Palacio de El Libro, en El Silencio, funcionaban Biblos en la esquina de Miracielos; Pensamiento Vivo ( don José Rivas Rivas, fundador del Centro Editor), Soberbia (hermanas Pardo, de marcado acento francés, mucho tiempo frente al hotel Waldorf en la avenida Industria de San Bernardino, luego cerca de la esquina de Tracabordo, para cerrar finalmente en el Callejón Pedroza en La Florida).
Don José Pachón vendió miles de ejemplares en la siempre bien provista Librería Mundial, entre Santa Capilla y Mijares, al lado del local de la All American Cable, luego gestionada por la Aeropostal Venezolana. Pachón fue un visionario distribuidor de libros muy bien relacionado con autores e intelectuales de nuestro país.
Importante la figuración en el mundo del libro y documental, de los hermanos Castellanos, los de la Librería Historia –frente al Capitolio Federal-, de la que se desprenderá en manos de Rafael Ramón, La Gran Pulpería del Libro Venezolano, en sus inicios debajo la escalera mecánica del Pasaje Zingg, de años a esta parte, en Las Delicias de Sabana Grande. Jonás Castellanos permanece al frente de Historia, en el Pasaje Humboldt, entre Gradillas y Sociedad. Los trujillanos Castellanos, santaneros, durante décadas, ha sido el recurso de la bibliografía insospechada incluso para historiadores y escritores pues son auténticos libreros.
La Librería Lectura fue de las primeras con ediciones de lujo propias: un libro dedicado a la flora; funcionaba entre los dos locales originales de exquisiteces Frisco, en el edificio Arta, Chacaíto; Frisco compartió luego con la Librería Alemana, del también fotógrafo y editor Óscar Todtmann, en las Residencias Libertador, El Bosque, Caracas.
Librería Única fue emblemática de los locales bien montados y surtidos del lineal y desaparecido Centro Comercial Gran Avenida. Jorge Paneico fundó la especializada y temática Médica París. La periodista Cristina Guzmán como Violeta Roffé tuvieron que ver con el auge de Cruz del Sur, en el Centro Comercial del Este, concepto arquitectónico pionero de mediados de la década de 1950, entre la Calle Real de Sabana Grande y la avenida Casanova.
Frente al Gran Café, Raúl Vethencourt -otro de los memorables libreros que hemos tenido- desarrolló Suma, de las mejores en la historia del último medio siglo de la ciudad. Técnica Ludens, Técnica Dieguez, Fondo de Cultura Económico, la Librería Italiana en pleno Sabana Grande con frente a la Avenida Solano López; Nuevo Mundo, Mundo del Libro, Atenea, han ocupado lugares frecuentados entre Plaza Venezuela y Chacao, en donde El Mundo del Libro es antigua referencia como en Los Palos Grandes permanece Entre Libros; Labroria funcionó en Las Mercedes, Puntos y Comas y Multicolor en La Florida. Alejandría abrió sus puertas años atrás en el centro comercial piloto de la desaparecida cada de supermercados CADA.
Es probable que en la callecita que une sentido Norte-Sur la avenida Casanova y el Banco de Venezuela, al Este de Sabana Grande, Sur de Las Delicias, subsista una de las más antiguas librerías que en Caracas todavía ofrecen textos y revistas en inglés.
Ateneo fue o es de vieja data. Tecni Ciencia Libros ocupó grandes espacios en la torre Phelps antes de expandirse vía centros comerciales en casi todo el país.
Imperdonable sería omitir a Walter Rodríguez, quien alcanzó la distinción de cofundador y presidente por largo rato de la Cámara Venezolana del Libro al mismo tiempo que atendía Lectura,en el Centro Comercial Chacaíto, a donde Stefan Gold la mudó, casi apenas un cruce de calle.
Vecina a Lectura, funcionó con la sofisticación inicial en la avenida Ávila de La Florida, la Librería Francesa, siempre exquisita y actualizada por los envíos semanales de la prensa cotidiana y semanarios publicados en París y otras capitales europeas, como lo estuvo siempre la Washington, de Torre a Veroes.
Monte Avila tuvo su primer expendio directo al público en los espacios del Teatro Teresa Carreño.
Se nos escapan muchísimos nombres, establecimientos y direcciones. Somos todo olvido.