El 8 de junio vamos a organizar en el Museo del Transporte un evento exposición sobre los 70 años del Desembarco en Normandía subrayando como debe ser, los efectos de la II Guerra Mundial y la participación de Venezuela en el Día D.
El origen del evento nace en que el DC-3 que posee el Museo soltó paracaidistas en esta invasión histórica y existe una entrevista al piloto norteamericano que voló ese avión durante la invasión. Las investigaciones del venezolano Michel Alonso condujeron a localizar en Estados Unidos del piloto que volaba en junio de 1944 el entonces transporte militar, después de 1946 transporte presidencial venezolano y avión de búsqueda y salvamento.
Otra excusa es que mucho del combustible usado en esta invasión provino de petróleo venezolano.
Si alguien desea facilitar por el día objetos, vehículos y uniformes serán bienvenidos. Si alguien quiere ir uniformado será gratamente bienvenido. Probablemente tendremos la presencia de veteranos alemanes, pero aún buscamos algún estadounidense, canadiense o británico que asista y nos cuente algo de sus experiencias.
El evento lo coordina Benjamin Brandwijk Nodelijk (0412-6383859) y las colaboraciones de cualquier tipo son ¡bienvenidas!
Simultáneamente, sin relación directa con esta iniciativa focalizada en el hangar del Museo alrededor del veterano Douglas DC-3, en los espacios gestionados por la Fundación Fonbienes, modelistas afiliados a IMPS expondrán sus piezas.
viernes, 25 de abril de 2014
Tito Salas y vapores franceses
El año de la muerte de Simón Bolívar en Santa Marta, Colombia, un italiano más de los del Norte, resuelve venir a América. Giuseppe Corti, canoso estaba cuando emprende la búsqueda de horizontes tal vez más remunerativos. Se embarca en alguno de las naves precarias que desafiantes cruzan el Atlántico lo cual le fue posible sólo cambiando previamente de nombre. Aborda el velero documentado como Joseph Paredi. Durante la escala en Tenerife, sube una muchacha que también viene para La Guaira. Es María de la Merced Rodríguez, con quienes luego de flirteos se comprometen con miras a formar familia. La emoción del noviazgo la lleva a plantearle a Giuseppe que cambie de nombre. Acoge la sugerencia de apellidarse Salas. Formalizada la unión, habrán de nacer sucesivamente José Antonio, Juan Francisco, José María, Jesús, Cecilia, Elías, Eduardo y Eliseo Salas Rodríguez, todos caraqueños El mayor de los varones contraerá nupcias con Dolores Díaz, quien dará a luz en 1887 al varón bautizado en la iglesia de Antímano, al Sur Oeste de Caracas, como Británico Antonio Salas Díaz.
Su padre José Antonio, con buen dominio del arte de la fotografía, y Martín Tovar y Tovar, pintor respetado por los estudios en Francia y obras aplaudidas, establecieron en el centro de la capital un estudio donde fundían las notables destrezas de ambos artistas. La relación entre ambas familias permite que Tovar y Tovar descubra el talento artístico de Británico Antonio quien, como el abuelo italiano, opta por cambiarse el nombre, aunque por razones distintas. Adopta por hacerse llamar Tito.
Así comienza a concursar en los certámenes promovidos por el gobierno que auspicia las artes plásticas. Era casi niño cuando la admiración de los jurados recomienda el premio ofrecido por el presidente Cipriano Castro: beca de 300 bolívares para viajar a París en plan de estudios. No cristalizó la primera vez pero ninguna intriga fue capaz de impedir que Tito salga de Venezuela a impregnarse de cultura en Europa y ligarse a los grandes maestros que guiarán el complemento siempre posible de las habilidades del intelecto. Así emprende el primero de muchos viajes.
El 24 de abril de 1905 - hace 109 años - llegó a París. Casi acababa de desembarcar en Saint Nazaire, desde donde regularmente parten o atracan a la vuelta del Caribe, los vapores Guadeloupe (el mismo en que se fue a curar para no poder regresar a su tierra el presidente Cipriano Castro), el Venezuela y el Perou, los tres trastlánticos de gran clase o elevada categoría, de entre 8.500 y 8.933 toneladas, de 14 millas de andar, provistos de instalaciones de telegrafía inalámbrica con cobertura de 2.000 millas de distancia, cabinas de lujo, de familia primera clase de 1ª categoría, de segunda y tercera categorías, equipadas con todo el confort moderno, comedor espacioso con ventiladores eléctricos, mesitas de dos hasta diez puestos, cocina francesa excelente, vino tinto y blanco al gusto, salón de conversación, biblioteca, escritorios, baños fríos o calientes de agua dulce y agua salada, fumoir y bar, gabinetes de toilettes estilo moderno, iluminación eléctrica de todas las localidades del buque.
Estaban programados para zarpar de La Guaira cada 28 días. Es el mismo medio en el cual Tito retorna en 1911 trayendo consigo varias pinturas de gran formato pero sobre todo, una obra que causa sensación pues irá a completar en el Salón Oeste, la majestuosa ornamentación del Capitolio Federal realizada por Tovar Tovar, autor del plafón instalado en el Salón Elíptico.
El tríptico pintado por Tito Salas destaca – dijo la crítica recogida por Rafael Pineda en libro biográfico crítico descriptivo de la totalidad de la obra artística de Salas - al Libertador Simón Bolívar en tres momentos de su vida durante los cuales, la calamidad la convierte en acción, ejecuta en medio de la contingencia, señala la vida agitada de Bolívar, su valentía y grandiosidad poco comunes…
Sólo los anticipos noticiosos acerca del arribo de ese tríptico galardonado parte del equipaje embarcado en alguno del trío de grandes vapores de la Compagnie Generale Trasatlantique que anclará en La Guaira en la primera mitad de 1911, determinan que a la estación ferroviaria de Caracas concurran tres mil personas emocionadas por la llegada del joven con apenas 23 años edad, imperecedero hasta nuestros días pues don de gente y obra tan admirada hacen de él personaje fundamental e inagotable en la plástica nacional.
Su padre José Antonio, con buen dominio del arte de la fotografía, y Martín Tovar y Tovar, pintor respetado por los estudios en Francia y obras aplaudidas, establecieron en el centro de la capital un estudio donde fundían las notables destrezas de ambos artistas. La relación entre ambas familias permite que Tovar y Tovar descubra el talento artístico de Británico Antonio quien, como el abuelo italiano, opta por cambiarse el nombre, aunque por razones distintas. Adopta por hacerse llamar Tito.
Así comienza a concursar en los certámenes promovidos por el gobierno que auspicia las artes plásticas. Era casi niño cuando la admiración de los jurados recomienda el premio ofrecido por el presidente Cipriano Castro: beca de 300 bolívares para viajar a París en plan de estudios. No cristalizó la primera vez pero ninguna intriga fue capaz de impedir que Tito salga de Venezuela a impregnarse de cultura en Europa y ligarse a los grandes maestros que guiarán el complemento siempre posible de las habilidades del intelecto. Así emprende el primero de muchos viajes.
El 24 de abril de 1905 - hace 109 años - llegó a París. Casi acababa de desembarcar en Saint Nazaire, desde donde regularmente parten o atracan a la vuelta del Caribe, los vapores Guadeloupe (el mismo en que se fue a curar para no poder regresar a su tierra el presidente Cipriano Castro), el Venezuela y el Perou, los tres trastlánticos de gran clase o elevada categoría, de entre 8.500 y 8.933 toneladas, de 14 millas de andar, provistos de instalaciones de telegrafía inalámbrica con cobertura de 2.000 millas de distancia, cabinas de lujo, de familia primera clase de 1ª categoría, de segunda y tercera categorías, equipadas con todo el confort moderno, comedor espacioso con ventiladores eléctricos, mesitas de dos hasta diez puestos, cocina francesa excelente, vino tinto y blanco al gusto, salón de conversación, biblioteca, escritorios, baños fríos o calientes de agua dulce y agua salada, fumoir y bar, gabinetes de toilettes estilo moderno, iluminación eléctrica de todas las localidades del buque.
Estaban programados para zarpar de La Guaira cada 28 días. Es el mismo medio en el cual Tito retorna en 1911 trayendo consigo varias pinturas de gran formato pero sobre todo, una obra que causa sensación pues irá a completar en el Salón Oeste, la majestuosa ornamentación del Capitolio Federal realizada por Tovar Tovar, autor del plafón instalado en el Salón Elíptico.
El tríptico pintado por Tito Salas destaca – dijo la crítica recogida por Rafael Pineda en libro biográfico crítico descriptivo de la totalidad de la obra artística de Salas - al Libertador Simón Bolívar en tres momentos de su vida durante los cuales, la calamidad la convierte en acción, ejecuta en medio de la contingencia, señala la vida agitada de Bolívar, su valentía y grandiosidad poco comunes…
Sólo los anticipos noticiosos acerca del arribo de ese tríptico galardonado parte del equipaje embarcado en alguno del trío de grandes vapores de la Compagnie Generale Trasatlantique que anclará en La Guaira en la primera mitad de 1911, determinan que a la estación ferroviaria de Caracas concurran tres mil personas emocionadas por la llegada del joven con apenas 23 años edad, imperecedero hasta nuestros días pues don de gente y obra tan admirada hacen de él personaje fundamental e inagotable en la plástica nacional.
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La Guaira
en 1905 con barcos de la flota de Estados Unidos en el puerto.
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| Guadeloupe, trasatlántico de la CGT |
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| El nuevo vapor Le Havre fondeado en Saint Nazaire en 1905 |
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| Paris 1905. Al fondo Notredame. Circulación a orillas del Sena |
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Paris 1905.
Circulación cerca de La Madelaine.
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Paris 1905.
Las sorpresas que aguardaban a Tito Salas.
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Paris1905.
Salón del automóvil. Una marca inglesa expone sus vehículos a motor.
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| París 1905. Avenida de la Grande-Armadae recorrida por el tranvía. |
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| Tito Salas Revista Elite 1925 |
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| Tito Salas entre los añ¦os veinte y treinta dedicado al tema Bolívar |
jueves, 24 de abril de 2014
Esperando el milagro de José Gregorio Hernández
N.R. El fallecimiento del Santo de los Venezolanos, José Gregorio Hernández, se debió a un accidente en el que estuvieron involucrados un tranvía eléctrico y un automotor. En 1919, el doctor Hernández salía de su casa para ir a efectuar un servicio humanitario como médico de los pobres que era, cuando al intentar cruzar la calle a la altura de la esquina de Urapal, en La Pastora, él avanza sin cuidado por delante del colectivo estacionado – algo que nunca debemos hacer -, lo sorprende por la izquierda, sin que el conductor logre frenar a tiempo, un sedán Hudson Exxex del año 1917, otro de tantos carros a motor que ya circulaban en la capital. José Gregorio cae de espaldas y se golpea la cabeza contra el filo de la acera. Había poco que hacer cuando pocos minutos más tarde, fue ingresado al hospital Vargas, en donde comprueban la cesación de los signos vitales. A partir del multitudinario sepelio debido al prestigio profesional que lo avalaba más la obra caritativa que realizaba en función de los menos favorecidos, el llamado Siervo de Dios se enquista en el alma del pueblo venezolano el cual lo tiene como Santo de hecho pues el proceso conducente a la beatificación, lo retrasa –aseguran los entendidos, falta de pruebas ante casos milagrosos no sustanciados a favor de los cuales pareciera haber ausencia de enérgica voluntad e influencias. En otros lugares del mundo, casos como el de nuestro José Gregorio Hernández resultaron más que suficientes para llevar a otros seres a los altares con bastante menos condicionamientos de parte de las autoridades eclesiales a las que corresponde resolver caso por caso. Tomamos de la revista dominical Estampas, prestigioso encarte semanal del diario El Universal durante 60 años, el texto que sigue - para aprender y contribuir a la causa - cuyo contenido bien realizado sitúa en el estado actual del caso José Gregorio Hernández en el seno de la Iglesia venezolana y romana. Lamentablemente estamos ante el caso de una vida piadosa, un hombre superado, estudioso, buen médico, vida al servicio de Dios y del pueblo, truncada por accidente vial determinado por acto imprudente, como suele ocurrir de tristes consecuencias.
En las siguientes lineas dejamos un reportaje tomado de la revista dominical Estampas, de El Universal. Domingo 20 de abril 2014 sobre el Dr. Jose Gregorio Hernandez
Esperando el milagro de José Gregorio Hernández
El 26 de octubre se cumplen 150 años del nacimiento del médico trujillano al que veneran millones de venezolanos. La iglesia católica trabaja intensamente por lograr su beatificación y pide a los fieles documentar ante las parroquias los favores recibidos de parte del llamado "siervo de Dios".
por EFRAÍN CASTILLO | imagen: DAVID MARIS |


En el rostro de Carmen Rodríguez se dibujan, profundas, las líneas de expresión de sus 56 años. Ha esperado durante al menos una hora al sol en la plaza Candelaria en Caracas a que abran la puerta de la iglesia. El sudor corre a chorros por su cara, pero no le molesta el calor ni que la edificación eclesiástica esté entre andamios y polvo por su remodelación. Para esta ama de casa caraqueña lo importante es acercarse, como todos los lunes, a la capilla ubicada en el interior del templo y honrar con una oración a José Gregorio Hernández, cuyos restos reposan allí desde hace 38 años.
En las manos lleva un pequeño ramo de flores y en la mirada y las palabras se siente el agradecimiento por lo que considera son los dos grandes milagros que le ha concedido el médico de Isnotú, nacido en 1864 y fallecido en 1919 en una calle de La Pastora, en Caracas.
"Yo soy devota de él desde hace mucho tiempo. Le rezo todos los días y hasta le tengo un altar en la casa. Hace 24 años salvó a mi hijo. Por una enfermedad casi no veía y lo tenían que operar porque estaba a punto de perder un ojo. Yo le recé tanto que mi niño me contó que vio al doctor José Gregorio junto a los otros médicos en el quirófano. Cuando salió, mi hijo había recuperado la visión. Hace dos meses también me ayudó a mí. Me había dado un principio de ACV, no podía mover los brazos ni las piernas y yo me encomendé a él. Después de unos días, aquí me ve de pie, recuperada, él me sacó de esa situación", dice mientras se persigna frente al óleo de Hernández que se observa al fondo del nicho y que lo muestra con mirada serena, bata blanca y estetoscopio al cuello.
En Venezuela son millones de personas las que, desde hace casi un siglo, confían particularmente su salud o la de sus familiares a José Gregorio Hernández. En un país en el que 92% de los habitantes son católicos, prácticamente no hay persona que no lo lleve en una medalla o una estampita o que no lo invoque para aliviar alguna dolencia física, por pequeña o grande que sea.
Conocido como "el médico de los pobres" o más familiarmente como Goyito, varios hospitales y clínicas del país llevan su nombre o tienen en sus instalaciones una estatuilla suya; la casa donde nació, en el estado Trujillo, es visitada por miles de fieles que peregrinan de todas partes de la geografía para pedirle la sanación o "pagar promesa" por ella, y en las paredes del lugar hay cientos de placas honrando los favores concedidos, que van desde un embarazo sano a la superación del cáncer.
Pero aunque miles dan fe de su gracia y el fervor popular lo ubica en los altares de los santos, técnicamente para la Iglesia Católica todavía José Gregorio Hernández no puede considerarse como tal. De hecho, la santificación es el último rango de una serie de cuatro títulos, de los que Hernández ya ha alcanzado dos.
A propósito del aniversario 150 del natalicio del médico, la Conferencia Episcopal Venezolana está haciendo esfuerzos especiales para conseguir que Hernández suba un escalafón más en su camino hacia la canonización. Se constituyó una comisión multidisciplinaria que incluye no solo a sacerdotes sino también a académicos, médicos e historiadores para difundir la vida y obra del trujillano y, sobre todo, para promover su proclamación como "Beato", penúltimo pasó antes de ser denominado "Santo".
"El primer objetivo es dar a conocer la vida ciudadana ejemplar y la vida santa de este ilustre venezolano -comenta Monseñor Fernando Castro, obispo auxiliar de Caracas y vice postulador de la causa de beatificación de José Gregorio Hernández. En segundo lugar, queremos recopilar el mayor número posible de testimonios que muestren la acción de Dios a través de José Gregorio Hernández, para estudiarlos y documentar los presuntos milagros que puedan ser elevados a la Congregación para la causa de los santos en la Santa Sede, como prueba para considerar la beatificación; y, en tercer lugar, queremos crear el clima de oración para que Dios conceda la gracia de la glorificación de Hernández. Recordemos que el milagro es la manifestación del dedo de Dios en la vida de alguien. Es algo que no puede explicarse y que se dará cuando el Señor lo quiera. Por eso debemos orar en familia, en comunidad, demostrando nuestra fe y pidiendo con humildad".
La causa de glorificación de José Gregorio Hernández ante el Vaticano fue iniciada en 1949 por el entonces Arzobispo de Caracas. Luego de ser declarado "Siervo de Dios", el Papa Juan Pablo II le otorgó en 1986 el estatus de "Venerable". "Esto es un avance importante -apunta Castro- porque ese decreto es una afirmación solemne de la Iglesia de que José Gregorio Hernández vivió heroicamente las virtudes teologales y cristianas; es decir, la fe, la esperanza, la caridad, la generosidad y la ciudadanía de una manera ejemplar".
Pero ¿por qué ha tardado tanto en llegar la calificación como beato? Según aclara monseñor Castro, las autoridades eclesiásticas deben certificar fehacientemente un milagro médico concedido por Hernández, algo que no ha sido posible. "En 1987 y en 2009 sometimos a consideración de la Santa Sede dos presuntos milagros. Sin embargo, en su momento y después de rigurosas evaluaciones, las comisiones médicas del Vaticano los rechazaron por considerar que las curaciones, por otra parte sorprendentes, podían haberse dado por causas naturales o como consecuencia del tratamiento médico que se aplicó".
El obispo auxiliar de Caracas descarta que la beatificación haya sido obstaculizada por el uso que se le da a la imagen de Hernández en cultos no católicos como la santería o en ritos de magia negra. "No creo que eso haya incidido. No está en nuestras manos controlar lo que se haga con su figura más allá de lo que promovemos, pero la Iglesia católica sigue difundiendo su ejemplo de vida santa como valor para todos los seres humanos. Cuando se propone la canonización de una persona es porque creemos en la santidad de la vida. Proclamar la bondad y entrega cristiana de José Gregorio Hernández es la mejor forma de trabajar por esta causa. Además, al final, milagro tumba brujería".

Se buscan testimonios
"Mi abuela fue curada del cáncer de útero gracias a él"; "mi mamá tenía una bronconeumonía y luego de rezarle sus pulmones quedaron limpios"; "yo no podía tener hijos y él me bendijo con un niño sano". Estos son relatos que se escuchan entre los fieles que acuden a la Iglesia de Candelaria en Caracas a rezarle a José Gregorio Hernández. Sin embargo, muchas de estas historias no han pasado de ser una anécdota íntima.
"Lo que no se escribe, no se sabe", alerta monseñor Fernando Castro. Por eso insiste en que en este momento es primordial que los fieles vayan más allá de los comentarios entre allegados y dejen registro en papel de los favores que, dicen, les han sido concedidos.
"Miles de personas sienten que Dios ha intervenido en sus vidas a través del doctor José Gregorio. Sin embargo, no mucha gente ha dejado por escrito el testimonio de ese favor y eso es un gran error. Hay que escribirlo, hay que entregarlo al párroco de la iglesia más cercana o hacerlo llegar a la vice postulación. Hay que dejar constancia de lo que ha pasado, porque de allí es de donde puede salir la confirmación del milagro que estamos esperando. De esos testimonios que se dejen por escrito, un porcentaje deberá ser evaluado, documentado, conocer si hubo tratamiento médico, de manera de confirmar si opera o no el concepto de milagro y elevarlo a los miembros".
Durante 2013, la oficina que maneja la causa de beatificación en Caracas recibió 234 testimonios llegados de todo el país e incluso de otras naciones como Tailandia, Filipinas, Colombia o Alemania, donde también veneran a Hernández.
"Esto es un récord. Este fenómeno de piedad popular es un asunto de Dios, una demostración de que él obra a través de José Gregorio para promover la fe en Jesucristo, la vida santa, la piedad, la caridad cristiana y el amor al prójimo. Por eso somos optimistas. Nosotros estamos trabajando con intensidad cada día evaluando cada caso como si este proceso fuera a acabar este año. Pero sabemos claramente que eso no está en manos de uno".

Ocurra o no ocurra la beatificación, monseñor Fernando Castro cree tan o más importante lograr que los venezolanos emulen el ejemplo de vida y valores que dejó este médico. "José Gregorio Hernández fue un servidor de la patria, un emblema de rectitud, caridad y ciudadanía de los hombres y mujeres de a pie. Un hombre de estudio y trabajo, de honestidad, de servicio, de alegría. Este mensaje es valiosísimo, porque contrasta con el estilo pragmático, ideológico y utilitario que impera en la vida de mucha gente".
Como fiel devota, Carmen Rodríguez confía en que las autoridades eclesiásticas confirmen lo que para ella es una verdad tan grande como la fe con la que reza. "Digan lo que digan, para mí ya él es un santo. Cuando uno está ante su tumba no provoca irse. Uno encuentra tanta paz, tanto sosiego, que sólo puede dar gracias y seguir orando. Yo sé que Dios lo tiene cerquita de él para que siga haciendo milagros".
*Si usted desea presentar testimonio sobre un milagro realizado por José Gregorio Hernández, puede escribir una carta detallando su caso al email: causajosegregoriohernandez@gmail.com
*Las imágenes y estatuillas de José Gregorio Hernández fotografiadas para este trabajo son del artista Numba Miranda y pertenecen a la colección personal de Víctor Hugo Irazábal.
efcastillo@eluniversal.com
GABO, REVOLUCIÓN EN VENEZUELA, RELATO DE UN NÁUFRAGO Y PERIODISMO
A lo largo del diálogo que sostuvo con el náufrago, el reportero aclaró que no había existido tormenta alguna, que los ocho hombres cayeron al mar porque la nave de guerra llevaba carga de contrabando que, a causa de un bandazo motivado por el viento en mar gruesa, se soltó arrastrando a los marineros. El relato de aventuras se convirtió inmediatamente en denuncia política. Se levantó en el país un gran alboroto que le costó la gloria y la carrera al náufrago y el exilio del reportero.
Relato de un náufrago que estuvo diez días a la deriva en una balsa sin comer ni beber, que fue proclamado héroe de la patria, besado por las reinas de la belleza y hecho rico por la publicidad, y luego aborrecido por el gobierno y olvidado para siempre, fue otro de los excelentes reportajes llevados al libro (1970) luego de publicado por entregas en El Espectador de Bogotá en 1955.
Forma parte de la obra del periodista que compartió tiempo y labores con los venezolanos. Provisto de innato y muy excepcional talento para hacer de la noticia una historia completa atractiva a todos, García Márquez se radicó en Caracas en 1957. Alternará con los periodistas venezolanos a quienes les tocó -como a él- vivir los días finales de la dictadura perezjimenista. Los registra en la serie de crónicas en las que jamás se le extravía el detalle del proceso hacia el advenimiento de la era democrática, en 1958. Además de los escritos para las revistas Bohemia y Momento dirigida por Carlos Ramírez McGregor, complementará la tarea que se propuso su conterráneo José Umaña Bernal, de paso por Venezuela, quien logra publicar en las prensas de la Tipografía Vargas en manos del editor Juan de Gurruceaga, Testimonio de la Revolución Venezolana, compendio en 276 páginas de aquel episodio político fundamental del siglo XX venezolano.
El prestigioso periodista y analista político falconiano Manuel Felipe Sierra, apunta en nota referida a la presencia de García Márquez en Caracas: “Desde la redacción de la revista Momento, Gabo escribió reportajes que disolvían los linderos entre el relato y la crónica periodística. Reacio a la entrevista cuestionario, incorporó las repuestas de los entrevistados en el clima de amenos textos literarios. En Cuando era feliz e indocumentado, un libro publicado al ganar el Premio “Rómulo Gallegos” en 1972, se encuentran los materiales de su experiencia caraqueña.
En Caracas también en una Semana Santa, escribió el que considera su mejor cuento, “La siesta del martes”, que pasó por debajo de la mesa en el concurso de cuentos de “El Nacional”; y fue en la madrugada del 23 de enero de 1958, en un Palacio de Miraflores cruzado por las interrogantes y un clima de suspenso cinematográfico, cuando sintió la necesidad de echarle mano a la novela del dictador. Ese día comenzó a escribir “El otoño del patriarca”, la novela que según confiesa es su creación técnicamente más acabada.
Plinio Apuleyo Mendoza, su amigo bogotano y quien lo convenció en París para venir a Caracas y hacerse reportero, escribió el libro “Aquellos tiempos con el Gabo”. En él cuenta la aventura garciamarquiana en la prensa venezolana; los agitados días de la transición hacia la democracia en 1958; los proyectos literarios que se deslizaban sobre la mesa de “El Rincón de Baviera” de San Bernardino; el aperitivo en el “Gran Café” de Sabana Grande y el día, que tras un breve viaje a Cartagena, regresó con Mercedes Bacha, quien según Martin más allá de la relación matrimonial, ha sido una luz en su carrera”.
De vuelta al Relato de un Náufrago, con impecable técnica literaria y profesional estilo noticioso, García Márquez relata un suceso acaecido a un marinero de la armada colombiana llamado Luis Alejandro Velasco. La historia, reconstruida minuciosamente por el escritor sudamericano en primera persona a partir del testimonio del protagonista, fue tácticamente atribuida a éste en la prensa y sólo legitimada tras el formidable éxito de Cien años de soledad.
El 28 de febrero de 1955, ocho miembros de la tripulación del destructor Caldas cayeron al agua a causa del contrabando que sobrecargaba el buque frente a los bandazos del viento en mar gruesa. Aunque el gobierno del dictador colombiano Rojas Pinilla atribuyó el naufragio a una tormenta en el Caribe, lo cierto es que no hubo tal tormenta y que la negligencia fue la única responsable de la catástrofe. La denuncia supuso la clausura del periódico, la caída en desgracia del marino y el exilio de Gabriel García Márquez en París, donde anuda la amistad con otro gran periodista colombiano que deja estela también en nuestro país: Plinio Apuleyo Mendoza.
El destructor Caldas y su tripulación habían pasado ocho meses en el puerto de Mobile, Alabama, a raíz de las reparaciones que se efectuaban en el buque. Como presume el tópico, el marinero Velasco repartía su ocio entre su nueva novia, Mary Address, y diversos métodos para matar el tiempo con sus compañeros, como las broncas a puñetazos o las salidas al cine. Viendo la película El motín del Caine, los marineros colombianos experimentaron cierta inquietud ante las escenas de una tempestad. Como si de una premonición novelesca se tratara, Velasco albergaba recelos sobre el inminente regreso del destructor a su base en Cartagena.
Lo cierto es que, a unas doscientas millas del puerto, la sobrecarga situada en la cubierta del buque se desprendió a causa del viento y del oleaje y se llevó al agua a ocho marineros. La desgracia quiso que Velasco fuera el único que alcanzara a nado una de las balsas arrojadas por el destructor. Impotente, nada pudo hacer por sus compañeros, que se ahogaron a pocos metros de donde él estaba.
Mientras el buque de guerra proseguía su rumbo sin detenerse (llegó a su base con puntualidad), el náufrago esperó inútilmente que le rescataran con rapidez. En una balsa a la deriva, desprovista de víveres, en compañía de su reloj y tres remos, resistió durante diez días la sed, el hambre, los peligros del mar, el sol abrasador, la desesperación de la soledad, la locura, únicamente con su instinto de supervivencia. Aunque los aviones colombianos y norteamericanos de la Zona del Canal pasaron muy cerca de él, no llegaron a localizarle.
Tras comprender que nadie podría ayudarle, y aun cuando deseó la muerte para dejar de sufrir, sobrevivió contra todo pronóstico a las condiciones adversas. Aunque cazó una gaviota no pudo llegar a comérsela, y los tiburones le arrebataron un pez verde de medio metro que llegó a atrapar y del que sólo probó dos bocados. Tampoco consiguió despedazar sus botas ni su cinturón para aplacar el hambre, ni la lluvia hizo acto de presencia para permitirle beber. Se entretuvo en comprobar, en su reloj, cómo el tiempo transcurría inexorable, y por las noches, en una especie de delirio formado por el recuerdo y el pánico a la soledad, conversaba con el espíritu de su compañero, el marinero Jaime Manjarrés.
El naufragio de Velasco constituyó una estremecedora experiencia de la soledad, tema predilecto en la literatura de Gabriel García Márquez. No es que el náufrago ocupara las largas horas de su infortunio en la reflexión, dada la urgencia de su situación y el delirio al que lo sometió. Sin embargo, sí fueron horas dedicadas a la experiencia de sí mismo, a la vivencia de la realidad a partir de los instintos más primitivos y de los sentimientos más humanos.
Tras sobrevivir a una tempestad durante el séptimo día de deriva, Velasco afirma: "Después de la tormenta el mar amanece azul, como en los cuadros". Con el registro eficaz del periodismo, reconstruyendo la odisea del marinero, Gabriel García Márquez se esfuerza precisamente en hacer verosímil una realidad que de tan asombrosa y terrible pudiera parecer imaginaria. Los esfuerzos del escritor colombiano por devolver al mundo de la ficción lo que a priori es poco verosímil fundamentan su estilo.
Si increíble resulta la aventura del náufrago, también lo es su final. Cuando Velasco vio tierra, aún tuvo que alcanzar la playa a nado para no estrellarse contra unos acantilados; tuvo que luchar contra las olas que le devolvían al mar, tuvo que contar su historia a campesinos desconfiados que no conocían la noticia del naufragio, y durante dos días, soportó que le trasladaran en una hamaca como una atracción de feria por territorios agrestes, hasta que por fin le vio un médico y le permitió comer normalmente. Condecorado por el presidente de la República, hizo bastante dinero con la publicidad, se arruinó y acabó trabajando como oficinista en una empresa de autobuses.
Valga el momento para recordar lo que alguna vez expresara este gigante de la literatura mundial que nos honró con su presencia y obra premiada con nuestro Rómulo Gallegos: “El periodismo es el mejor oficio del mundo. Permeó toda su obra a la cual, sin lugar a dudas, contribuyó calzándola y convierte en universal. Y, de aquí en adelante, única y eterna.
Relato de un náufrago que estuvo diez días a la deriva en una balsa sin comer ni beber, que fue proclamado héroe de la patria, besado por las reinas de la belleza y hecho rico por la publicidad, y luego aborrecido por el gobierno y olvidado para siempre, fue otro de los excelentes reportajes llevados al libro (1970) luego de publicado por entregas en El Espectador de Bogotá en 1955.
Forma parte de la obra del periodista que compartió tiempo y labores con los venezolanos. Provisto de innato y muy excepcional talento para hacer de la noticia una historia completa atractiva a todos, García Márquez se radicó en Caracas en 1957. Alternará con los periodistas venezolanos a quienes les tocó -como a él- vivir los días finales de la dictadura perezjimenista. Los registra en la serie de crónicas en las que jamás se le extravía el detalle del proceso hacia el advenimiento de la era democrática, en 1958. Además de los escritos para las revistas Bohemia y Momento dirigida por Carlos Ramírez McGregor, complementará la tarea que se propuso su conterráneo José Umaña Bernal, de paso por Venezuela, quien logra publicar en las prensas de la Tipografía Vargas en manos del editor Juan de Gurruceaga, Testimonio de la Revolución Venezolana, compendio en 276 páginas de aquel episodio político fundamental del siglo XX venezolano.
El prestigioso periodista y analista político falconiano Manuel Felipe Sierra, apunta en nota referida a la presencia de García Márquez en Caracas: “Desde la redacción de la revista Momento, Gabo escribió reportajes que disolvían los linderos entre el relato y la crónica periodística. Reacio a la entrevista cuestionario, incorporó las repuestas de los entrevistados en el clima de amenos textos literarios. En Cuando era feliz e indocumentado, un libro publicado al ganar el Premio “Rómulo Gallegos” en 1972, se encuentran los materiales de su experiencia caraqueña.
En Caracas también en una Semana Santa, escribió el que considera su mejor cuento, “La siesta del martes”, que pasó por debajo de la mesa en el concurso de cuentos de “El Nacional”; y fue en la madrugada del 23 de enero de 1958, en un Palacio de Miraflores cruzado por las interrogantes y un clima de suspenso cinematográfico, cuando sintió la necesidad de echarle mano a la novela del dictador. Ese día comenzó a escribir “El otoño del patriarca”, la novela que según confiesa es su creación técnicamente más acabada.
Plinio Apuleyo Mendoza, su amigo bogotano y quien lo convenció en París para venir a Caracas y hacerse reportero, escribió el libro “Aquellos tiempos con el Gabo”. En él cuenta la aventura garciamarquiana en la prensa venezolana; los agitados días de la transición hacia la democracia en 1958; los proyectos literarios que se deslizaban sobre la mesa de “El Rincón de Baviera” de San Bernardino; el aperitivo en el “Gran Café” de Sabana Grande y el día, que tras un breve viaje a Cartagena, regresó con Mercedes Bacha, quien según Martin más allá de la relación matrimonial, ha sido una luz en su carrera”.
De vuelta al Relato de un Náufrago, con impecable técnica literaria y profesional estilo noticioso, García Márquez relata un suceso acaecido a un marinero de la armada colombiana llamado Luis Alejandro Velasco. La historia, reconstruida minuciosamente por el escritor sudamericano en primera persona a partir del testimonio del protagonista, fue tácticamente atribuida a éste en la prensa y sólo legitimada tras el formidable éxito de Cien años de soledad.
El 28 de febrero de 1955, ocho miembros de la tripulación del destructor Caldas cayeron al agua a causa del contrabando que sobrecargaba el buque frente a los bandazos del viento en mar gruesa. Aunque el gobierno del dictador colombiano Rojas Pinilla atribuyó el naufragio a una tormenta en el Caribe, lo cierto es que no hubo tal tormenta y que la negligencia fue la única responsable de la catástrofe. La denuncia supuso la clausura del periódico, la caída en desgracia del marino y el exilio de Gabriel García Márquez en París, donde anuda la amistad con otro gran periodista colombiano que deja estela también en nuestro país: Plinio Apuleyo Mendoza.
El destructor Caldas y su tripulación habían pasado ocho meses en el puerto de Mobile, Alabama, a raíz de las reparaciones que se efectuaban en el buque. Como presume el tópico, el marinero Velasco repartía su ocio entre su nueva novia, Mary Address, y diversos métodos para matar el tiempo con sus compañeros, como las broncas a puñetazos o las salidas al cine. Viendo la película El motín del Caine, los marineros colombianos experimentaron cierta inquietud ante las escenas de una tempestad. Como si de una premonición novelesca se tratara, Velasco albergaba recelos sobre el inminente regreso del destructor a su base en Cartagena.
Lo cierto es que, a unas doscientas millas del puerto, la sobrecarga situada en la cubierta del buque se desprendió a causa del viento y del oleaje y se llevó al agua a ocho marineros. La desgracia quiso que Velasco fuera el único que alcanzara a nado una de las balsas arrojadas por el destructor. Impotente, nada pudo hacer por sus compañeros, que se ahogaron a pocos metros de donde él estaba.
Mientras el buque de guerra proseguía su rumbo sin detenerse (llegó a su base con puntualidad), el náufrago esperó inútilmente que le rescataran con rapidez. En una balsa a la deriva, desprovista de víveres, en compañía de su reloj y tres remos, resistió durante diez días la sed, el hambre, los peligros del mar, el sol abrasador, la desesperación de la soledad, la locura, únicamente con su instinto de supervivencia. Aunque los aviones colombianos y norteamericanos de la Zona del Canal pasaron muy cerca de él, no llegaron a localizarle.
Tras comprender que nadie podría ayudarle, y aun cuando deseó la muerte para dejar de sufrir, sobrevivió contra todo pronóstico a las condiciones adversas. Aunque cazó una gaviota no pudo llegar a comérsela, y los tiburones le arrebataron un pez verde de medio metro que llegó a atrapar y del que sólo probó dos bocados. Tampoco consiguió despedazar sus botas ni su cinturón para aplacar el hambre, ni la lluvia hizo acto de presencia para permitirle beber. Se entretuvo en comprobar, en su reloj, cómo el tiempo transcurría inexorable, y por las noches, en una especie de delirio formado por el recuerdo y el pánico a la soledad, conversaba con el espíritu de su compañero, el marinero Jaime Manjarrés.
El naufragio de Velasco constituyó una estremecedora experiencia de la soledad, tema predilecto en la literatura de Gabriel García Márquez. No es que el náufrago ocupara las largas horas de su infortunio en la reflexión, dada la urgencia de su situación y el delirio al que lo sometió. Sin embargo, sí fueron horas dedicadas a la experiencia de sí mismo, a la vivencia de la realidad a partir de los instintos más primitivos y de los sentimientos más humanos.
Tras sobrevivir a una tempestad durante el séptimo día de deriva, Velasco afirma: "Después de la tormenta el mar amanece azul, como en los cuadros". Con el registro eficaz del periodismo, reconstruyendo la odisea del marinero, Gabriel García Márquez se esfuerza precisamente en hacer verosímil una realidad que de tan asombrosa y terrible pudiera parecer imaginaria. Los esfuerzos del escritor colombiano por devolver al mundo de la ficción lo que a priori es poco verosímil fundamentan su estilo.
Si increíble resulta la aventura del náufrago, también lo es su final. Cuando Velasco vio tierra, aún tuvo que alcanzar la playa a nado para no estrellarse contra unos acantilados; tuvo que luchar contra las olas que le devolvían al mar, tuvo que contar su historia a campesinos desconfiados que no conocían la noticia del naufragio, y durante dos días, soportó que le trasladaran en una hamaca como una atracción de feria por territorios agrestes, hasta que por fin le vio un médico y le permitió comer normalmente. Condecorado por el presidente de la República, hizo bastante dinero con la publicidad, se arruinó y acabó trabajando como oficinista en una empresa de autobuses.
Valga el momento para recordar lo que alguna vez expresara este gigante de la literatura mundial que nos honró con su presencia y obra premiada con nuestro Rómulo Gallegos: “El periodismo es el mejor oficio del mundo. Permeó toda su obra a la cual, sin lugar a dudas, contribuyó calzándola y convierte en universal. Y, de aquí en adelante, única y eterna.
Y LOS VW, VUELVEN A DOMINAR EL MUSEO DEL TRANSPORTE UN DOMINGO MAS
El domingo 13 de abril, el Museo atendió a coleccionistas de autos VW que celebraba el tercer aniversario de apreciada concurrencia regular programada un domingo cada mes, así como recibió a los asistentes a la feria de antigüedades y objetos curiosos. El público disfrutó de las colecciones y muestras permanentes de la FMT así como de los espacios abiertos del Museo.
Fotos cortesía Edgardo Gonzalez
Fotos cortesía Edgardo Gonzalez
Los 50 años del Ford Mustang
Ford celebra esta semana y por todo lo alto con eventos en Norteamérica y el resto del mundo, el 50º aniversario de la aparición de uno de los automóviles más significativos de la marca y el sector, el deportivo Mustang. La fecha oficial del nacimiento del Mustang es el 17 de abril de 1964 cuando el vehículo fue presentado al público en la “Expo de Nueva York”, y por ello el fabricante estadounidense colocará los días 16 y 17 en el observatorio del Empire State Building, el piso 86 del edificio, un Mustang descapotable de última generación. Mustang ha estado presente en la historia del Museo Guillermo José Schael en buena parte porque uno de sus allegados colaboradores, Alfredo van Grieken, formó parte de los fundadores de los primeros clubes que agrupaban a propietarios de esa marca. Ford Motor de Venezuela auspició hace veinte año un gran evento que congregó a no pocos propietarios con sus modelos. Ana vander Berg, entonces funcionaria de la firma, distribuyó los trofeos. Fue una gran fiesta que en menor escala se reprodujo sucesivamente. De nuevo los coleccionistas de Mustang regresaron y nos acompañan varias veces al año para demostrar sus máquinas y modelos ya sean clásicos o de los más recientes. Mustang ha formado parte de la línea de ensamblaje en Venezuela, en forma intermitente pero como respuesta al aprecio por el modelo que tuvo sus altos en la demanda nacional, a lo cual se respondió consecuentemente. Eran otros tiempos. Julián Alfonso Luis es uno de los historiadores del automóvil en Venezuela que mejor ha seguido la pista a la presencia del Ford Mustang en medio siglo como producto emblemático de una de las eras más fascinantes en la historia mundial del automóvil. En las fotografías, diversos momentos y autos de tantos y variados que han desfilado por este Museo del Transporte desde donde se felicita a los propietarios y amantes venezolanos de la marca.
Con éxito se conmemoro el centenario el vuelo de Cecil Peoli cruzando el Ávila
Con menos asistentes a la conferencia programada de cuanto esperábamos, en el Museo del Transporte Guillermo José Schael recordamos este 13 de abril de 2014, 100 años del primer vuelo sobre el Ávila y transporte de correo aéreo en Venezuela.
En la disertación a cargo del ingeniero Alejandro Yrausquin, comentó que el descubrimiento de detalles acerca de los primeros vuelos en nuestro país a cargo de aviadores estadounidenses invitados, se remonta a los días cuando a partir de su interés por los aviones experimentales se paseó por las enriquecedoras contribuciones que en Norteamérica hicieron hombres que, como Frank Boland y Cecil Peoli, llegarían a Venezuela a comienzos de la segunda década del siglo XX, con aeronaves por ellos diseñadas o que tuvieron el honor de pilotar con aportes propios en las fases de desarrollo de las mismas.
Boland estuvo en Caracas y otras ciudades venezolanas como pionero en la introducción del avión en 1912 y el vuelo controlado en nuestro país mientras que Peoli, un par de años después, fue el cuarto invitado a demostrar la tecnología del vuelo controlado. Charles Hoelich y William Knox Martin son los nombres del segundo y tercer piloto que volaron en Venezuela los años 1912 y 1913.
Yrausquin pasó a ofrecer detalles sobre la mayor contribución de Peoli como piloto en Venezuela, país de sus antepasados, tal fue el haber emprendido vuelo desde el hipódromo de El Paraíso, en Caracas, con destino al vecino litoral, lo cual hizo a una altura promedio de cuatro mil pies sobre el nivel del mar. Sobrevoló Catia y siguiendo en paralelo el curso de la línea del ferrocarril La Guaira-Caracas que corría por ladera izquierda del abra de Tacagua, desembocó frente al mar, viró a la derecha y llegó por aire hasta Macuto, desde donde se devolvió para aterrizar en lo que sería el campo de béisbol cercano a la estación del ferrocarril de Maiquetía y el puente entre este poblado y La Guaira, parte hoy en día de la calle Los Baños. Hasta ese lugar llevó consigo cinco sobres con correspondencia dirigida a lugareños.
El vuelo de menos de 15 millas partió faltando 15 para las cinco de la tarde y le tomó 45 minutos hasta tocar tierra frente al mar Caribe en donde lo aguardaba gente interesada en presenciar aquel acontecimiento. Peoli, de 21 años de edad, conoció al presidente Gómez, quien temporaba en Macuto. Le comentó el vuelo sin precedentes en el país.
Al rastrear la presencia de quien en Estados Unidos fue el más joven aviador con licencia de su tiempo, Yrausquin encontró que Peoli permaneció en Caracas un mes, hasta mayo de 1914. Un año más tarde murió durante la demostración de otro avión en las cercanías de Washington pero antes, fue a volar a otros continentes y países debido a la respetabilidad de que era acreedor por sus excepcionales condiciones profesionales e inventiva en la condición de adelantado modelista aeronáutico, como se da a conocer durante aquellos momentos iniciales de la aviación mundial, y en particular de Estados Unidos. Peoli trabajaba y se hizo importante en Nueva York.
Llega al puerto de La Guaira trayendo su avión, invitado por Carlos Montaubán, quien previamente convidó a William Knox Martin a traer un avión para efectuar vuelos en el país. En uno de aquellos, caraqueño Montaubán tuvo el privilegio de convertirse en el primer venezolano en sobrevolar como pasajero en avión sobre nuestro suelo.
Knox no pudo completar el programa predeterminado por lo cual se invitó a Peoli quien vino acompañado del agente de negocios Mr. Thor, gestor también de la visita de Boland.
Yrausquin admite que falta llegar a otros datos para ampliar cuándo debemos conocer de Peoli incluyendo su ascendencia venezolana. Del público asistente, al intervenir, Benjamín Brandwijk expuso que podría suponerse que Peoli sea la deformación que pudo haber sufrido en los registros de inmigración de Estados Unidos, el apellido Paoli, bien arraigado en Venezuela, de origen europeo (corso). Hasta ahora no existen rastros del apellido Peoli en Venezuela.
Durante la conversación se hizo evidente la característica de Venezuela país al cual llegan las tecnologías que han contribuido a acelerar las transformaciones de nuestro mundo. En materia de transportes, a pocos años de los primeros inventos de los alemanes Karl Benz y Daimler, llegó el automóvil; pero mucho tiempo antes, en los años treinta del siglo XIX, vinieron a proponernos proyectos ferroviarios nadie menos que los propios inventores de la locomotora. El avión fue traído una década después de la primera demostración por los hermanos Wright, 50 años antes del primer vuelo espacial tripulado por el ruso Yuri Gagarin (abril de 1961). El macadam, casi mientras ensayan su empleo en Inglaterra. En materia náutica, en 1848 ordenamos la construcción de una muy avanzada embarcación a los astilleros estadounidenses Cramp, primera producción del que sería uno de los más representativos fabricantes continentales de los barcos a lo largo del siglo XX. Nuestra adelantada adopción y adecuada conducción por venezolanos de tantas innovaciones tecnológicas, nos hizo país de vanguardia durante varias décadas envidiado por el resto de Latinoamérica.
La conferencia de Yrausquin dejó entre quienes la siguieron, el convencimiento de que, ante el asombro de quienes en aquel entonces tuvieron noticias del evento, el vuelo de Peoli cien años atrás, reseñado en la gran prensa mundial como “primer cruce en avión de los Andes”, constituyó auténtica proeza la cual vale la pena tener en cuenta y subrayarla como evento histórico nacional también en cuanto respecta al correo aéreo en Venezuela.
Fotografías cortesía de Edgardo González, Ramón Rivero Blanco, Pedro Cuiman, Derbys López Suárez.
En la disertación a cargo del ingeniero Alejandro Yrausquin, comentó que el descubrimiento de detalles acerca de los primeros vuelos en nuestro país a cargo de aviadores estadounidenses invitados, se remonta a los días cuando a partir de su interés por los aviones experimentales se paseó por las enriquecedoras contribuciones que en Norteamérica hicieron hombres que, como Frank Boland y Cecil Peoli, llegarían a Venezuela a comienzos de la segunda década del siglo XX, con aeronaves por ellos diseñadas o que tuvieron el honor de pilotar con aportes propios en las fases de desarrollo de las mismas.
Boland estuvo en Caracas y otras ciudades venezolanas como pionero en la introducción del avión en 1912 y el vuelo controlado en nuestro país mientras que Peoli, un par de años después, fue el cuarto invitado a demostrar la tecnología del vuelo controlado. Charles Hoelich y William Knox Martin son los nombres del segundo y tercer piloto que volaron en Venezuela los años 1912 y 1913.
Yrausquin pasó a ofrecer detalles sobre la mayor contribución de Peoli como piloto en Venezuela, país de sus antepasados, tal fue el haber emprendido vuelo desde el hipódromo de El Paraíso, en Caracas, con destino al vecino litoral, lo cual hizo a una altura promedio de cuatro mil pies sobre el nivel del mar. Sobrevoló Catia y siguiendo en paralelo el curso de la línea del ferrocarril La Guaira-Caracas que corría por ladera izquierda del abra de Tacagua, desembocó frente al mar, viró a la derecha y llegó por aire hasta Macuto, desde donde se devolvió para aterrizar en lo que sería el campo de béisbol cercano a la estación del ferrocarril de Maiquetía y el puente entre este poblado y La Guaira, parte hoy en día de la calle Los Baños. Hasta ese lugar llevó consigo cinco sobres con correspondencia dirigida a lugareños.
El vuelo de menos de 15 millas partió faltando 15 para las cinco de la tarde y le tomó 45 minutos hasta tocar tierra frente al mar Caribe en donde lo aguardaba gente interesada en presenciar aquel acontecimiento. Peoli, de 21 años de edad, conoció al presidente Gómez, quien temporaba en Macuto. Le comentó el vuelo sin precedentes en el país.
Al rastrear la presencia de quien en Estados Unidos fue el más joven aviador con licencia de su tiempo, Yrausquin encontró que Peoli permaneció en Caracas un mes, hasta mayo de 1914. Un año más tarde murió durante la demostración de otro avión en las cercanías de Washington pero antes, fue a volar a otros continentes y países debido a la respetabilidad de que era acreedor por sus excepcionales condiciones profesionales e inventiva en la condición de adelantado modelista aeronáutico, como se da a conocer durante aquellos momentos iniciales de la aviación mundial, y en particular de Estados Unidos. Peoli trabajaba y se hizo importante en Nueva York.
Llega al puerto de La Guaira trayendo su avión, invitado por Carlos Montaubán, quien previamente convidó a William Knox Martin a traer un avión para efectuar vuelos en el país. En uno de aquellos, caraqueño Montaubán tuvo el privilegio de convertirse en el primer venezolano en sobrevolar como pasajero en avión sobre nuestro suelo.
Knox no pudo completar el programa predeterminado por lo cual se invitó a Peoli quien vino acompañado del agente de negocios Mr. Thor, gestor también de la visita de Boland.
Yrausquin admite que falta llegar a otros datos para ampliar cuándo debemos conocer de Peoli incluyendo su ascendencia venezolana. Del público asistente, al intervenir, Benjamín Brandwijk expuso que podría suponerse que Peoli sea la deformación que pudo haber sufrido en los registros de inmigración de Estados Unidos, el apellido Paoli, bien arraigado en Venezuela, de origen europeo (corso). Hasta ahora no existen rastros del apellido Peoli en Venezuela.
Durante la conversación se hizo evidente la característica de Venezuela país al cual llegan las tecnologías que han contribuido a acelerar las transformaciones de nuestro mundo. En materia de transportes, a pocos años de los primeros inventos de los alemanes Karl Benz y Daimler, llegó el automóvil; pero mucho tiempo antes, en los años treinta del siglo XIX, vinieron a proponernos proyectos ferroviarios nadie menos que los propios inventores de la locomotora. El avión fue traído una década después de la primera demostración por los hermanos Wright, 50 años antes del primer vuelo espacial tripulado por el ruso Yuri Gagarin (abril de 1961). El macadam, casi mientras ensayan su empleo en Inglaterra. En materia náutica, en 1848 ordenamos la construcción de una muy avanzada embarcación a los astilleros estadounidenses Cramp, primera producción del que sería uno de los más representativos fabricantes continentales de los barcos a lo largo del siglo XX. Nuestra adelantada adopción y adecuada conducción por venezolanos de tantas innovaciones tecnológicas, nos hizo país de vanguardia durante varias décadas envidiado por el resto de Latinoamérica.
La conferencia de Yrausquin dejó entre quienes la siguieron, el convencimiento de que, ante el asombro de quienes en aquel entonces tuvieron noticias del evento, el vuelo de Peoli cien años atrás, reseñado en la gran prensa mundial como “primer cruce en avión de los Andes”, constituyó auténtica proeza la cual vale la pena tener en cuenta y subrayarla como evento histórico nacional también en cuanto respecta al correo aéreo en Venezuela.
En paralelo a la conferencia de este domingo 13, el Museo atendió a coleccionistas de autos VW que celebraba el tercer aniversario de apreciada concurrencia regular programada un domingo cada mes, así como recibió a los asistentes a la feria de antigüedades y objetos curiosos. El público disfrutó de las colecciones y muestras permanentes de la FMT así como de los espacios abiertos del Museo que permanecerá cerrado el domingo 20 de abril.
La conferencia grabada por Alí Méndez Martínez será reproducida para ofrecerla a los interesados en un CD. El material gráfico sobre Peoli, sus aviones y vuelo en Venezuela, estará disponible como:http://www.aviacioncivil.com.ve/cecil-peoli-el-nino-aviador-que-cruzo-por-primera-vez-volando-el-avila
La conferencia grabada por Alí Méndez Martínez será reproducida para ofrecerla a los interesados en un CD. El material gráfico sobre Peoli, sus aviones y vuelo en Venezuela, estará disponible como:http://www.aviacioncivil.com.ve/cecil-peoli-el-nino-aviador-que-cruzo-por-primera-vez-volando-el-avila
Para descargar la presentación haga click aqui: Presentación Coneferencia Alejandro Yrausquin
Fotografías cortesía de Edgardo González, Ramón Rivero Blanco, Pedro Cuiman, Derbys López Suárez.
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