lunes, 17 de octubre de 2011

Mussolini en Roma con Felipe Larrazábal y otros viajeros del Virgilio




















En la colección de la Fundación Museo del  Transporte, expuesta en una de las salas, figura la maqueta a gran escala del vapor Virgilio, motonave construida en 1926 por Canted Officine de Baia (Brasil) para la Navigazione Generale Italiana.
En 1928, el Virgilio comenzó a realizar la ruta mercante Mediterráneo-Canal de Panamá-Pacífico del Sur. Alcanzaba una velocidad de 17 nudos. Transportaba 640 pasajeros y 200 tripulantes.
En 1937 embarcó en La Guaira al grupo de oficiales y marineros que formó la misión enviada a Italia para traer el par de barcos destinados a reforzar el poder naval hasta entonces existente, el cual era precario.
En reportaje publicado en la web FAV-Club (http://fav-club.com/index.php?option=com_content&view=article&id=318:1938-mision-naval-venezolana-en-italia-la-primera-vez-que-clases-y-marineros-venezolanos-viajaron-a-europa&catid=26:historia&Itemid=25), Ramón Rivero Blanco destaca que “producto de las negociaciones iniciadas en 1934 entre el gobierno de Venezuela y el Reino de Italia, fueron adquiridos dos buques de guerra, catalogados inicialmente como cruceros en algunos documentos oficiales y la prensa nacional”.
Al mando del Capitán de Navío Felipe Larrazábal, “la misión naval venezolana que viajó a Italia en 1938 para recibir y tripular estas dos unidades de guerra, fue la primera ocasión en que clases y marineros venezolanos viajaron a Europa”. Larrazábal estuvo antes para ultimar los detalles de la compra del material destinado a la marina de guerra. Incluía submarinos.
Los navíos adquiridos eran realmente dos siembra/draga-minas pertenecientes a la clase Ostia llamados Milazzo y Dardanelli, diseñados para la Regia Marina italiana por el teniente general del Cuerpo de Ingenieros Navales Francesco Rotundi en 1924 y comisionados al Establecimiento Técnico Triestino en Monfalcone. Rotundi, entre muchos otros diseños de importancia, fue el creador del buque escuela italiano Americo Vespucio - escribe Rivero Blanco.
El Milazzo y el Dardanelli fueron modificados y puestos a punto para Venezuela en los astilleros de Muggiano en La Spezia, y entre las modificaciones importantes que se les realizaron se pueden mencionar la conversión del sistema de calentamiento de las calderas de carbón a petróleo y la eliminación del sistema de siembra y dragado de minas. Típicamente la tripulación consistía de 10 oficiales y 75 clases y marineros.
Inicialmente los cruceros que serían clasificados definitivamente como cañoneros iban a ser denominados General Urdaneta y Orinoco, pero este último fue finalmente designado General Soublette.
En Roma, la misión naval venezolana fue recibida personalmente nada menos que por Benito Mussolini, político que tras acceder al poder en 1922 al cabo de la Marcha sobre Roma, estableció una dictadura fascista de partido único. Después de 1935, optó por una política expansionista que le llevó a la alianza con Hitler la cual tuvo entre otros eventos notables la intervención conjunta en España y formación del Eje Roma-Berlín en 1936 así como la firma del Pacto de Acero en 1939. Mussolini estuvo en el poder hasta 1943. Murió ahorcado.
Durante la Segunda Guerra Mundial, el Orazio como el Virgilio,  fueron utilizados para transporte militar y buque-hospital.
En 1943, el Virgilio requisado por  los alemanes y  un año después hundido por los mismos. Junto con el barco de pasajeros gemelo, Orazio, a partir de 1928 y la década de 1930, transportó numerosos europeos que acogieron a Venezuela como su nueva patria.
Gracias al nieto del Capitán de Navío Felipe Larrazábal, Enrique Cárdenas Larrazábal, la Fundación Museo del Transporte tuvo acceso a la fotografía que ilustra esta nota. Amplía aspectos de lo señalado con lujo de detalles, por Ramón Rivero Blanco. En la misma, Larrazábal aparece a la izquierda (gran estatura, de uniforme) de Mussolini, a su vez acompañado de colaboradores situados a la derecha. A la izquierda del Jefe de la Misión Naval venezolana, otros oficiales (no identificados) quienes viajaron a Italia en el Virgilio desde el puerto de La Guaira.






















Maqueta del vapor mercante italiano Virgilio de la colección del Museo del Transporte Guillermo José Schael.

Ambulancias y camiones para el estado Guárico



Durante la administración del general Eleazar López Contreras, a quien tocó suceder a Juan Vicente Gómez, quien murió en Maracay el 17 de diciembre de 1935, correspondió dar pasos importantes para mejorar el estado de muchas cosas en las cuales la dictadura sumió al país durante más de treinta años.  Había pendientes cuestiones esenciales de orden educativo y sanitarios como políticas como en otros servicios y actividades las cuales debían ser objeto de verdadera atención o coerción a fondo. Efectivamente liderizó tales procesos el gobierno de López Contreras entre diciembre 1935 y mayo de 1941, cuando le sucede el general Isaías Medina Angarita en el jefatura del gobierno. El primer Presidente de Estado designado por López para Guárico fue  el doctor Guillermo Barreto Méndez.
El coleccionista Manuel Antonio Palezuela tuvo el amable gesto de donar en fecha reciente al Museo del Transporte fotografías como las adjuntas. Muestran una de las ambulancias incorporadas a los servicios de salud pública del estado Guárico así como la flota de camiones de estaca alta puesta a disposición de los productores agrícolas de ese mismo Estado, adecuadamente representado por el monumento a San Juan y más derecha, los emblemáticos morros que forman el Parque Arístides Rojas. Fueron vehículos marca Chevrolet modelo 1937 –confirma el experto en automovilismo, Jorge Bello Domínguez, bibliotecario del Museo del Transporte.





viernes, 14 de octubre de 2011

A Mauro Freschi


No tenía sesenta años de vida Mauro Freschi Furlan, el hombre excepcional que se fue para siempre hoy por la mañana, hora de Padua. Se marchó de esta vida confiado en que Dios y la ciencia harían posible superara complicados males que hace nueve meses determinaron la internación médica en procura del milagro que significaría complacerlo: permitirle regresar e reintegrarse al trabajo.
Hasta hace poco, incluso vía internet, colaboró con el Museo del Transporte. Por años fue el voluntario francamente desinteresado que nos dejaba su saber y las formidables habilidades las cuales perdurarán expuestas en diferentes elementos que tocó entre tantos que forman estas colecciones Patrimonio Cultural de Venezuela.
Estaba orgulloso de liderar el encendido del motor de uno de los dos Ford T exhibidos en el Salón del Automóvil al cual, al igual que al campo ferroviario, aviación, modalismo,  y cien más, Mauro, sabio en variadas disciplinas, dispensó atención. De los T, el corpulento y acucioso Mauro localizó la data de 1914 como la del Cadillac Tulip de 1906.
Nos asesoró cómo conservar piezas a escala. Era maestro del modelismo estático. De los mejores del país. En cada exposición tenía casi el derecho a todos los premios. Se hizo famoso por la maravillosa reproducción diminuta de Neil Amstrong de pie sobre la superficie de la Luna, pieza con la cual hizo historia. Queda como monumento a la excelencia de Mauro en el manejo de habilidosas manos, las técnicas y el empleo del arte de alcanzar la perfección.
    Perfección plasmada en cada tarea emprendida bien como operador de complejos sistemas cibernéticos como también de aparatos  mecánicos,... Era especialista en numismática, en manipular el photoshop,… Como pocos llevaba de memoria paso a paso el avance hacia el más allá: cohetería,  satélites, misiones espaciales,...
    Realmente era capaz de convertir en obra de arte cuanto tocaba y, menos sobrevivir al temprano mal que lo aquejó, cristalizar con maestría cada proyecto que le cruzara la mente.
     Tenaz, jamás retrocedía. Hizo de la conversación ilustradora su gancho fuerte para captar la atención a su alrededor. Era fuente inagotable de saber de las cosas más sencillas como de las complejidades. Lo compartía sin egoísmo como buen didacta presto a enseñar.
Admiraba al papá -técnico mecánico de Plachart & Cía- y se desdobló en cuidados a la mamá. A Margarita su mujer. Amó la vida. Sirvió. Dominaba la culinaria, las artes, lo curioso, lo fantástico. Admiraba a la Italia de los ancestros como a la Venezuela que le vió nacer, donde volcó todo desde que el bebé empezó a descubrirla a través de los ventanales del apartamento de los Freschi Furlan en el primer edificio que Luis Roche construyó en Los Caobos alrededor de la Plaza Venezuela.
El Museo del Transporte ha perdido a quien montó la primera página web que tuvimos, guardada ahora en disketes a la espera de resucitarla. Despide hoy al colaborador pero por sobre todo al excelso amigo quien no sólo deja hermosos recuerdos. 

Alfredo Schael


Jueves 13 de octubre 2011











miércoles, 5 de octubre de 2011

Presidentes al hombro


Tres presidentes de la era democrática iniciada con las elecciones de diciembre de 1958, fallecieron en el exterior. Todos militantes de Acción Democrática. Si como está previsto ocurra con Carlos Andrés Pérez, serían tres los expresidentes llevados en hombros a lo largo boulevard El Cafetal. Raúl Leoni y Rómulo Betancourt fueron los primeros.
Particularmente emotiva fue la conducción del doctor Leoni, quien falleció un 5 de julio en Nueva York mientras era tratado de una hemorragia. Eso fue en 1972. En las aceras de la avenida principal de El Cafetal, la gente se agolpó para ver pasar la lenta marcha de sus compañeros de partido que llevaban el ataud en los hombros.
También los restos de Rómulo Betancourt debieron ser traídos a Caracas por estos días hace 30 años pues murió al anochecer del 28 de septiembre de 1981 en un hospital de Nueva York debido al derrame que sufrió al caer al piso en el apartamento donde escribía sus memorias. Como a Leoni, le fueron rendidos los honores según el protocolo de Estado el cual incluye el velatorio en capilla ardiente en el Salón Elíptico del Capitolio, en Caracas.
Estas honras fúnebres estuvieron especialmente concurridas y el pueblo adeco como en general la gente, las acompañó tanto en los actos protocolares al frente de los cuales estuvieron como les correspondía, los presidentes Rafael Caldera, en el caso de Leoni, y Luis Herrera Campins, en las exequias de Betancourt. La urna de Betancourt, envuelta por el pabellón tricolor, colocada sobre un armón, fue halada por cadetes.
En territorio de los Estados Unidos han fallecido seis ex presidentes venezolanos: José M. Vargas (NY 1853), José A. Páez (NY 1873), Cipriano Castro (Pto. Rico 1924), Rómulo Betancourt (NY 1981), Raúl Leoni (NY 1972), Carlos Andrés Pérez (Miami 2010).
En la historia de Venezuela del siglo XX, en septiembre de 1953, el féretro general Medina Angarita fue llevado en hombros por el pueblo desde Country Club hasta el Cementerio del Sur. Jornada jamás vista. Ramón J. Velásquez apunta que el gobierno decretó duelo oficial por ocho días, pero la viuda Irma Felizola de Medina Angarita, se negó a que el cadáver de su esposo fuera velado en el Salón Elíptico del Capitolio Nacional. De su casa en la urbanización Country Club salió el cortejo fúnebre en horas de la mañana, seguido por miles de personas quienes turnándose condujeron la urna en hombros hasta el Cementerio general del Sur a donde llegaron a últimas horas de la tarde.
El historiador Guillermo Morón cita al periodista Guillermo José Schael: “El general Medina fue sepultado después de las tarde. Hora en la cual llegó el féretro al Cementerio del Sur, conducido en hombros del pueblo, aquel luctuoso 16 de septiembre. Desde la hora en la cual salió el cortejo, 10 a.m. hasta casi el anochecer, caía una garúa sobre la ciudad. En el trayecto vimos a mucha gente derramar algunas lágrimas”. Cientos de personas entonaron el himno nacional a la hora de la sepultura –añadió Velásquez en su registro.
El sepelio del asesinado presidente en funciones Coronel Carlos Delgado Chalbaud, en noviembre de 1950, movilizó gente a pie –precisa Román Rojas Cabot. Pero menos que Medina en 1953, Leoni en 1972 y Betancourt en 1981.
El general Eleazar López Contreras murió en sana paz en Caracas al despuntar el año 1973. Sus restos los condujeron al Cementerio del Este, inaugurado cinco años antes en el sector La Guairita, en el Sur-Este de la capital. Allí también reposan Leoni, Betancourt; Luis Herrera Campins quien a los 82 años falleció en Caracas en noviembre de 2007, a quien en el momento de su funeral, cadetes y músicos del Ejército entonaron el Himno Nacional y le rindieron otros honores; Rafael Caldera, expiró a los 93 años la madrugada del 24 de diciembre de 2009. Ahora ingresa Pérez, diez meses después de fallecer en Miami el 25 de diciembre de 2010.
José Gregorio Hernández (Caracas, junio 1919) es otro de nuestros muertos acompañados a pie hasta la última morada por multitud popular y estudiantil. Las reseñas apuntan que fue grandioso el desfile hacia Paraninfo Universitario e indescriptible por desbordante cortejo hacia la Catedral y luego el Cementerio del Sur.
La Equitativa fue en Venezuela la primera agencia funeraria que contó con carrozas fúnebres a motor. Las compró y trajo en 1911 aunque pudo usarlas desde 1913 cuando logró los permisos cuya expedición al parecer no fue sencillo.
El General Pedro José Arvelo fue en 1913 primer muerto llevado en carro fúnebre motorizado al Cementerio General del Sur (abierto en 1876) –refiere el periodista e investigador Javier González en sus apuntes sobre el automóvil en Venezuela.
De acuerdo con los historiadores, fue en enero 15 de 1509, cuando en América se vio el primer funeral con carroza a motor acompañada por una procesión de automóviles. Luego en 1924, apareció en escena la verdadera carroza limusina carente de toda ornamentación.
Rafael Cartay, economista, insigne investigador del CIAL-ULA, ameno escritor, refiere que en Venezuela. José Giraldez, en 1869, introdujo el primer coche fúnebre visto en Caracas. Hacia 1870, las urnas eran llevadas a las iglesias y al cementerio en lujosos coches tirados por caballos, "como en las ciudades más cultas". Los coches eran "muy decentes", y los alquilaba en 1876 la empresa de G. Fulco y Cía (Diario de Avisos, Caracas, 06.11.1876).
Un articulista, con seudónimo "David", criticaba en 1892 el derroche acostumbrado en esos "carruajes de la muerte", forrados de flores por fuera y por dentro: "Indudablemente que la vanidad pone mucho en los entierros de hoy, y la piedad nada" (David, 1892). En verdad, esas agencias crearon un estilo distinto de atención al público, pues los empleados del servicio vestían de uniforme, los coches eran conducidos por un auriga que llevaba una pluma negra en el sombrero.
En las primeras décadas del siglo XX se establecieron en Caracas otras agencias funerarias, entre las cuales una de las más conocidas fue "La Venezolana", en 1929, que ofrecía servicios funerarios para ricos y pobres, con varios presupuestos, aparte de que ofrecía un novedoso servicio con autos de marca Packard (El Eco Social, Caracas, 23.03.1929). Después vinieron otras más completas, como La Equitativa, existente en 1910.
Entonces, los coches fúnebres motorizados aparecieron a la par con la evolución del rito y se convirtieron en parte fundamental de este. Las funerarias adquirieron vehículos tales como Lincoln y Buick, en la década de los 20 y 30 diseñados en especial para cumplir con esta función y otorgar al ceremonial el carácter ritual y de respeto que amerita.
En el Museo del Transporte llama poderosamente la atención de los visitantes una carroza fúnebre Packard 1930 ex La Equitativa color blanco. La cajuela trasera de manufactura está forrada en vidrios biselados enmarcados en maderas talladas. Era especial para llevar al cementerio los restos de infantes y señoritas –explica Jorge Bello Domínguez al hacer la guiatura por el Salón de Automóviles.
 En el período comprendido entre las décadas del 40 y el 50, las firmas adquirieron los carros más característicos, como los Cadillac, construidos específicamente para funcionar en la disposición final del cuerpo. En Caracas hubo no pocos Packard  carrozados por la Superior Coach y también por Henney, ambas empresas estadounidenses, la última fundada Henney Carriage Works por Jacob Henney en 1848, la misma que se conocería como Henney Motor Co. desde el año 1927 hasta su desaparición en 1960. Miller Meteor Wayne Works, también de Ohio, fue otro suplidor de carros fúnebres.
Pero Flxible Co, compañía fundada por un antiguo vendedor de motocicletas Harley Davidson, fue la que suministró buena parte de los carros fúnebres de La Equitativa los cuales fueron al comienzo Packard pero más tarde, predominantemente Cadillac, marca seleccionada también para su flota de limusinas de 1954 en reemplazo de los Packard 1948 de los cuales aún varios conservan coleccionistas privados mientras de las limusinas Cadillac, tal vez queden menos. En los 70, la firma dirigida por Eduardo Lander renovó sus limusinas e incorporó nuevos funerarios Cadillac además de mantener el par de Packard Town Car, modelo hermoso con techo removible en la sección o cabina del chofer.
En los años 60  empezaron a utilizarse camionetas Ford adaptadas aunque prevaleció la tendencia de Cadillac disminuyendo las carrozas florales. Desde Caracas, la Funeraria Vallés, la cual se expandió luego hacia el interior de la República, comenzó a modernizar los servicios funerarios lo cual conllevó agregar nuevas marcas y otros modelos para el traslado de los ataúdes como de los acompañantes.
Los entierros más cotosos incluyeron unidades exclusivas para transportar las coronas de flores las cuales iban expuestas sobre la carroza como parte del cortejo. Algunas funerarias poseían la denominada pajarera, carro mixto donde era posible llevar las flores y albergar el cuerpo dentro del mismo vehículo.
Con la proliferación de las agencias funerarias en diferentes partes del país, nacieron flotas a partir de vehículos usados importados de los Estados Unidos, donde existe un mercado extendido de segunda mano debido a la constante renovación del parque automotriz de la vigorosa industria funeraria de ese país.  


















Packard 1930 funerario. Colección FMT.


Entierro en Caracas siglo XIX.























1972. Salida del entierro del ex presidente Leoni desde la quinta Puedpa.






miércoles, 28 de septiembre de 2011

Ferrys de antes y después


Ocho días de agitada navegación le tomó de niño a quien llegaría a ser ese gran talento maestro de la música nacional, Inocente Carreño, venir de Porlamar a La Guaira. Era 1932, exactamente noviembre. La balandra Flor de María, a tres días de zarpar tuvo necesidad de atracar en Barcelona para  aprovisionarse de agua no obstante lo cual persistió el racionamiento de la alimentación reducida a una magra ración de pescado o de carne salada y una totuma de agua “que de dulce no tenía sino el nombre”. Frente a Cabo Codera, se desató una furiosa tormenta que provocó que el viejo capitán ordenara a su tripulación “arriar de inmediato las velas para así avanzar a palo seco, por temor a que el fuerte viento y las gigantescas olas, sepultaran de un golpe a la diminuta y frágil Flor de María, que subía y bajaba a merced del embravecido mar, como una montaña rusa. Los pasajeros fueron llevados a la bodega “donde unas monjas compañeras de viaje, rosario en mano y rezando en  voz alta, agotaban su extenso repertorio de oraciones”. Al octavo día, amaneciendo, el joven Carreño, su familia y demás pasajeros, pudieron ver las primeras luces visibles del puerto de La Guiara.
Carlos Sthor evoca sus experiencias como viajero entre tierra firme y Margarita en los años sesenta, cuando comenzó a frecuentarla para finalmente radicarse en Playa del Agua donde vive dedicado a escribir, pintar y tomar parte en programas radiales. Eran embarcaciones modestas dedicadas a traslados por mar de pasajeros, pocos automóviles y abastecimientos.
El 22 de febrero de 1959 fue inaugurado el ferry Virgen del Valle el cual inicialmente hizo el servicio de transporte de pasajeros entre el puerto margariteño de La Restinga y Cumaná.
Pero con la adquisición de las embarcaciones tipo ferry El Margariteño y El Angostura, nace la Naviera Nueva Esparta C.A. (Naviesca), empresa fundada por ocho empresarios margariteños integrados por Rafael (Fucho) Tovar, Fucho Bello, Beltrán López, Jesús Piñerúa, Jesús Chollet Pacheco, Francisco Rodríguez, Pedro Rodríguez e Hilario Vicent.
La motivación de quienes se convertirían en armadores era que para impulsar el desarrollo y la economía insular, tenía que haber una comunicación fluida y confiable entre la isla y tierra firme. Allí estuvo el germen de la Naviera Nueva Esparta, la que a partir de 1970 cambió de accionistas y de nombre para ser Consolidada de Ferrys C.A., Conferry.
Son muchas las embarcaciones que han conformado la flota de Naviera Nueva Esparta y Conferry. Son cuatro las generaciones de barcos. El Margariteño, Angostura, Colón, Caroní y Cordillera. La segunda por el Santa Margarita, el María Guevara, el Aldonza Manrique, el Santa Ana, el Santa Margarita II, Luisa Cáceres de Arismendi, Isla de Coche e Isla de Cubagua; el Concepción, Mariño, el Cacica Isabel, el Virgen del Valle, el Petronila Mata, La Goleta y el Doña Juana la tercera ola de barcos y por último nombraríamos el Margarita Express I y II, y para cerrar las maravillas de última generación, los Ferrys Express más avanzados y modernos que navegan en el Caribe: el HSC Carmen Ernestina y el HSC Lilia Concepción.
Para nadie es un secreto que detrás de la trayectoria exitosa de Conferry está la figura de Fucho Tovar, margariteño nacido en Juan Griego el 23 de enero de 1928, por arte de su trabajo y capacidad emprendedora convertido en un icono del empresariado venezolano y con un profundo amor margariteño.
Don Félix M. Aponte recuerda que siendo Tovar presidente del Centro Social Nueva Esparta, en Caracas, se le acercó el Capitán de Altura, Juan Reyes Velásquez, quien le propone promover una compañía de ferrys para Nueva Esparta. Sobre la marcha y tratan de colocar acciones populares para la formación de una empresa naviera, algo en lo que fracasan pero no desmayan por lo cual se acercan a las familias más pudientes de la isla Rojas y Torcatt, incorporados a la creación de la nueva empresa. Desde el año 1959 los éxitos fueron el producto de la planificación y del empuje de Tovar.
Conferry experimentó un servicio entre La Guaira y Margarita. Duró poco. Operó muy sujeto al peíodo de vacaciones y algunos fines de semana “largos”.
La experiencia de lanchas super rápidas tropezó con las criticas justificadas de grupos ecologistas que precisaron el daño a la fauna marina además del peligro de choques entre peces grandes y embarcaciones de alta velocidad.
Existe el Grupo Naviero Rassi, consorcio familiar cuyos orígenes nacen en la década de los años sesenta, cuando Nasib Rassi, hoy fallecido, con visión propia fundó dos pequeñas empresas dedicadas al transporte de carga y pasajeros por vía marítima y fluvial.
Evolucionaron en Naviera Rassi, C. A. (Naviarca), cuya área de influencia se hace sentir en los estados sucre y nueva esparta, y Naviera del Orinoco, c.a. (Navioca), cuyo centro de operación se localiza entre los estados Monagas y Bolívar; constituyéndose ellas en la génesis del consorcio.
A partir de entonces, el Grupo Naviero ha ido expandiendo sus actividades y áreas de influencia; para lo cual, siguiendo la estela de experiencia y servicio se creó una nueva empresa de transporte marítimo de pasajeros y encomienda de nombre Gran Cacique II, C.A., la cual opera entre los estados Sucre, Nueva Esparta y Anzoátegui.
Agosto de 1962 marcó el fin del servicio de ferrys que cruzaban el Lago de Maracaibo. Empresa iniciada por la familia Belloso en la década de 1930, la extinguió el puente inaugurado ha 40 años, primera gran obra de la era democrática que arranca en 1959. Su construcción duró cuatro años al costo de 350 millones de bolívares (100 millones de dólares). Su longitud son 8 kilómetros y medio y está compuesto por partes o tramos de 235 mts de luz y sostenido en su parte más alta por seis pilas.
Ya para finalizar la década de 1930, Santa Bárbara del Zulia, un barrial, ofrecía sobre las aguas turbias del río, la blancura del velamen de las piraguas amarradas a la ribera.  De “…una larga fila, unas tras otras, en una orilla donde no había muelle.  Los pasajeros de aquellas piraguas bajaban por la escarpada ribera recorriendo un sendero que iba de la cornisa hasta las aguas misma del rio y allí, un tabla puesta entre la borda de la embarcación y la orilla permitía pasar a la piragua que se hubiese escogido para el viaje a Maracaibo.  Las piraguas llevaban todas nombres de mujer o de prendas o tributos femeninos.  Sara Elena, Preciosa, Nora, Alicia y como excepción, una de ellas llevaba el nombre de una nación, la Bolivia.  Tenían  todas ellas unos  estrechísimos camarotes que después he vuelto a ver  parecidos en cuanto a estrechez en los “tigritos” de las cárceles  en que he estado prisionero” –escribió Domingo Alberto Rangel en un apunte biográfico a propósito de su salida del ande merideño hacia Maracaibo y Caracas.  Para el viaje a Maracaibo utilizó La Preciosa, porque en aquella piragua se transportaba hasta la capital del Zulia el café enviado al exterior y las telas procedentes de los Estados Unidos. “La Preciosa despego de Santa Bárbara, encendidos sus motores, a las siete de la noche.  No tardo en esperarse  la oscuridad nocturna lo cual borró la visión de las riberas del río donde empezaban a divisarse fincas en proceso de implantación…”.  
Por su parte, el periodista Jorge Bello Domínguez evoca en sus memorias que viajo “a mediados de diciembre de 1951 a Maracaibo por tierra en autobús, Chevrolet. Se hizo interminable el trayecto. Tragué, aspire, bastante polvo de la carretera.  Efectué una “parada técnica” como dicen ahora en Barquisimeto para visitar a la familia: Alicia La Madris, y a su esposo Luis Draspa.
Por cierto, a Luis, lo conocimos y el entablo  amistad con Alicia en  La Guaira- Hotel  “La Mejor”, cuando Draspa fue retenido o capturado por haber sido marinero alemán de un buque mercante al comienzo de la Segunda Guerra Mundial.  Varios de estos vapores fueron puestos a la orden de las autoridades venezolanas tanto en Puerto Cabello como en La Guaira. Poco tiempo después, Alicia y Luis se casaron, y fueronse a vivir a Barquisimeto de donde ella es oriunda.
En una tarjeta, le escribo a mi mama que crucé el Lago de Maracaibo hasta Palmarejo cinco veces en un ferryboat como las llamaban o las llaman a estas embarcaciones.  En uno de estos ferrys, viajé con mi tía, primas y mi primo David Gámez, un grupo de guitarristas colombianos y el Cónsul de Colombia.  No recuerdo que celebrábamos”.
Manuel Pérez Vila da la noticia de que 1826 fue visto el primer barco a vapor navegando entre Maracaibo y el río Zulia. Por supuesto, era de paleta. La navegación a vapor estaba aun en pañales. Hacia apenas 19 años que Fulton había botado al río Hudson, su buque a vapor. El dueño del vapor que operaba sobre aguas del lago de Maracaibo, era Samuel Glover.
Notas del cronista marabino, Fernando Guerrero Matheus, lo trajo desarmado hasta Maracaibo, a bordo de un velero. Lo ensambló y puso a navegar.Lo llamaron Estimbote, popular adaptación fonética de la palabra inglesa steamboat (steam traduce vapor y boat traduce bote).
En diciembre de 1826, el Libertador Simón Bolívar se embarcó y navegó a bordo en una travesía para cruzar el Lago.  El Estimbote se perdió un par de años más tarde frente a La Ceiba, al Sur del lago.
En 1975, para cruzar el Orinoco entre Soledad y Ciudad Bolívar, el servicio era prestado por rústicas chalanas las cuales bordeando la Piedra del Medio, eran esenciales para emprender viaje hacia el Centro o completarlo en dirección al Sur. Así fue hasta que en julio de 1967, el presidente Raúl Leoni inauguró el puente colgante Angostura.
El estado Nueva Esparta depende de los ferrys. La estatización de Conferry prendió alarmas acerca de la garantía de servicio entre tierra firme y el territorio insular al cual contribuye la flota de la empresa fundada hace más de medio siglo por Fucho Tovar. A la gente le preocupa pues aún con las deficiencias del servicio, la gente considera que tal vez el Estado no lo haga mejor. Incluso, tal vez peor.  Para comenzar habrá que resolver la propiedad de las costosas embarcaciones en uso pues muy probable es que la misma sea de armadores no nacionales que algo tendrán que decir ante el cambio de contraparte.
Alfredo Schael



Cacica Isabel. Uno de los viejos ferrys de Conferry



Inocente Carreño

Rafael Fucho Tovar

Ferry "Caracas" en el Lago Maracaibo


Embarcación de Naviarca






domingo, 25 de septiembre de 2011

Caballo, cambió en el mundo pedestre, Joaquín Crespo y el hipismo nacional


Los caballos, jinetes y técnicas ecuestres comenzaron a ingresar en el Nuevo Mundo al iniciarse el siglo XVI.
"En la Isla La Española –refiere José Oviedo y Baños (militar-historiador, Bogotá 1671-Caracas 1738) ni en parte alguna de estas partes (se refiere a la recién descubierta América), no avía caballos é de España se trajeron los primeros, é primeras yeguas"...
"No había res de cuatro pies, ni alimaña de los de acá: pudieron ver en cuantas islas fueron desta vez descubierta" –leemos en la historia de los Reyes Católicos debida al Padre Andrés Bernáldez.
Tenemos pues que los caballos españoles traídos por Colón son los que dieron origen a todas las razas de América. La primera importación al Nuevo Mundo, fue de 30 caballos desembarcados en isla La Española, hoy compartida por los países República Dominicana y Haití.
En el segundo viaje del Almirante Colón, en 1493, llegan desde España a la isla La Española, los primeros ganados que pisaron tierra americana: caballos, asnos, vacas, bueyes y mulares –precisa Julio De Armas en una revisión de la historia de la ganadería en Venezuela.
De La Española se organizó la distribución del ganado hacia el resto de la América, desde la región del Caribe, Centro y Sur América. Allí llegó y de allí salió entre el ganado mayor, el caballo como elemento de guerra y de transporte "que a galope tendido recorrió las costas y traspuso montañas".
En 1498 -tercer viaje de Colón- desembarcaron el mayor número de caballos, yeguas, parejas de asnos y parejas de vacunos, atendiendo las disposiciones reales que impartió la Reina Isabel quien en función del establecimiento de la agricultura distinta a la de los indígenas, ordenó parejas de asnos con que se puedan labrar las dichas Indias –reza en el texto.
El médico y ganadero guariqueño Julio De Armas (1908-1990)menciona que una tormenta tropical arrasó en 1505 con el ganado existente en La Española. Apunta que la nao de Alonso de Núñez trajo al poco tiempo otras parejas de burros a La Española. Desde entonces comenzó la cría y a los diversos tipos de ganado los distribuyen con mayor rapidez.
José Antonio Giacopini Zárraga (Caracas, 1915-2005), en uno de los pocos escritos por tan erudito conversador que figura entre los mejores conocedores en detalles de la historia política, petrolera, equina y de las armas en nuestro país, destaca que el envío de caballos a América estuvo muy controlada pues el retiro de los árabes significó que se llevaran consigo de España mucho ganado caballar.
Además, las guerras de Italia exigían un esfuerzo continuo de remonta el cual representaba la salida de caballos al exterior. Menciona la proliferación de la cría de mulas para fines de carga o de tracción, lo cual restaba vientres y descendencia a la especie caballar. Tales configuraron la situación que hizo de los caballos algo en extremo preciado y costoso en los territorios del Nuevo Mundo, en cuyos ambientes tropicales, sufrieron un proceso de adaptación degenerativa, perdiendo talla y corpulencia, pero ganando en cambio rusticidad y resistencia para vivir y trabajar bajo condiciones adversas de clima y alimentación.
Una vez arraigado en América, el caballo cambió la condición de mundo pedestre. Giacopini afirma que fue en ese mundo de a pie donde los jinetes de la conquista hicieron sentir su superioridad, y para mantenerla se pusieron en vigencia mandamientos reales prohibiendo al indio montar a caballo. De tal modo que éste sólo pudo hacerlo –y convertirse en jinete consumado- en aquellos lugares apartados donde no llegaba la acción de las autoridades de la Colonia y donde además existían caballadas salvajes que le servían como una magnífica remonta natural.

Ganado equino en Venezuela  
En cuanto respecta a Venezuela, la llegada en forma más o menos intensiva comienza con ejemplares llevados en 1527 a Coro aunque bastante antes había comenzado la llegada de algunos equinos destinados a apoyar la fundación de los primeros asientos y establecimientos en el Oriente de nuestro país, desde la fundación de Nueva Cádiz en la isla de Cubagua –anota Giacopini Zárraga- quien agrega los establecimientos de los dominicos en la región de Cumaná, las expediciones posteriores a la misma zona de Gonzalo de Ocampo en 1520, y las actuaciones de Fray Bartolomé De las Casas u Jácome de Castellón en 1522. Hacia occidente, el ganado caballar llega con Juan de Ampíes en la fundación de Santa Ana de Coro en 1527, donde seguirá introduciéndose en gran número y por la misma vía cuando a partir de 1528 se estableció allí el gobierno de los adelantados alemanes conocido como el gobierno de los Beldares.
A lo largo del siglo XVI encontramos la participación del caballo en las expediciones de descubrimiento y penetración del territorio con la consiguiente lucha contra el indio, y en la fundación de los primeros pueblos.
Dicen los cronistas, que ya para esos tiempos en la región de El Tocuyo y otras zonas vecinas de Lara, particularmente hacia Carora, se criaban muy buenos caballos. Aclara Giacopini que el caballo que vino originalmente a Venezuela no llegó sino en contados casos, directo desde España.
Es indudable que los capitanes de la conquista eran excelentes jinetes. Menciona Giacopini a ese personaje de fábula que figura en la historia de Caracas, nada menos que Alonso Andrés de Ledesma, quien para enfrentar al pirata Amías Preston, en 1595, no obstante la avanzadísima edad del personaje, monta a caballo y carga con su lanza sobre los invasores quienes le dan muerte aunque admirados de su valor, por lo que lo entierran con todos los honores.
Concluida la conquista, el periodo de colonización entre lo característico, las primeras fases de la cría de vacunos y caballerías, particularmente en la región de los Llanos, donde ya en 1585 había fundado Sebastián Díaz de Alfaro, en lo que sería hoy Alto Llano de Guárico, la población de San Sebastián de los Reyes, epicentro de la formación de los primeros llaneros de Venezuela.
El llanero aparece en la guerra de Independencia primero al servicio del Rey en los ejércitos de caballería de Boves y Morales, más tarde con Páez a la cabeza de una legión caballerías de jinetes naturales que tuvieron en lo militar un poder determinante tan grande que la suerte de la Independencia se inclinó hacia el lado del cual ellos estuvieron. El general español Pablo Morillo llegó a contar con 2.200 hombres de a caballo.
Lo jinetes determinaron el poder militar que acompaña al Libertador Simón Bolívar –completo jinete- hasta Ecuador y Perú. En 1814, los generales patriotas José Tadeo Monagas, Santiago Mariño y José Laurencio Silva, concentraban en Calabozo 3.200 hombres de caballería. Durante la Guerra Federal - (20 de febrero de 1859-24 de abril de 1863)- uno de los ejércitos dispuso de 3.500 hombres a caballo. A finales del siglo XVIII teníamos en América unos 145 mil caballos.
La guerra de Independencia significó la disminución considerable de ejemplares.
Sin embargo, a lo largo del siglo XIX, además de puntero en la guerra de independencia, el caballo fue  clave en la agricultura al igual que como medio de transporte terrestre por excelencia. 

La mula
Los arreos fueron durante 300 años instrumentos clave del transporte. Un arreo de mulas –caballo con burro- consistía en ocho bestias y el arriero. Este último se ocupaba de cuidar los animales, las cargaba y descargaba, cubriendo cada bulto con lona, para que no sufriera por lluvia en el camino; a las mulas colocaba un bulto a cada lado de su lomo, protegido por una enjalma y se acostumbraba pagar lo mismo por un bulto de 15 kilos, como por el peso máximo posible, que en algunas partes era casi 60 kilos.
A las mulas de silla solían ponerle nombre como a los caballos de carrera –refiere el agente viajero Otto Gerstl. Aun en los años veinte del siglo XX, la mula era como el automóvil propio. Un ejemplar fino con un buen pasillano -o modo de andar con más comodidad en viajes largos-, tenía muy buen precio en el mercado. Las mulas de carga valían cuatro o cinco morocotas -pieza de oro de 20 dólares ó 104 bolívares. Pero, una de silla, llegaba a costar hasta 20 morocotas e incluso más.

Carreras de caballos
Existen registros que dan fe de la presencia de pistas para correr caballos y jinetes profesionales incluso extranjeros, en la región de Guayana. En algún modo tales hechos marcan los orígenes del turf venezolano con las competencias de caballos que tuvieron lugar  en Ciudad Bolívar.
Sin embargo, será en 1881 cuando se iniciaron formalmente las jornadas hípicas en Caracas, por excelencia epicentro de la hípica nacional. Sin negar la posible existencia de otros óvalos privados, oficialmente es el hipódromo de Sarria, primero en la capital de la República, punto de partida de historia plagada de magnos acontecimientos reseñados,  entre otros cronistas, por el periodista José Rafael Ball.
Existen testimonios menos conocidos según los cuales en la zona de Puente Hierro hubo un óvalo donde corrieron equinos.
En tiempos de la presidencia del general Joaquín Crespo, exactamente en 1896, se  incrementó la pasión por el deporte-espectáculo por lo cual hizo concretar el proyecto del primer hipódromo debidamente organizado, el de Sabana Grande, inaugurado el 1 de marzo de ese año, casi dos años después de proclamado Presidente de la República por el Congreso y somtido a la exigencia de contratar un empréstito destinado a solucionar el problema de las obligaciones pendientes con las empresas ferroviarias, uno de los cuestiones heredadas del general Antonio Guzmán Blanco.
Ese hipódromo, estuvo ubicado en el sector Las Delicias, detrás de la iglesia de El Recreo y por debajo de donde levanta el edificio la Policlínica Santiago de León al Norte de la avenida Solano. Dio pie a hablar de hipismo nacional.
Entre los entusiastas de las carreras en Las Delicias de Sabana Grande figuraron el pintor valenciano Arturo Michelena -quien nos deja preciosa estampa donada a la GAN como parte de la colección Otero Silva-, Gustavo J. Sanabria, Charles Röhl, Edgar Ganteaume, Francisco Sucre, John Boulton, Herman Stelling, Carlos Stelling, Alberto Smith,…
Sin embargo, en Las Delicias sólo se corrieron tres temporadas entre 1896 a 1899. El 9 de febrero de 1908 inauguraron el hipódromo de El Paraíso, con triunfo  del caballo Ursus, de Eduardo Montaubán, quien cobró 435 bolívares como premio al ganador.
El primer presidente de este hipódromo fue Gustavo J.  Sanabria. En principio la pista fue de 1.100 metros pero en 1932 fue extendida a  1.450 metros y algunos años después a 1.600 metros. Igualmente hasta el año 32 se estuvo corriendo hacia la derecha. La tribuna principal fue desmontada en Las Delicias para reinstalarla en El Paraíso. Buenos jinetes y preparadores garantizan la calidad del espectáculo.
Desde el óvalo de El Paraíso despegó el 29 de septiembre de 1912 el avión pilotado por Frank Boland, primera demostración en Venezuela del vuelo controlado de una nave más pesada que el aire. El centro del óvalo hípico lo emplearon hasta finales de la década de 1940 como campo de aterrizaje ocasional de aeronaves militares.
En 1959 abrió sus puertas el coso de La Rinconada, hermoso conjunto para cuya edificación nada fue escatimado. Catalogada como obra suntuaria del régimen de Marcos Pérez Jiménez fue concebida muy adecuada a exigencias del pueblo amante de la hípica, espectáculo del cual participaban emocionadas democráticamente personas de todas las condiciones sociales incluso, también como propietarios de caballos, trabajadores organizados para tomar parte con su ejemplar de carreras. Fuente de trabajo innumerable alrededor de la vida hípica incluyendo las apuestas mediante los formularios del juego del 5y6, parte esencial del sueño de beneficiario de la fortuna súbita que palpita en millones de venezolanos.
En Maracay hubo hipódromo. En Valencia y Maracaibo hay carreras cada semana al igual que en La Rinconada alimentadas desde haras en donde con cruces, nacen y crían ejemplares de categoría, algunos campeones o craks no sólo valorados localmente.


Alfredo Schael

Hipódromo de El Paraíso hacia 1900.
Jinete y caballo de carreras pintado por Arturo Michelena, famoso artista amante de la hípica en Caracas.

Vista parcial del hipódromo de Maracay (c1913).
Tres temporadas corrieron en el hipódromo de Sabana Grande donde nació la hípica nacional organizada.

Portada del nuevo libro de Ramón J. Velásquez.



La suerte de miles de venezolanos cada semana supeditada a los datos de las revistas especializadas.


Meta del óvalo de El Paraíso a mediados de 1950.