lunes, 31 de octubre de 2011

La Escuela Náutica Capitán Felipe Baptista y nuestros marinos profesionales en la II Guerra Mundial


Dice Roberto Pérez Lecuna que el 19 de abril de 1939 se fundó en Maracaibo, en la zona de El Milagro, la Escuela Náutica Capitán Felipe Baptista, mediante decreto del Ejecutivo del Estado Zulia, siendo presidente del Estado el doctor Manuel Maldonado y su primer director fue el capitán de la marina inglesa Joseph Benedict Sharkey, quien estuvo al frente de la misma hasta el año 1944.
De los profesores de la época, quienes llegaron a ostentar el grado de capitanes de altura, menciona a Jesús A. Reyes Astorga, Francisco Hevia Gamero, Manuel Boffil P.; el licenciado en matemáticas Sais Kugler y el profesor Fernando Guerrero Matheus en la disciplina de geografía e historia, por cierto consagrado Cronista de Maracaibo durante décadas.
 Posteriormente fueron en la plana de profesores, los oficiales de marina mercante Manuel Palacios, Francisco Elortegui, Avelino González Zulaika, Fernando Maruri y Jesús Mastraitua.
Al abundar en el apunte acerca de este centro de formación, Pérez Lecuna informa que esta escuela fue otro de los núcleos forjadores de oficiales de la marina mercante para las empresas petroleras durante II Guerra Mundial. Permaneció en funcionamiento hasta su reubicación en Macuto en 1946, cuando el gobierno nacional creó la Escuela Náutica de Venezuela la cual con el correr de los años devino en la actual Universidad Marítima del Caribe.
La primera promoción egresó en 1941. Hubo trabajo para todos sus integrantes quienes fueron directo abordo de barcos nacionales en operaciones costaneras. La capacidad del plantel excedía al número de jóvenes interesados en ingresar a la carrera preparatoria de oficiales de cubierta y máquina respectivamente.
El capitán de altura Pedro J. Guzmán Quevedo menciona en su libro La Formación del Oficial de Marina Mercante, los nombres de los graduados en las promociones previas a las egresadas en Macuto a partir de 1946.
De la escuela marabina egresó un total de 82 oficiales de marina mercante, número este bastante alto –comenta el autor en su obra Apuntes para la Historia Militar de Venezuela 1º de enero de 1936-18 de octubre de 1945.
Fue alto si se considera que era una liceo de náutica que preveía enseñanza gratuita ya que los alumnos tenían que costearse de su propio peculio desde los libros hasta sus diversos uniformes y equipos para el ejercicio de la profesión.
“Este esfuerzo en el desarrollo de la profesión no tiene parangón con acciones previas y posteriores”. Y el hecho de que el grueso de los egresados llegaron a culminar los más altos grados de la carrera demuestra la vocación de servicio y la alta calidad de la selección.
Puede que muchos de ellos puedan ser considerados los primeros profesionales formados en una escuela de exigentes niveles académicos sin negar mérito a otros marinos mercantes  que se desarrollaron en ambientes distintos al de la Escuela Náutica Capitán Felipe Baptista.
La creación de esta escuela de marinos mercantes fue esencial para que contásemos con mejores hombres a bordo de los buques que operaban en nuestras costas al mismo tiempo que proveía los individuos que más arriesgarían con su trabajo abordo de los barcos que en el curso de la guerra, serían atacados en aguas venezolanas como del Caribe.
Los sucesos que tuvieron lugar en febrero de 1942 fueron determinantes para constituir un estado de guerra –y zozobra- entre la gente de mar y sus familiares, sobre todo en occidente, donde tuvieron lugar los primeros ataques más feroces de parte de submarinos alemanes.
La producción petrolera retrocedió a consecuencia de aquellos ataques que obligaron a adoptar medidas tales como el emplazamiento de unidades de defensa de grueso calibre capaces de repeler el poder de los submarinos alemanes que no sólo acechaban frente a Venezuela, de donde partían menos banqueros destinados a alimentar las refinerías y centros de recepción de crudo y productos requeridos por las fuerzas enfrentadas al nazismo.
Pérez Lecuna advierte que aunque los barcos de los países neutrales llevaran pintada en gran formato la bandera correspondiente a su país, para los hombres de los submarinos nada significaba convirtiéndolos en objetivos de los torpedos.
A los tanqueros se les artilló y las tripulaciones de los mercantes venezolanos recibieron adiestramiento en el manejo de los cañones y del armamento con que estaban dotados los buques y algunos de ellos –dice Pérez Lecuna- se hicieron buenos artilleros.
Para proteger los tanqueros costaneros, la bahía de Amuay fue habilitada como Sitio de Protección y Anclaje de Barcos, creándose un total de 32 fondeaderos señalados en el plano producido por el departamento de marina de la Shell Caribbean Petroleum. 
La navegación costanera se estableció fuera practicada sólo durante la noche con las luces apagadas y escolta brindada por buques estadounidenses hasta los puertos de destino de los cargamentos.
Como si hubiese sido de pequeña monta el daño en términos humanos, de barcos y cargas asestado en febrero de 1942 a parte de la flota llamada “mosquito”, o sea, la de los barcos de poco calado que salían del lago de Maracaibo con cargamentos de crudo al igual que por la barra de Maturín o río San Juan, rumbo, bien a Curazao o Aruba o al puerto de las Piedras, salida que tenía lugar a la hora de pleamar y en grupos, en marzo de 1942, fueron hundidos en el Caribe nada menos que 35 buques, la mitad de los cuales eran tanqueros aliados de gran calado.
En el campo de aviación de Cachipo, estado Monagas, abierto por la Standard Oil (luego Creole), fue establecido el centro de monitoreo de las señales de radio y control de los desplazamientos en el Caribe.
Las unidades aéreas servían como apoyos al patrullaje marítimo de superficie complementado por el ejercido por aviones de la marina de los Estados Unidos y los escasos recursos de la aviación militar venezolana.
Aeronaves de las petroleras auxiliaron en dos ocasiones a náufragos sobrevivientes de ataques a tanqueros frente a las costas del litoral guaireño y de Barcelona.
Las mejoras que en 1942 planteó la aerolínea Pan American al gobierno del general Medina Angarita hacerle a los aeródromos de Maiquetía y Maturín además de los trabajos adelantados en Barcelona por las petroleras, fueron parte del esfuerzo no sólo para ampliar la capacidad y seguridad al movilizar pasajeros usuarios de la aviación comercial sino además, atender exigencias de los aparatos de la fuerza aérea de los Estados Unidos encargados del patrullaje, con bases bien instaladas tanto en Panamá como en Trinidad.
Como parte de este reportaje aparece una ilustración de las instalaciones de la Esso Standard en Maracaibo a finales de la década de 1940. Y, también, la fotografía del remolcador Standard, uno de los que operaba en el lago de Maracaibo empujando barcos el cual, en febrero de 1942 fue enviado a Aruba para prestar allí servicios temporales.
Sus tripulantes avistaron desde Aruba la madrugada del lunes 16 de febrero, el candelero que desprendía el tanquero Pedernales incendiado por el ataque del submarino alemán en el Golfo de Venezuela, hacia donde salió el Standard en cumplimiento del deber.
Durante la navegación a toda máquina lograron rescatar dos náufragos en medio de la oscuridad lo cual fue motivo de alegría y justificó la iniciativa del capitán Francisco Salazar, entonces con 14 años de servicio en las operaciones lacustres, y de sus colaboradores abordo de la unidad: Bernardo Moreno, Pedro Lozada, Anaxímenes Urdaneta y Luis Felipe Patiño, entre otros que ayudaron a remolcar de popa hacia la bahía lo que quedaba del Pedernales totalmente quemado.
Alfredo Schael
















miércoles, 26 de octubre de 2011

Sobre José Gregorio Hernández


Puntualmente dos meses de nacido cumplía el 29 de junio de 1919, quien sería fundador del Museo del Transporte de Caracas, Guillermo José Schael González (1919-1989), cuando alrededor de las dos de la tarde fallece víctima de un accidente de tránsito, el Siervo de Dios, doctor José Gregorio Hernández, Santo de los venezolanos. Era el 29 de junio hace 92 años.

Caracas era una ciudad apacible, modesta, austera, de gente laboriosa y pacífica y muchos necesitados. Venezuela era pobre; apenas saboreaba los primeros beneficios de la explotación petrolera. 
No eran muchos pero tampoco escasos los automóviles en circulación por las calles estrechas de la capital de la República cuyo epicentro político estaba en Maracay, en donde residía el general Juan Vicente Gómez, jefe de las Fuerzas Armadas, el cargo que se había reservado para ejercer a plenitud el poder de gobernar al país. 
El servicio de tranvías era clave para la movilización intra-urbana. Unos cuarenta carros eléctricos cubrían las rutas convergentes en la Plaza Bolívar. Subían hasta La Pastora por el Norte llegaban a El Paraíso por el Sur-Oeste, a Santa Rosa en el Este y a Caño Amarillo hacia el Oeste.
¿Qué le sucedió al santo del pueblo venezolano, el venerado doctor José Gregorio Hernández aquel infausto domingo 29 de junio de 1919? 
«Salió José Gregorio Hernández de su casa para atender al llamado urgente de una anciana menesterosa, más o menos a las dos de la tarde sin que hubiera destinado el tiempo para la visita a los pobres en su casa, y sin esperar tampoco a nuestro padre puesto que nos habíamos dado cita para el domingo terminar además de arreglarnos el viaje a Curazao. 
Así, que ese domingo adelantó Hernández la hora de salida después de almuerzo porque le fueron a llamar de la casa de una enferma que vivía cerca; fue a verla, la encontró muy pobre y  él mismo salió a buscar a la próxima farmacia el remedio que le había recetado. Salía ya con el producto cuando intentó atravesar la calle en el momento en que un automóvil que subía de la esquina del Guanábano hacia Urapal, le tiró contra un poste de hierro, el cual fue cortado hace poco.
«¡Virgen Santísima!» -exclamó José Gregorio. Y al dar contra el poste, pegó la cabeza contra el filo de la acera y se le fracturó la base del cráneo.
La señorita Angelina Páez, quien habitaba la casa Nº 29 entre las esquinas de Guanábano y Amadores, y se encontraba asomada a la ventana, vio y oyó a José Gregorio cuando éste exclamó: «¡Virgen Santísima!», y, cuando el automóvil lo tiró contra el poste de la acera norte de la Farmacia o Botica de Amadores, habiendo gritado ella:
«¡Lo mató!»
Esto lo refirió la misma señorita Angelina Páez en la casa Nº 57, de Tienda Honda a Puente de la Trinidad, pocos días después del accidente, en presencia de hermanos y sobrinos de José Gregorio, nosotros entre éstos.
El conductor del automóvil 1918, marca Essex, fabricado en norteamérica por la Hudson, refiriéndose al desgraciado suceso, cuenta en el informe rendido al tribunal por el investigador de la causa: 
«El día 29 del mes en curso, como a la dos de la tarde iba yo manejando un automóvil subiendo de la esquina de Guanábano a la de Amadores. Por delante de mi marchaba un carro de los tranvías eléctricos y como viniera en sentido contrario un muchacho manejando una carretilla, le di paso y seguí marchando tras del tranvía, tomando enseguida la izquierda, aplicando la segunda velocidad y empecé a tocar la corneta, por temor de que por el lado de la calle bajara alguno del tranvía; el motorista al llegar a la esquina de Los Amadores y antes de entrar en la boca calle, quitó la corriente y yo entonces pisé el acelerador para darle un poco de velocidad al carro y embragar la tercera. 
«En el momento en que iba a operar este cambio, vi encima del automóvil una persona, que al pretender esquivar el automóvil, y junto con su acción de hacerse hacia atrás, y como caminar algún tiempo pretendiendo guardar el equilibrio, el cual no pudo conseguir, hasta que, al fin cayó de espaldas»
Añade la narración del chofer:
«Yo entonces detuve el auto y volví a ver si se había parado, pero lo ví en el suelo y reconocí al doctor José Gregorio Hernández, y como éramos amigos y tenía empeñada mi gratitud para con él, por servicios profesionales que gratuitamente me había prestado con toda solicitud e interés, me lancé del auto y lo recogía ayudado por una persona desconocida para mi, y le conduje dentro del auto, sentándose a su lado la persona que me ayudó a recogerlo; y entonces, en interés de prestarle los auxilios necesarios, le conduje, tan ligeramente como pude, al Hospital Vargas, y llamé al Policía de guardia en el hospital, explicándole prontamente lo que me pasaba. Entonces acudió un interno y entre todos le condujimos a la cama de los enfermos, y como en estos momentos no se encontraba ningún médico en el Hospital, fui en el mismo automóvil por el doctor Luis Razetti, encontrándole en su casa, le conducimos inmediatamente al Hospital, y al llegar, un sacerdote que venía saliendo nos informó que ya el doctor Hernández había muerto.
«Quien ayudó a recoger al doctor Hernández y se sentó al lado de éste hasta el Hospital Vargas, dice que llevaba consigo un libro de oraciones. En el trayecto al hospital rezó a José Gregorio las preces y la de la recomendación del alma.
El sacerdote que venía saliendo del hospital cuando el chofer llegó con el doctor Razetti e informó que José Gregorio había muerto, es el presbítero Tomás García Pompa, entonces y por muchos años capellán de dicho instituto, quien impuso a José Gregorio los Santos Oleos y le dio la absolución bajo condición».
El gobierno nacional, para impulsar la causa que llevaría a la santificación del Siervo de Dios por parte del Vaticano, haciendo honor al sentimiento del pueblo que considera su Santo a José Gregorio Hernández, ha declarado el 26 de octubre, “Día de Júbilo Nacional”. Son 147 aniversario del natalicio del doctor Hernández en Isnotú, estado Trujillo, en 1864. En la Universidad Central en 1884, obtuvo el título de Médico en 1888. Gracias a una beca viaja a Europa para estudiar en París donde se preparó con profundidad en Microbiología, Histología Normal, Patología, Bacteriología y Fisiología Experimental. De vuelta al país, trae a Caracas equipos para los laboratorios del Hospital Vargas. Eso fue en 1891 iniciandose como docente en la Universidad Central de Venezuela. Dicta las cátedras de Histología Normal y Patología, Fisiología Experimental y Bacteriología. Fue nombrado director del Laboratorio Nacional, haciendo de éste «una copia exacta del de la Escuela de Medicina de la Universidad de París» -recuerda Oscar Yánes quien agrega que el doctor Hernández se dedicó a la docencia, el ejercicio profesional y a la práctica religiosa. Fue profesor desde 1891 hasta 1916. Cuando al volver a Venezuela tras los estudios de medicina en Europa y pasantía por una cartuja, el doctor Hernández tuvo oportunidad de viajar en ferrocarril, no sólo entre La Guaira y Caracas sino también para visitar su tierra natal pues hubo un tren que desde las orillas del Lago de Maracaibo, recorría parte del estado Trujillo.
Los venezolanos veneramos a José Gregorio Hernández por sus virtudes como médico y por su vocación religiosa. Por los milagros que se le adjudican con sobrados motivos. Sabio compatriota, Venerable por resolución del Vaticano. Santo del pueblo de Venezuela.





Exxex como el que atropelló al doctor Hernández en esquina de Urapal, la Pastora.

lunes, 24 de octubre de 2011

Museo del Transporte subsiste con los aportes de los usuarios


El 1 de noviembre será la audiencia preliminar del juicio contra la fundación











El Museo del Transporte continuará cada domingo con la feria de antigüedades hasta el 24 de diciembre ENIO PERDOMO

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DELIA MENESES |  EL UNIVERSAL
domingo 23 de octubre de 2011  12:00 AM
"Es de la gente y funciona para la gente". El lema que usa Alfredo Schael para referirse al Museo del Transporte nunca había estado tan vigente pues ahora este ente se mantiene también gracias a la gente.

El público cada vez más numeroso que asiste a la feria de antigüedades que allí se instala cada domingo deja su aporte para el mantenimiento del museo en una alcancía.

"Desde junio hemos sentido la sensibilidad de miles de personas, comunidades organizadas, voluntarios, propietarios de automóviles antiguos y vecinos quienes participan en la actividad dominical y son donantes espontáneos de 2, 5, 20, 50 o 100 bolívares, de acuerdo a sus posibilidades, para que el museo continúe", comenta Schael, presidente de la Fundación Museo del Transporte.

Nuevo aire 

El lugar, que desde febrero hasta junio vivió un cierre técnico por carencias presupuestarias, ahora toma un nuevo aliento. Quienes ofrecen sus objetos en la feria de antigüedades pagan un monto por derecho de uso del cual el museo recibe un porcentaje.

Esto, unido a las donaciones de particulares, una antena de Movilnet y el alquiler que paga el Consorcio Fonbienes, constituyen los ingresos del museo que permiten, a duras penas, pagar un personal mínimo de seis personas que se encarga de gerenciar, limpiar y mantener el patrimonio de uno los sitios más emblemáticos de Caracas. Solo los domingos se contrata a 25 guías para que orienten a los usuarios en sus recorridos por el museo.

La fundación logró, además, reactivar las visitas guiadas de los miércoles donde estudiantes de colegios y liceos se sumergen en la historia del transporte venezolano. También es posible acceder a la biblioteca que contiene la historia rodante de Venezuela con más de mil títulos y que está a cargo de Jorge Bello, un periodista de 80 años. El lugar, que es Patrimonio Cultural de Venezuela, hace poco fue integrado al Sistema Nacional de Museos.

Aunque a la fecha el futuro de la fundación depende de un juicio, cuya audiencia preliminar tendrá lugar el 1 de noviembre, Schael agradece las visitas recientes que el Ministro de Cultura, Pedro Calzadilla y el presidente del Instituto de Patrimonio Cultural han realizado al museo. "Ambos han expresado su deseo de no perjudicar este patrimonio de la ciudad". 

dmeneses@eluniversal.com

lunes, 17 de octubre de 2011

Reconocimientos a personal del Museo

















41 años de actividades completó el Museo del Transporte el 12 de octubre. La Junta Directiva hizo entrega de bien merecidos reconocimientos por años de servicio y dedicación del personal entre quienes figuraron los que aparecen en la fotografía: Jorge Bello (17), Orlando Gil (20), Adolfo Bracamonte (21), Nixon Domínguez (6), Benito Contreras (17), Edelmira Adames (17).

Mussolini en Roma con Felipe Larrazábal y otros viajeros del Virgilio




















En la colección de la Fundación Museo del  Transporte, expuesta en una de las salas, figura la maqueta a gran escala del vapor Virgilio, motonave construida en 1926 por Canted Officine de Baia (Brasil) para la Navigazione Generale Italiana.
En 1928, el Virgilio comenzó a realizar la ruta mercante Mediterráneo-Canal de Panamá-Pacífico del Sur. Alcanzaba una velocidad de 17 nudos. Transportaba 640 pasajeros y 200 tripulantes.
En 1937 embarcó en La Guaira al grupo de oficiales y marineros que formó la misión enviada a Italia para traer el par de barcos destinados a reforzar el poder naval hasta entonces existente, el cual era precario.
En reportaje publicado en la web FAV-Club (http://fav-club.com/index.php?option=com_content&view=article&id=318:1938-mision-naval-venezolana-en-italia-la-primera-vez-que-clases-y-marineros-venezolanos-viajaron-a-europa&catid=26:historia&Itemid=25), Ramón Rivero Blanco destaca que “producto de las negociaciones iniciadas en 1934 entre el gobierno de Venezuela y el Reino de Italia, fueron adquiridos dos buques de guerra, catalogados inicialmente como cruceros en algunos documentos oficiales y la prensa nacional”.
Al mando del Capitán de Navío Felipe Larrazábal, “la misión naval venezolana que viajó a Italia en 1938 para recibir y tripular estas dos unidades de guerra, fue la primera ocasión en que clases y marineros venezolanos viajaron a Europa”. Larrazábal estuvo antes para ultimar los detalles de la compra del material destinado a la marina de guerra. Incluía submarinos.
Los navíos adquiridos eran realmente dos siembra/draga-minas pertenecientes a la clase Ostia llamados Milazzo y Dardanelli, diseñados para la Regia Marina italiana por el teniente general del Cuerpo de Ingenieros Navales Francesco Rotundi en 1924 y comisionados al Establecimiento Técnico Triestino en Monfalcone. Rotundi, entre muchos otros diseños de importancia, fue el creador del buque escuela italiano Americo Vespucio - escribe Rivero Blanco.
El Milazzo y el Dardanelli fueron modificados y puestos a punto para Venezuela en los astilleros de Muggiano en La Spezia, y entre las modificaciones importantes que se les realizaron se pueden mencionar la conversión del sistema de calentamiento de las calderas de carbón a petróleo y la eliminación del sistema de siembra y dragado de minas. Típicamente la tripulación consistía de 10 oficiales y 75 clases y marineros.
Inicialmente los cruceros que serían clasificados definitivamente como cañoneros iban a ser denominados General Urdaneta y Orinoco, pero este último fue finalmente designado General Soublette.
En Roma, la misión naval venezolana fue recibida personalmente nada menos que por Benito Mussolini, político que tras acceder al poder en 1922 al cabo de la Marcha sobre Roma, estableció una dictadura fascista de partido único. Después de 1935, optó por una política expansionista que le llevó a la alianza con Hitler la cual tuvo entre otros eventos notables la intervención conjunta en España y formación del Eje Roma-Berlín en 1936 así como la firma del Pacto de Acero en 1939. Mussolini estuvo en el poder hasta 1943. Murió ahorcado.
Durante la Segunda Guerra Mundial, el Orazio como el Virgilio,  fueron utilizados para transporte militar y buque-hospital.
En 1943, el Virgilio requisado por  los alemanes y  un año después hundido por los mismos. Junto con el barco de pasajeros gemelo, Orazio, a partir de 1928 y la década de 1930, transportó numerosos europeos que acogieron a Venezuela como su nueva patria.
Gracias al nieto del Capitán de Navío Felipe Larrazábal, Enrique Cárdenas Larrazábal, la Fundación Museo del Transporte tuvo acceso a la fotografía que ilustra esta nota. Amplía aspectos de lo señalado con lujo de detalles, por Ramón Rivero Blanco. En la misma, Larrazábal aparece a la izquierda (gran estatura, de uniforme) de Mussolini, a su vez acompañado de colaboradores situados a la derecha. A la izquierda del Jefe de la Misión Naval venezolana, otros oficiales (no identificados) quienes viajaron a Italia en el Virgilio desde el puerto de La Guaira.






















Maqueta del vapor mercante italiano Virgilio de la colección del Museo del Transporte Guillermo José Schael.

Ambulancias y camiones para el estado Guárico



Durante la administración del general Eleazar López Contreras, a quien tocó suceder a Juan Vicente Gómez, quien murió en Maracay el 17 de diciembre de 1935, correspondió dar pasos importantes para mejorar el estado de muchas cosas en las cuales la dictadura sumió al país durante más de treinta años.  Había pendientes cuestiones esenciales de orden educativo y sanitarios como políticas como en otros servicios y actividades las cuales debían ser objeto de verdadera atención o coerción a fondo. Efectivamente liderizó tales procesos el gobierno de López Contreras entre diciembre 1935 y mayo de 1941, cuando le sucede el general Isaías Medina Angarita en el jefatura del gobierno. El primer Presidente de Estado designado por López para Guárico fue  el doctor Guillermo Barreto Méndez.
El coleccionista Manuel Antonio Palezuela tuvo el amable gesto de donar en fecha reciente al Museo del Transporte fotografías como las adjuntas. Muestran una de las ambulancias incorporadas a los servicios de salud pública del estado Guárico así como la flota de camiones de estaca alta puesta a disposición de los productores agrícolas de ese mismo Estado, adecuadamente representado por el monumento a San Juan y más derecha, los emblemáticos morros que forman el Parque Arístides Rojas. Fueron vehículos marca Chevrolet modelo 1937 –confirma el experto en automovilismo, Jorge Bello Domínguez, bibliotecario del Museo del Transporte.





viernes, 14 de octubre de 2011

A Mauro Freschi


No tenía sesenta años de vida Mauro Freschi Furlan, el hombre excepcional que se fue para siempre hoy por la mañana, hora de Padua. Se marchó de esta vida confiado en que Dios y la ciencia harían posible superara complicados males que hace nueve meses determinaron la internación médica en procura del milagro que significaría complacerlo: permitirle regresar e reintegrarse al trabajo.
Hasta hace poco, incluso vía internet, colaboró con el Museo del Transporte. Por años fue el voluntario francamente desinteresado que nos dejaba su saber y las formidables habilidades las cuales perdurarán expuestas en diferentes elementos que tocó entre tantos que forman estas colecciones Patrimonio Cultural de Venezuela.
Estaba orgulloso de liderar el encendido del motor de uno de los dos Ford T exhibidos en el Salón del Automóvil al cual, al igual que al campo ferroviario, aviación, modalismo,  y cien más, Mauro, sabio en variadas disciplinas, dispensó atención. De los T, el corpulento y acucioso Mauro localizó la data de 1914 como la del Cadillac Tulip de 1906.
Nos asesoró cómo conservar piezas a escala. Era maestro del modelismo estático. De los mejores del país. En cada exposición tenía casi el derecho a todos los premios. Se hizo famoso por la maravillosa reproducción diminuta de Neil Amstrong de pie sobre la superficie de la Luna, pieza con la cual hizo historia. Queda como monumento a la excelencia de Mauro en el manejo de habilidosas manos, las técnicas y el empleo del arte de alcanzar la perfección.
    Perfección plasmada en cada tarea emprendida bien como operador de complejos sistemas cibernéticos como también de aparatos  mecánicos,... Era especialista en numismática, en manipular el photoshop,… Como pocos llevaba de memoria paso a paso el avance hacia el más allá: cohetería,  satélites, misiones espaciales,...
    Realmente era capaz de convertir en obra de arte cuanto tocaba y, menos sobrevivir al temprano mal que lo aquejó, cristalizar con maestría cada proyecto que le cruzara la mente.
     Tenaz, jamás retrocedía. Hizo de la conversación ilustradora su gancho fuerte para captar la atención a su alrededor. Era fuente inagotable de saber de las cosas más sencillas como de las complejidades. Lo compartía sin egoísmo como buen didacta presto a enseñar.
Admiraba al papá -técnico mecánico de Plachart & Cía- y se desdobló en cuidados a la mamá. A Margarita su mujer. Amó la vida. Sirvió. Dominaba la culinaria, las artes, lo curioso, lo fantástico. Admiraba a la Italia de los ancestros como a la Venezuela que le vió nacer, donde volcó todo desde que el bebé empezó a descubrirla a través de los ventanales del apartamento de los Freschi Furlan en el primer edificio que Luis Roche construyó en Los Caobos alrededor de la Plaza Venezuela.
El Museo del Transporte ha perdido a quien montó la primera página web que tuvimos, guardada ahora en disketes a la espera de resucitarla. Despide hoy al colaborador pero por sobre todo al excelso amigo quien no sólo deja hermosos recuerdos. 

Alfredo Schael


Jueves 13 de octubre 2011